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Bárcenas y Cecilio G: un reflejo del espíritu de la transición

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En una época donde los mandobles políticos están a la orden del día, aunque con mucha menos clase e inteligencia que en tiempos pasados, cualquier gesto de conciliación entre las dos Españas es de agradecer. Por ello cobra relevancia la amistad y el buen rollo que se profesan el cantante Willy Bárcenas y el trapero Cecilio G en unas conversaciones emitidas por Vodafone.

Uno es hijo de Luis Bárcenas y ha nacido y crecido en la opulencia, a cuerpo de rey, mejor que un marajá. Este príncipe de Bel Air del Barrio Salamanca ha vivido en Estados Unidos y se ha permitido todo tipo de lujos. Es el líder del grupo indie ‘Taburete’:

Perdí la fama en un cabaret

Se han olvidado a qué huele la luna

Y en las cantinas, cómo bailan, cómo cantan

Se han olvidado a qué huela la luna

Este es uno de los estribillos más conocidos del grupo, perteneciente a la canción ‘Sirenas’.

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El otro se hizo llamar durante un tiempo ‘El Rey de Bogatell’, un barrio de Barcelona, pero ha nacido en una familia humilde a la que quisieron desahuciar. Su padre ha fallecido, ha tenido problemas con las drogas y ha pasado unos meses en prisión. Ha confesado que padece problemas psiquiátricos y tiene varios mixtapes a sus espaldas:

Sé que he cometido algunos pecados

No sé si algún día me perdonaré

Mi alma nunca viste de blanco

Te he escrito con sangre en el baño

Canta así en ‘From darkness with love’, uno de sus trabajos más reconocidos. Podría ahondar más en la vida de Cecilio G, al que empecé a seguir hace cinco años, pero no estamos aquí para eso. De la misma forma que al periodista Javier Cercas dejó impresionado el instante del 23-F en el que Suárez, Carrillo y Gutiérrez-Mellado plantaron cara a los golpistas, a este millenial que escribe le parece que, en los tiempos que corren, la imagen de Willy Bárcenas parlamentando con Cecilio G es digna de reflexión.

Son dos personas de orígenes muy diferentes, con gustos, a priori, distintos, y con formas de ver la vida, a priori, enfrentadas. Pero una vez más, la realidad vuelve a demostrar que las etiquetas no valen absolutamente para nada. Que las personas son lo que son, y no se las puede categorizar como si fueran fichas de archivador.

Y es que resulta que, estos dos músicos, con todas sus diferencias banales, son capaces de reconocerse el uno en el otro, son capaces de quererse y de profesarse admiración. Es más, hasta descubren que tienen una bandera común: la forma de pensar antisistema. Ambos se definen contrarios al sistema y confiesan en esa conversación que de no dedicarse a la música serían delincuentes.

Creo fervientemente que las etiquetas no valen nada y que es un error encasillar a las personas. De la misma forma que Cecilio G y Willy Bárcenas, el otro día Alaska reivindicaba en el Chester de Risto Mejide su amistad con Federico Jiménez Losantos más allá de sus convicciones políticas y su forma de defenderlas. Alaska, como estos dos jóvenes cantantes, es una persona sin complejos que demuestra gran sabiduría entablando relación con gente de lo más variopinta.

Es una riqueza tener amigos de todos los gustos, razas e ideologías. A quienes sus prejuicios ciegan y obligan a relacionarse siempre con el mismo tipo de personas están vedados al gran disfrute que supone hacer el gamberro un día y trabajar duro al siguiente, departir sobre Nietzsche y disfrutar de un partido de fútbol o devorar con fruición unas Cheeseburguers del McDonald y un menú ‘estrella Michelín’.

Por la misma razón, los políticos deberían ser ‘animales políticos’, en el sentido aristoteliano de la palabra y recordar que están para trabajar por el bien común y la felicidad de los ciudadanos, algo que implica que discutan, debatan y se aproximen a gente de todo calado. Existe hoy en día en la arena política española verdadera abyección por lo diferente. Hay una necesidad constante de reivindicarse y de subrayar las diferencias entre “ellos y nosotros”.

Este mensaje es meramente artificial ya que cualquier partido que quiera gobernar va a tener que hacerlo acompañado de otros no tan afines. En estos tiempos, España aborda retos tan fundamentales que hay que dejar a un lado las diferencias y recuperar el espíritu de la transición. Hace falta replantear el sistema de pensiones, los desafíos territoriales, los problemas demográficos, la precariedad laboral y el déficit.

¿Cómo es posible que un franquista, Manuel Fraga, y un comunista, Santiago Carrillo, fueran capaces de sentarse a dialogar y Albert Rivera deseche cualquier posibilidad de negociación con Pedro Sánchez? Y lo mismo cabe preguntarle al líder del PSOE sobre su cerrazón hace años a un gobierno de coalición con el PP y Ciudadanos. Hay que quedar bien con el electorado, pero por encima de eso los políticos tienen una gran responsabilidad a sus espaldas: el destino de un país.

¿Se imaginan a Santiago Abascal y Pablo Iglesias tomando unas cañas? Si Willy Bárcenas y Cecilio G son capaces no veo por qué ellos no. Quizá hasta descubran que son humanos, que a los dos les gusta el cine de Billy Wilder y que su primera novia les dejó un recuerdo imborrable. Quizá vean, como Bárcenas y Cecilio, que hablan el mismo idioma y que hasta sus canciones transitan caminos paralelos por bares, calles y personas.

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Escribo sobre empresas y política en Redacción Médica. También escribo columnas y artículos sobre cine y literatura en A la Contra y Democresía. Anteriormente pasé por el diario El Mundo, Radio Internacional, la agencia de comunicación 121PR y el consulado de España en Nueva York. Aprendiz de Humphrey Bogart y Han Solo y padre de dos hijos: 'Cresta, cazadora de cuero y la ausencia de ti' y 'El cine que cambió mi suerte'.

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