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La cuestión fundamental

En Asuntos sociales/Bioética por
Tiempo de lectura: 3 minutos

A raíz de una polémica que nada tiene que ver con la “cuestión fundamental” hemos podido ver a todo el mundo aplaudiendo a Madonna, quien muy acertadamente dijo la semana pasada que los niños fabricados en probetas “tienen alma” y no son “niños sintéticos” como había sugerido cierto personaje.

madona
Imagen de ‘Huffington Post’. Por otra parte, para Madonna el alma de todo niño justifica la fecundación in vitro y los vientres de alquiler, cosa de la que ya hablaremos…

 

El hecho es que no deja de tener gracia que, si lo que dice la diva del pop acerca de los susodichos niños “químicos”, lo dijera cualquier otro acerca de los que son gestados en el vientre de sus madres, la reacción sería muy distinta.

Recuerdo que hace unos meses, tomando unas cañas –con Madonna no, obviamente– llegamos no se sabe muy bien cómo a la discusión sobre el aborto.

Un buen amigo con quien discrepo en casi todo, pese a que ambos compartimos espacio en este blog, y a quien tengo en muy alta estima quiso dejar de lado cualquier discusión bizantina diciendo:

-Todo se reduce a una única pregunta: el feto, ¿es o no es humano?

Y lo cierto es que –aquella vez sí– no pude estar más de acuerdo con él, aunque ambos tuviéramos una respuesta distinta para la misma pregunta.

El tema no es baladí. La diferencia entre una respuesta u otra es la que hay entre el asesinato de un niño a manos de sus padres o una operación para retocarse la nariz. No parece que quede mucho espacio para esos “grises” en los que tanto gustamos de refugiarnos cuando nos conviene.

Ocurre sin embargo que, por alguna clase de defecto de la lógica social, la respuesta a esta pregunta rara vez se mueve en el espacio de las dos salidas posibles: o no, y punto. Si no, ¿Cómo se explica que, ante una pregunta por el ser (¿es o no es?) las respuestas más comunes sean las siguientes?:

a) el hambre en África:

 



 

 b) el machismo

 

 


c) los desahucios

 

 

d) la dignidad de la mujer

 

 

 

e) la Iglesia Católica

 

 

  f) Franco

 

 

g) la felicidad y el sufrimiento (en abstracto, por supuesto)

 

 

   h) la masturbación (la clásica pregunta de: ¿Si te masturbas estás abortando?)

 

 

i) los curas que abusan

 

 

j) la cultura medieval

 

 

k) Y así hasta desquiciar al más razonable…

 

En definitiva, el resultado de formular una pregunta aparentemente sencilla tiende de forma irremediable a producir una ensalada de intervenciones, cada una más peregrina y creativa que la anterior, que pretenden matizar atendiendo a razones “prácticas”, teológicas, o de “progreso” a una pregunta que nada tiene que ver: ¿Es o no es humano?

Quiero creer y creo que no somos tan estúpidos. Prefiero pensar simplemente que todo cuenta si se trata de no enfrentarse a la pregunta: ¿Existe el derecho a matar por cuestiones de “utilidad” social o particular? Que, a su vez, precisa de una cuestión anterior: ¿Existen jerarquías entre hombres, cuando se trata de derechos?

(@IgnacioPou) Fundador de Democresía. Soy un catalán felizmente afincado en Madrid. Agnóstico futbolístico (para mi tranquilidad) pero católico. Periodista. Máster y doctorando en Filosofía. Amante de la filosofía, la antropología y la política, todo ello enmarcado en una vocación por comprender y comunicar más y mejor. En ello consiste la misión de mi vida.

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