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La otra JMJ de Polonia

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Por Víctor Cortizo

Han pasado 25 años desde que tuve la oportunidad de participar en la Jornada Mundial de la Juventud que se celebró en Czestochowa. Aquellos días acudimos una importante delegación española a un país y a una Europa que había cambiado de manera profunda. Estos días asisto emocionado a todo lo que acontece en Cracovia en estos días por una doble razón.

La primera es observar un legado que durante todo este tiempo y a pesar de los importantes cambios a los asistimos en nuestra sociedad se ha mantenido con fuerza y que ha renovado a otra generación que, al igual que la nuestra hace 25 años, expresa la vitalidad de su Fe, la actualidad de su testimonio y su compromiso en la esperanza que proporcionan a un mundo inmerso en tensiones difíciles de dimensionar y de conflictos en todos los continentes y por todo tipo de razones.

La segunda es la presencia de mi hija entre los peregrinos españoles que recoge e incorpora a nuestra historia la aportación que las JMJ han aportado a mi vida. Los que asistimos en 1991 a Czestochowa y ahora vemos a nuestro hijos participando en la JMJ sentimos que nuestra experiencia y nuestro compromiso ha dado un fruto muy especial y prolonga de manera gozosa las razones de nuestra Esperanza.

En estos 25 años han cambiado muchas cosas. La Europa de los 90 solucionaba sus tensiones y miraba al futuro en una nueva construcción europea que a pesar de algunas incertidumbres, está más consolidada e integrada que nunca. Los jóvenes cristianos españoles de aquellos años vivíamos los frutos de la Jornada Mundial de la Juventud de Santiago de Compostela de 1989, en la Conferencia Episcopal se preparaba el proyecto marco de pastoral de juventud y en muchas parroquias y movimientos se percibía un despertar con la incorporación de una juventud en la Iglesia que reclamaba protagonismo y que anuncia a una nueva manera de sentirse miembro de ella.

No era aquel un camino fácil en un momento que algunos denominaban como “postmoderno” pero interiormente se acogía con alegría la interpelación que aquella juventud significaba. Toda la comunidad cristiana era consciente en aquel momento de la necesidad de acercamiento a la realidad juvenil y por todas partes y en todos los mensaje se hablaba como nunca de jóvenes y juventud.

Para muchos aquella presencia anunciaba un estilo y una nueva forma de sentirse Iglesia, desde la fidelidad y el compromiso, pero también con la alegría de encontrarse con un mundo en constante cambio que se ha consolidado de manera magnifica con el Pontificado de Francisco. La Jornada Mundial de la Juventud de Polonia en 1991 y todas las JMJ que se han desarrollado hasta hoy han sido proféticas en el testimonio de tantos jóvenes y anticipan una presencia de la Iglesia en el mundo de hoy.

Ahora quizá la realidad ha cambiado y el mundo no es el mismo de aquel 1991. Muchas expresiones de la cultura juvenil de hoy no existían pero la sed que el mundo tiene de justicia y de paz se mantiene firme y a pesar de todos los conflictos que nos hacen mirar el futuro con pesimismo descubrimos en los jóvenes que están en Cracovia (también en tantos jóvenes que no han podido ir…) una Esperanza y una confianza profundas y encarnadas.

Seguramente el concepto y el desarrollo de las JMJ necesitan una mirada nueva, una revisión y una renovación. Personalmente he vivido y participado de diferentes formas en casi todas ellas desde 1987 en Buenos Aires hasta la actualidad. He tenido la oportunidad de crecer en la Fe, he vivido y conocido experiencias y he escuchado testimonios que aun hoy recuerdo con pasión y profundamente conmovido. Observo con alegría que sigue siendo hoy un espacio privilegiado, un “laboratorio de la Fe” pero sobre un espacio profundo y auténticamente joven.

Las JMJ son auténticas escuelas de VIDA, con mayúsculas , con todo lo que la palabra vida nos sugiere. Son una expresión “católica”, es decir, universal, una verdadera expresión de globalidad en la que la presencia de cada uno es directa y comprometida. No estamos ante una masa despersonalizada sino ante jóvenes que individualmente se sienten parte de “algo” que les compromete y que les invita a hacer de sus vidas algo grande y único , al servicio de la construcción de un mundo más justo, fraterno y solidario.

 

Víctor Cortizo es un “histórico” del mundo eclesial en España. Abogado gallego afincado en Madrid, profesor en la Universidad Francisco de Vitoria. Estuvo en la organización de la JMJ de Santiago de Compostela (1989), que marcó estilo que seguirían desde entonces las Jornadas Mundiales de la Juventud hasta el día de hoy.

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