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JMJ: Anunciar, celebrar, compartir la fe

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Por José Gabriel Vera

Cuando a mediados de los años 80 del siglo pasado, el papa Juan Pablo II convocaba a la juventud del mundo entero para un encuentro en Roma pocos eran capaces de adivinar lo que iba a surgir de esa llamada. Desde entonces se han celebrado 35 Jornadas, la última de ellas acabó el pasado domingo en Cracovia. ¿Qué pretendió el papa Juan Pablo II y qué han pretendido sus sucesores convocando a la juventud mundial?

En primer lugar, sin duda, prolongar la misión de la Iglesia. Llamar a los jóvenes para anunciarles el Evangelio, celebrar con ellos el amor de Dios, hecho perdón y eucaristía y enviarles a la misión. La Jornada Mundial de la Juventud es una gran catequesis, un anuncio del misterio central de nuestra fe que es Cristo. Lo decía así Francisco, en la ceremonia de acogida en Cracovia: estamos aquí por la fe, estamos aquí por Jesucristo. Por tanto, ésta es la primera razón de ser de las Jornadas Mundiales de la Juventud: reunir a los jóvenes para enseñar, celebrar y enviar a la misión.

Pero además, con estos encuentros se satisface la necesidad de compartir la fe, de compartir la humanidad reconciliada en el amor. Son muchos los jóvenes que encuentran en estos días que no están solos, que miles, millones, de cristianos comparten con ellos la fe, las dificultades, las condiciones de vida, las ansias de la juventud. El ser humano crece en sociedad y necesita compartir con los que son semejantes sus ilusiones y esperanzas. No son pocos los que en estos días renuevan su fe al comprobar que, aunque pertenecen a una pequeña comunidad perdida, en un pueblo pequeño, son al mismo tiempo parte de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. En estos días se sienten miembros del gran pueblo de Dios.

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Gracias a estos acontecimientos, la Iglesia hace presente en el mundo cuál es su verdadera identidad: la Iglesia existe para anunciar, celebrar y compartir la salvación de Jesucristo. No está para imponer leyes, para hacer negocios, para anular la libertad, sino para mostrar al ser humano el camino de la plenitud. Este camino se hace visible en los miles de jóvenes que participan en cada una de ellas. Cada uno de ellos, desde su lugar, desde su momento de fe, se compromete en alcanzar la santidad y arrastrar a los que tiene cerca hacia ella. Nada más y nada menos. El testimonio de alegre compromiso cristiano despierta en el mundo preguntas sobre el modo de ser y el sentido final de nuestra propia existencia. Estamos llamados a ser felices, a ser santos. Los jóvenes lo intentan y enseñan cómo realizarlo. En nuestras manos queda ponerlo en práctica. Comenzando desde ahora para encontrarnos, dentro de tres años, en Panamá, como ha dicho el papa Francisco, con el sucesor de Pedro.

 

José Gabriel Vera es el Director del secretariado de Medios de Comunicación de la Conferencia Episcopal Española

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