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Distopía

Hombres embarazados y personas-gato: la revolución biopolítica ha llegado

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Hace unos meses, los medios de comunicación se hicieron eco del caso de Nano, una joven noruega que afirma ser un gato y que solicitó a su gobierno “ser reconocida como género” alegando que su cuerpo de mujer es “un error genético”. Este hecho sería tomado a broma si no fuera porque en los últimos años se han producido acontecimientos similares. Recuerden el supuesto caso del primer hombre embarazado, de la prometeo Thomas Beatie o el del británico Neil Harbisson, reconocido oficialmente como la primera persona cíborg del planeta. Pues bien, si quieren conocer las raíces ideológicas y filosóficas de los ejemplos anteriores o si buscan responder a por qué la Generalitat valenciana ha propuesto que en sus centros sanitarios se refieran a los niños como “criaturas” y a los hijos como “descendencia”, por qué la Asociación Médica Británica recomienda denominar a las embarazadas como “personas preñadas”, o, entre otras preguntas que se haya formulado, por qué una minoría estudiantil de la Universidad de Granada quiere imponer a la mayoría los baños multigénero, les recomiendo este libro: La revolución biopolítica.

Nano, la mujer gato (fuente El Ideal).

Escrito por el filósofo y académico italiano Vittorio Possenti, en esta obra el autor advierte del peligro de la moderna alianza entre el materialismo y la técnica que está poniendo en jaque a los seres humanos y a los principios éticos. En esta revolución donde se empieza a hablar del “posthumano”, el filósofo, sin demonizar la tecnología –sería una necedad obviar los extraordinarios avances, reitera en varias ocasiones–, y tampoco la disciplina biopolítica –que “siempre ha existido porque en todas las épocas ha habido una política sobre la vida, el bios, la higiene, la salud, la población”–,  reflexiona sobre la inquietante deriva actual que está dando sus primeros pasos para convertirse en una biocracia estatal: “una variante del humanismo secular es el humanismo tecnófilo, que se orienta hacia lo posthumano y los transhumano, escoltado por las nuevas tecnologías (bio, nano, info, neutro)”.

De este modo, entendiendo a las personas como individuos solamente físicos y por tanto relativizándolos, se busca gestionar los cuerpos como si fueran un producto, con la negativa consecuencia de vaciar de contenido al ser humano.

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El académico italiano profundiza en el origen, desarrollo, actualidad y perspectivas de futuro de esta revolución, proponiendo evaluar sus límites, las consecuencias perniciosas que pueden provocar en los seres humanos y redescubre el verdadero humanismo de raíz cristiana-personalista con el fin de aplicar modelos éticos que desbaraten las contradicciones y los experimentos de este individualismo deshumanizado que propugna el replanteamiento del hombre. El concepto de biopolítica, sus características y las aportaciones de la religión a esta disciplina y a la ética; el pluralismo moral de las sociedades actuales y lo que conlleva no tener una base común; los dilemas bioéticos en el diseño genético, la aplicación legislativa del biopoder y el debate público sobre la eugenesia, la eutanasia, la fecundación heteróloga, la clonación o las ventajas y desventajas de la manipulación de embriones.

Una variante del humanismo secular es el humanismo tecnófilo, que se orienta hacia lo posthumano y los transhumano. Entendiendo a las personas como individuos solamente físicos y por tanto relativizándolos, se busca gestionar los cuerpos como si fueran un producto, con la negativa consecuencia de vaciar de contenido al ser humano”.

En definitiva, aunque en ocasiones algunos argumentos filosóficos son muy conceptuales y por tanto pueden dificultar la compresión, en líneas generales se entiende perfectamente la explicación, lo que favorece que el libro esté abierto a un gran abanico de lectores. Por todo esto, si quieren conocer aún más la realidad en la que viven, si tienen curiosidad en saber el origen ideológico de los casos comentados al principio, si buscan comprender la deriva de la tecnología entendida como un fin y no como un medio, si quieren entender aún más algunos capítulos de la serie de televisión Black Mirror o la serie Westworld; si ya no recuerdan el significado de conceptos como persona, sexo, género, ser humano…; si quieren conocer las raíces, su actualidad y las consecuencias de estas ideas filosóficas-ideológicas, fusionadas con la técnica, en el hombre; si buscan entender el significado de conceptos como transhumanismo, biopoder, somatocracia o, entre otros, posthumano –que tan de moda se han puesto en la actualidad, aunque A. Huxley ya hablara de alguno de ellos –; si no tienen clara su opinión sobre la clonación, los vientres de alquiler o, entre otras cuestiones, la eutanasia, esta obra es una buena oportunidad para orientar sus inquietudes.

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Morsas y animalistas: una reflexión sobre el suicidio

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En un nuevo alarde de antropocentrismo animalista (¿?), la conocida por todos plataforma de Netflix, que pretende erigirse como la nueva productora de cultura (o “cultura”) a nivel planetario, ha publicado el documental titulado “Our Planet”; un documental en el que llegado un momento, se muestran imágenes de cientos de morsas que yacen sin vida en la base de un acantilado, y otras tantas que desde lo alto y por la presunta culpa del impacto humano en el medio natural y el cambio climático…¿se suicidan?

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La paradoja del ecologismo

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Es un hecho que el entorno de nuestras vidas, el medioambiente, lo que de una manera simplificada podemos llamar naturaleza no humana se percibe hoy en día en su plena objetividad. Cada vez estamos más concienciados con el medioambiente, con las amenazas que se ciernen sobre él: calentamiento global, deforestación y desertización, contaminación de las ciudades y los océanos, etcétera. La naturaleza, en este sentido no humano, externo, medioambiental, existe como una realidad innegable, como un límite ecológico que, sin embargo, transgredimos a diario, desde el gesto cotidiano de tirar toallitas húmedas por el retrete o seguir utilizando bolsas de plástico en nuestras compras hasta las grandes expoliaciones de la fauna y la flora realizadas según la lógica neoliberal de un capitalismo salvaje. Se aboga en el presente por una “conciencia verde, por prácticas de reciclaje, por una “economía circular“, por el activismo de todos y cada uno de nosotros en el cuidado del planeta, sea una niña preocupada ejemplar y mediáticamente por el negro futuro que les aguarda a las nuevas generaciones si no cambiamos nuestro contaminante estilo de vida o esos grupos de voluntarios que se forman esporádicamente para limpiar de desechos una playa o retirar la basura acumulada en un bosque o un monte.

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Narciso, el «postureo» y la fotografía

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«Ninguna obra de arte se contempla en nuestro tiempo con tanta atención como los retratos de uno mismo, de los parientes próximos y amigos, y de la amada». Piensa cuándo fue la última vez que contemplaste una obra de arte con cierta intimidad, detenimiento, atención. Y durante cuánto tiempo. Piensa ahora en la última vez que viste una fotografía tuya o de alguien conocido, quizá en el móvil, quizá en alguna red social. Y si la miraste con mayor intimidad, detenimiento, atención o silencio que aquella obra de arte. La frase citada arriba es del historiador de Arte Alfred Lichtwark. La escribió en 1907.

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‘Capitalismo Nice’, ¿dicta Instagram en qué nos gastamos el dinero?

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Tiene mejor trabajo que tú, mejor gusto que tú, mejor cuerpo que  tú, más seguidores, ropa más cara, una vida social más amplia, una relación menos tóxica, una cara más linda, una elección sexual más ambigua, combina mejor los colores, es más culto, come más sano, disfruta más. Estoy hablando del usuario de Instagram que empieza por “@” y sigue con el nombre que tú prefieras. ¿Crees que tiene una vida mejor que la tuya? No lo sé, pero es una vida tan irreal, tan irresistible, que te mueres por conseguirla a cualquier precio.

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Que Twitter no te engañe: no eres tan importante

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Un filósofo de cuyo nombre no quiero acordarme, profetizó siglos atrás el desastre humano de Twitter. Lo aplicaba en realidad a los medios de comunicación en general  y decía que al amplificar la voz estos medios creaban una tremenda ilusión: la ilusión de creer que uno era tan grande como su voz amplificada. Se figuraba que al ampliarse infinitamente su potencial auditorio, aquello que tenía que decir era ipso facto algo importante. Y por otro lado, el gran Narcisista (o sea, usted) ya no hablaba a un ser humano –su vecino, el portero de su casa, la señora que pasea a su perro todas las mañanas, etc. –sino a la Humanidad, a la Generación, a la Historia, al Porvenir. ¡Qué jugosa posibilidad!, ¡qué encumbrado se siente de repente uno! Como para quedarse callado. Sigue leyendo

Me desconecto, luego existo

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“Represéntate hombres en una morada subterránea en forma de caverna, que tiene la entrada abierta, en toda su extensión, a la luz. En ella están desde niños con las piernas y el cuello encadenados, de modo que deben permanecer allí y mirar sólo delante de ellos, porque las cadenas les impiden girar en derredor la cabeza”.

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Me desnudo por tu corazón. Desmontando Instagram (I)

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No, no se trata de una novela erótica dando vueltas en un carrusel de gasolinera. Tampoco es una canción – o eso creo- de Álex Ubago o Pablo Alborán.  Es, simplemente, la mecánica con la que influencers, actrices, modelos y los/las populares de clase celebran haber sobrepasado sus metas de seguidores en Instagram.

Ya sean 1.000, 10.000, 100.000 o el dorado del facing: 1.000.000 de avatares con apéndice en la vida real. Si se alcanza el objetivo, la ropa va fuera.

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Esta tendencia arrancó de la mano del famoseo de turno y poco a poco fue permeando en los distintos estratos del smartphone. Aquí vendría la lista de celebridades que recoge a Demi Rose, la Pedroche, Edurne, Paco León u Octavi Pujades. Las/los que ya se desnudaban por dinero o salían en el papel couché portando aquel sobretodo, aquel tanga que justificaba al menos tres apariciones en prime time o un bikini de pasarela que jamás ha catado la arena y colillas de Benidorm, empezaron a hacerlo, con cierta apariencia de gratuidad, en su perfil social.  Las marcas se frotaron las manos cuando Instagram se ubicó entre las redes sociales más utilizadas por lo usuarios. Acababan de descubrir una forma de diseminar y posicionar su producto de forma más o menos encubierta en miles de perfiles de toda índole; ya fuera la última nominada al Óscar o el exuberante tiarrón de Carabanchel. La entrada en vigor de la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y del Comercio Electrónico (LSSI), que fuerza a los influencers a informar a sus seguidores cuando se trata de una imagen patrocinada, fue un terrible varapalo para aquellos que habían encontrado en su carcasa muscular una forma de llenar el buche y recorrer el mundo por la patilla a través de los filtros de su pantalla.  

Sin embargo, las trabas del estado opresor del libre mercado, no les amedrentaron para perseverar en su camino hacia “la cifra”.

Preparando el asalto “a la cifra”. Primero, la imagen

¿Cómo lo podremos conseguir? ¿cómo haremos para aumentar nuestro caché y empezar a decir a todo el mundo que tal marca se ha fijado en nosotros para portar sus vainas? ¿cuándo podré confirmar que soy un chico/chica valla? 

Cuando un instagramer -sin importar lo colgante del género- está rondando las inmediaciones de “la cifra”, es probable que empiece a generar, con más o menos tino, una campaña de expectativa -lo que los publicistas llaman “teaser”- para dar a entender lo que ocurrirá cuando,”juntos” (siempre el plural mayestático para los que enarbolan y viven de la individualidad absoluta), lleguemos a la cima del postureo.

El momento tan esperado, la redondez de las vanidades, se prepara de muy distinta forma. Si ya se lleva un recorrido en esto del ser visto y juzgado, tu agencia te pondrá un fotógrafo profesional delante, alquilará un pequeño estudio, te acostará entre algodones con un ventilador salvaje que cabalgue tu indómita cabellera y jugará con distintas ópticas y distintas capas de ropa para pegarle un buen subidón a tu cuenta de followers.

✨✨ 1 MILLION ✨✨ ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ #LoveYouAll #HappyHappy

Una publicación compartida de Edurne (@edurnity) el

Si por el contrario todavía no se ha conseguido la mercantilización total de tu cuerpo, tocará, poco a poco, posado a posado, ir acercándose al objetivo deseado. Entonces, al no disponer de los fondos para una sesión más cuidada, se apostará por expandir la amortización de las vacaciones familiares y en cualquier poto, macetón de Aloe Vera o palmera indiana, tus nalgas romperán la barrera de seguidores. 

Verano del amor

Una publicación compartida de María Araújo (@marriet92) el

¡Ojo! No desmerezcamos este cambio de atrezzo y localización. Supone un salto cualitativo (y estético) importante. Salir a buscar localizaciones con las que alcanzar “la cifra” es salir de los cuartos desordenados, de los espejos del baño del hotel o de las propuestas igual de exóticas como estúpidas de enseñar las mamas antes de una “presumible” comilona.   

Después, el texto y el manejo de “seguidos”

Sin embargo, no todo va a ser la imagen. Queda un veinte por ciento que cubrir para conseguir romper “la cifra”. Esto significa llenar ese aburrido pero indispensable hueco que pone “texto”.

Aquí tenemos multitud de posibilidades. Están los que prefieren los emojis para acompañar sus contorsiones, los parcos en frases completas, los poetas de saldo, los que roban citas literarias, los/las que sacan frases de su propia cosecha. A mi modo de ver, son los más valientes pues se exponen con sus anacolutos a que haya algún académico ocioso dispuesto a tirarle de las orejas. También están los instagramers que tiran de retahíla cabalística de hashtags para disparar a todo bicho viviente que more por la red social en ese momento. Si eres de estos, saca tus genitales a la palestra. Nada pone más a tono tu cuenta que tener imágenes “censuradas” con dos cáctus dónde debería haber dos pezones. Eso y el mantra #freethenipple seguro que te proporcionan un buen puñado de followers sedientos de travesuras.

Resueltas las primeras imágenes del feed, toca manejar adecuadamente la bolsa de seguidos. Los gestores de comunidad te dirán que al principio conviene usar una estrategia balanceada entre los que te siguen y sigues pero si por algún casual das un pelotazo y sales en una foto, aunque sea de refilón, con alguien de la vanité, deberías despedir a tus amigos del colegio y la universidad y quedarte con aquellos que te puedan aupar a “la cifra”. Para ello, hay que establecer la máxima del “sígueme” sin reprocidad. Hay que ponerse un objetivo de corazones a la semana y hay que ajustar adecuadamente la política de privacidad para ver quién se puede asomar a las distintas parcelas de tu personalidad.  Cuantos más sean los desconocidos que se arrimen a tus bronceados insuperables, más posibilidades tendrás de ir abriéndote hueco hacia tu objetivo. 

Sigue estos pasos y tu dicha, al fin, será completa durante unos segundos. Hasta que aparezca el nuevo reto, “la nueva cifra”, a la que hincarle el diente. Entonces, límpiate el champán que quede en la comisura de los labios y lánzate a buscar una nueva perspectiva de tu vientre plano.

Las consecuencias de los narcisos y narcisas

Este exabrupto no solo ha querido reflejar lo que ocurre cuando dejamos nuestro cuerpo a la intemperie. También existe una vulnerabilidad, no tan manifiesta pero sí palpable a medio plazo, cuando se deja en cueros nuestros ámbitos de relación y los lugares que han tenido una significación en nuestra vida. Nadie en Instagram plasma por voluntad propia sus malos momentos. Siempre está el colorín y la purpurina en un recuerdo edulcorado de lo que alguna vez fue una experiencia. Lo que antes quedaba para el archivo de la memoria o en una fotografía enigmática que explicaba su significado a un grupo reducido de personas y era, por decirlo de alguna manera, el tótem de un momento, es ahora una ventana abierta para que cualquiera pueda verlo y manosearlo. La intimidad, el secreto, han quedado postrados ante lo noticiable. El “yo he sido allí” ha quedado bajo el “yo he estado allí”.

Esa calita secreta en la Costa del Sol, aquella gruta donde ocurrió la primera sensación de éxtasis, los boquerones más sabrosos que te habían sido confiados por dos generaciones de familiares que deseaban que ese chiringuito no saliese en ningún lado para que no estuviera saturado en verano.

Ahora todo está escrito y fotografiado. Y si no, es que no has tenido verano. Lo que es, en nuestros tiempos raros, como no tener una vida “realmente plena”. O sea, estar fuera de juego. O sea, no existir. 

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Inteligencia Artificial (IA): es para hoy

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“Si una civilización superior alienígena nos mandara un mensaje diciendo, “Vamos a llegar en unas décadas”, ¿sólo contestaríamos “Vale, llamadnos cuando estéis aquí- os dejaremos las luces encendidas”? Seguramente no – pero eso es lo que está sucediendo más o menos con la inteligencia artificial. “(1)

Esas palabras no son las de un lunático sino las de Stephen Hawking firmando conjuntamente con otros científicos una columna en The Independent en 2014. La inteligencia artificial (IA) es, en la mente de muchos, un tema de ciencia ficción o en el mejor de los casos una etapa de un futuro muy lejano. A pesar de ello, las grandes empresas de Silicon Valley están ya invirtiendo millones de dólares en investigación sobre IA. Hace unos meses, Facebook ha abierto su centro internacional de investigación sobre inteligencia artificial en París y Google participa también en numerosos proyectos, hasta tal punto que financia su propia universidad denominada la Singularity University.

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