6 claves para no ser un conferenciante cutrón

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La democratización de absolutamente todo lo vulgar se expande más eficazmente que una gota de Fairy. Hace poco una cabecera humorística publicaba que se calcula que en pocos años todos los españoles habrán dado una charla TED, por lo menos. La falsa noticia tiene gracia precisamente porque ahora, de repente, todos somos oradores de primera o conferenciantes motivacionales (o eso dice la “bio” de Twitter).

En los últimos años he escuchado centenares de charlas TED, ponencias en congresos, conferencias de lo más variopintas, amagos de charlas TED, micro-testimonios, experiencias personales de todo tipo. Creo haber atesorado un cierto conocimiento sobre las tendencias en el universo del charleto. Ya que esta moda de dar charlas “es un no parar” y ahora que la utilización del Power Point se ha convertido en canónica (lo siguiente léase con aire de conferenciante guiri insoportablemente guay), les voy a regalar estos seis consejos que les ayudarán a confeccionar una charla outside the box y ser más felices.

1. Dejen de citar a Steve Jobs

Hace tres lustros citar a Jobs molaba. Ahora, citar una de las veinte sentencias célebres de Steve Jobs huele a cerrado que tira para atrás. Su influencia y la validez de algunos de sus pensamientos son incuestionables, pero, ¿sólo él ha dicho “cosas” en tantos siglos de civilización? Me juego mis propiedades en York a que el 90% de quienes citan a Jobs en una conferencia utilizan como fuente de esa cita otra conferencia que, a su vez, muy probablemente, también haya recibido la doctrina de Jobs por tradición oral. Si fuéramos arameos errantes del siglo XIII a.C. daría por válida esta documentación; pero en plena era de la (des)información lo mínimo sería acudir a un documento audiovisual del mismo autor o a alguna fuente bibliográfica directa. Seguro que, por esta vía, incluso, encontrarán “citas chulas” de otros autores que también son interesantes. ¡Por cierto! Hablando de fuentes audiovisuales de Jobs…

2. Dejen de utilizar la conferencia de Steve Jobs de la Universidad de Stanford 

De verdaz, paren ya. ¡Esa conferencia se utiliza para hablar de todo! “Queridos amigos, hoy os enseñaré a preparar un buen arroz a la cubana. Y no se me ocurre mejor forma de comenzar la lección que con estas palabras de Steve Jobs, que tan bien resumen lo que os quiero contar”. ¡Basta ya! Utilicen la barra de búsqueda de YouTube y buceen en el ciberespacio. Visiten otros navegadores como Vimeo o Dailymotion. La conferencia de Steve Jobs en Standford se repite más que…

3. Las pinturas rupestres de Altamira

He aquí otro recurso más re-catado que algún miembro de la realeza europea. ¿Cómo es posible que todo empiece en la condenada cueva de Altamira? ¡¿Cómo?!

Intuyo que no todas las aplicaciones de la nanotecnología tienen su origen remoto en ese punto concreto de la península ibérica. Son incontables los seres humanos que han querido prestigiar su ciencia, su ideología, su habladuría, su hobby, su tendencia sexual o su tendencia a la arbitrariedad invocando la “archimanoseada” pintura rupestre. El software del Power Point ya no admite que inserten más esa imagen. ¡El programa se les va a colgar! ¡Aunque “trabajen” con Mac! ¡¡Operación no válida!! ¡¡ERROR EN EL SISTEMA!! Hablando de imágenes muy utilizadas. Dejen de utilizar…

4.  … El pez naranja saltando de la pecera llena de peces a la pecera vacía

(fondo azul en degradado). Ese pez… ¿cómo decirlo? Ese pez está más seco que el cuerpo momificado de Lenin. Este Charlie Sheen marino lleva una década planeando de una pantalla a otra y ya no puede más. Hace tiempo que su corazón dejó de latir. Esa atmósfera viciada de tantas citas de citas de citas de Steve Jobs ha disecado al pobre bicho. Lo que ven es un cadáver. Cerca del 25,8 % deposts y charlas sobre emprendimiento, creatividad, innovación, “mánachmen” y otras mandangas semejantes usan esta fotito del pez naranja que emula a Willy, la horca que saltaba por encima del niño. Se lo aseguro: si utilizan otra vez esta imagen algo malo va a pasar; fijo. Y ésta es sólo la imagen de banco de imágenes más utilizada, pero no la única que va a terminar malamente.

5. Dejen de utilizar imágenes de banco de imágenes

La pelotita amarilla sonriente rodeada de otras azules tristonas, el niño de la playa que tiene el puño cerrado, etc. ¡Son plástico! ¡Son del Todo a 100! Los entes que aparecen en ellas son más falsos que un boicot a Coca-Cola.

Las imágenes de banco de imágenes, lo que los bárbaros llaman “imágenes de Google Imágenes” (“Ja, ja, ja”, ríe un funcionario de la Agencia Española de Protección de Datos) son la prueba del crimen. ¿Crimen? ¿Cuála/o crimen? ¡La falta de interés, de originalidad y el exceso de actitud funcionarial ante la existencia! “

A ver, a ver. ¿Qué imagen puedo utilizar para hablar sobre la comunicación en la pareja? Ya está, buscaré relación+pareja en Google Imágenes” (un montaje en paralelo nos muestra en otra secuencia a un funcionario de la Agencia Española de Protección de Datos salivando como una cebra a las 13:30). Esas imágenes son reconocibles incluso para los afiliados a la ONCE y denotan muy poca cultura por parte del ponente.

Busca tus imágenes evocadoras entre la obra pictórica de los clásicos, los modernos y los que todavía no saben lo que son (pero Altamira no, por favor, Altamira no) o en fotogramas de películas, en capturas de pantalla de videojuegos, en fotografía “artística” o en piezas de fotoperiodismo, en archivos históricos de cartelería propagandística. No sé, joven, ponga en práctica otra estrategia que no sea buscar en Google Imágenes “crisis financiera”. Aplíquese el proverbio atribuido a Salomón: “Mano perezosa empobrece/mano laboriosa enriquece” (Proverbios 10,4). ¿Cuece o enriquece?

6. Cuidado con recomendar la lectura

Una de las cosas que mejor queda en una conferencia, sobre todo en los tiempos que corren, es la apología de la lectura. Quien la recomienda, por lo general, dice practicarla y, es más, asegura ser un lector voraz. Se lo advierto, si va a decir en su charla que es amante de la lectura y que recomienda leer mucho, revise muy bien la ortografía en su Power Point. La ausencia de tildes en letras mayúsculas también es una falta de ortografía (que no le engañe nadie, ni siquiera los académicos actuales).

Debe revisar a fondo su presentación, aunque trate sobre plantas carnívoras, pero más todavía si va a cometer la imprudencia de confesar públicamente que le pirra la letra impresa. Si va a mentir, hágalo bien; aprenda de los mejores, encienda la tele, vea un telediario.

Por otro lado, quien lee mucho, por lo general, debiera tener recursos para expresarse satisfactoriamente. Es bochornoso, repito, es bochornoso contemplar a un orador, de esos que recomiendan leer a destajo, inventándose construcciones gramaticales o que no sabe cómo terminar las frases. Cuidadín. Es preferible no recomendar la virtud antes que recomendarla de palabra mientras se exhibe lo contrario.

Vivimos en los tiempos democráticos. Casi todos tenemos acceso a muchísima información. Sin embargo, nuestro sentido común está adormecido por tanto dato. Se nos olvida que, a la hora de lanzar (alguno prefiere “pronunciar”) nuestra palabra para el mundo, debemos calibrar muy bien el artefacto. El riesgo de repetir lo mismo que dijeron otros, de la misma manera, en el mismo sentido y con la misma poca audacia, es grande y atrayente. El gran peligro del tópico no es tanto la repetición de algo valioso como la anulación de nuestra inteligencia en virtud de un avance, es decir, llegar a la siguiente diapositiva.

Nótese que he redactado estos consejos en forma negativa, como muchas de las leyes mosaicas. Esto es así porque el horizonte de posibilidades es mucho mayor cuando señalamos las pocas cosas que no se deben hacer en lugar de las pocas cosas que sí se deben hacer; lo primero orienta la libertad, lo segundo la dinamita. En este campo, queda mucho por sembrar. Como diría Steve Jobs… espere. Mejor, ¿cómo lo diría usted?