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Disney y la reinvención de los clásicos: qué cabe esperar de Mulán

En Asuntos sociales/Cine/Mujer y género por
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Hace poco hemos visto El libro de la selva (Jon Favreau 2016) la nueva versión del “clásico” de Disney (a su vez adaptación de la novela de Rudyard Kipling) esta vez en acción real mezclada con acción digitalmente real. Más recientemente se estrenó una nueva versión de otro “clásico” Disney, también en acción real, La bella y la bestia (Bill Condon 2017). La compañía está preparando cerca de una veintena de nuevas versiones en acción real de sus “clásicos” (ya saben que la condición para que una película Disney adquiera la dignidad de “clásico” Disney es que la propia compañía así lo declare).

Teniendo en cuenta los precedentes antropológicos y estéticos de las dos obras mentadas, la vorágine sociológica de nuestros días y la pérdida de rumbo ideológico del gigante del entretenimiento, veo conveniente y posible hacer una predicción industrial sobre las futuras adaptaciones de los “clásicos” Disney.

La compañía es muy consciente del gran cambio epocal que estamos viviendo en estos momentos y, como toda máquina de billetes, no quiere hacer películas para una civilización que va a dejar de existir. Sus producciones están pensadas para una nueva sociedad con valores diferentes a la que recibió Blancanieves y los siete enanitos (David Hand 1937). Curiosamente, quieren que el punto de partida de su “nueva” estrategia sean los relatos de esa civilización que se queda obsoleta. Esto nos puede dar una pista sobre la incapacidad creativa inherente al proyecto mundialista –al que se adhiere Disney– y su voluntad de cambiar nuestra percepción de los relatos del pasado, ya sea de ficción o no; una mentalidad infecunda no genera nada, sólo manipula lo existente.

Sus movimientos son tan predecibles, sobre todo en materia de ficción, que me veo con los elementos de juicio suficientes para destripar una serie de guiones que todavía no son públicos o que, incluso, todavía no han sido escritos, pero cuya base ideológica ha sido aprobada hace mucho tiempo. En esta ocasión me centraré en el caso de la nueva versión en acción real de Mulán. Estoy convencido de que lo que veremos en el cine se parecerá mucho a lo que sigue.

Las creadoras de la nueva Mulán

Hace un tiempo se dijo que el equipo de guión estaba liderado por Elizabet Martin y Lauren Hynek. Si ustedes consultan sus respectivas páginas de IMDB encontrarán como único trabajo de escritura su guión de la nueva versión de Mulán. ¿De dónde han salido estas profesionales de los pies a la cabeza?

El equipo de guionistas también cuenta con Amanda Silver y Rick Jaffa, dos guionistas y productores consolidados muy vinculados a la nueva saga antihumanista y animalista de El planeta de los simios. Más recientemente hemos conocido su implicación en la tercera entrega de Avatar, la saga cameroniana (que también quiere contribuir a sepultar la vieja civilización occidental). En resumen, nos encontramos con la típica situación gremial en la que los maduros cineastas –de cierta militancia ideológica– enseñan el oficio a las nuevas aspirantes –de idéntica condición ideológica–, aquellas que llevarán un paso más adelante esta maquinaria cultural.

Por otro lado, sabemos que la directora será Niki Caro. Que su nombre no les engañe, no es asiática sino que procede de Oceanía. Concretamente es oriunda de Wellington, una bonita ciudad de Nueva Zelanda. Se le conoce por la dirección de películas como En tierra de hombres (2005), dato no poco relevante para el asunto que concierne a estas líneas. El resto del equipo técnico está formado por curtidos y reputados profesionales (a la cabeza de los equipos suele haber mujeres –importante– con muchas tablas) que se encargarán de que la película tenga la factura cinematográfica conveniente.

Estos son los mimbres humanos con los que se llevará a cabo la adaptación de Mulán a acción real. Ahora, narrativamente hablando, tiremos del hilo, amable lector.

El ejército huno

En la nueva versión de Mulán los productores querrán cambiar la imagen del ejército huno. Esos, que eran los enemigos tradicionales, malos malísimos, ahora, resulta, que no van a ser tan malos. Habrá muchos momentos en los que desearemos luchar de su lado. Su guerra no es contra China, así en abstracto, sino contra la patriarcal y opresora figura del emperador de china y la sociedad imperial que defiende (la imperiofobia contra las grandes naciones de tiempos pasados no debe faltar). Por supuesto, los hunos ya no son orcos mugrientos: son una suerte de mongoles metrosexuales salidos de Juegos de Tronos, tipo dothrakis pero ataviados con ponchos; también poseen gran habilidad para hacer la “o” con un canuto.

Avanzada la película, Mulán comprende que las motivaciones de los hunos son nobles y decide ayudarles, pero es demasiado tarde y la fuerza del emperador cae sobre ellos y … “Hey. Un momento, chicos. Parad el carro”, dice productor hipster nº1, “No podemos hacer esto. Nunca lograríamos que la película se estrenase en china”. “¡Retruécanos! ¡Tienes razón!”, responde ejecutivo nº3. “¡Qué diantres!”, dice productor masón nº3, “quizá al régimen actual le interese descalificar ese tipo de gobierno y tradición en favor de la dictadura actual; recordad que cada vez más jóvenes abandonan las costumbres de sus padres y todo ese rollo”. “¡Maldita sea! ¡Estás en lo cierto!”, responde ejecutivo nº2.

Finalmente deciden que los hunos sigan teniendo aspecto de gárgolas del partido demócrata (las que habitan en sus mentes, claro). La decisión la justificarán ante sí mismo con un argumento definitivo: seguirán siendo malos porque son heteropatriarcales (“¡Asco de tíos!”). Ahora bien, con Mulán, con su padre, con su madre, con su abuela, con el padre del joven capitán, con el joven capitán (si lo hubiera o hubiese), con el panteón familiar y con los seres fantásticos se van a cebar. ¡Hay tanta tela que cortar! ¿Por dónde empezar? Ya está. Hablemos de las mujeres de la familia de Mulán, las vivas y las difuntas. Empecemos revisando a las antepasadas.

Las mujeres

El santuario-cementerio-barbacoa-mausoleo de la familia Fa ya no está encabezado por un patriarca. Bueno, lo está, pero por poco tiempo. Desde hace unas décadas la autoridad del gran ancestro se discute vivamente y la gran “ancestra” quiere mayor cuota de poder de ultratumba (todo muy Vaiana). La excusa del viaje de Mulán será muy oportuna para ello.

El gran ancestro quiere imponer su criterio: para rescatar a una simple joven basta que una deidad menor, como el diosecillo con forma de dodo, vaya a salvarla. Al fin y al cabo es una mujer rebelde, si se pierde podría considerarse incluso una bendición. A la familia todavía le quedan los hermanos de Mulán. ¡Ah! Que esto no os lo he dicho, ¿verdad? Mulán, ahora, tiene hermanos. Y primos también. Pero bueno, a lo que vamos. La matriarca emergente luchará para que sea el gran dragón, el protector definitivo, quien vaya a rescatar a Mulán. De esta manera “empodera” (sí hijos, sí, “empodera”) a Mulán e inicia la batalla decisiva para que la feudal y machista comunidad familiar de fiambres chinos se torne algo menos heteronormativa. No sabemos todavía por qué extraño e inverosímil giro de guion el criterio de la matriarca se impondrá al del gran ancestro.

Hablemos de las mujeres de la familia que todavía transforman oxígeno en dióxido de carbono. El triángulo abuela-madre-hija/nieta es interesante. El punto central y conflictivo es la madre. Es una mujer abnegada, sometida a su marido, sumisa y sin más aspiraciones en la vida que cuidar a su familia (total, “cuidar a la familia”, ya ves tú). Todos los elementos cinematográficos necesarios serán orquestados para pintárnosla como una mujer fracasada y oprimida por un sistema abominable.

Del otro lado están Mulán y la abuela. Tanto una como otra desprecian el sistema y piensan que la madre de Mulán vive en una mentira. La abuela, porque ya está de vuelta de todo y Mulán porque es joven, rebelde y, por tanto, automáticamente tiene razón en todo, serán el contrapunto de cordura y lucidez ante la terquedad pre-medieval de la madre. Al final de la película, qué duda cabe, el modelo de sociedad que la madre tenía en la cabeza acaba tan descalificado que no le queda otra que admitir que ha vivido auto-engañada toda su vida. Eso sí, lo admite clandestinamente. Sólo el espectador y Mulán conocen la conversión de la madre que la parió. La madre de Mulán llora, pide perdón y dice que ha sido una estúpida. La abuela será una mezcla del Radagast de Peter Jackson en El Hobbit, los ewoks de La Guerra de las Galaxias y una versión muy cafetera de Ellen DeGeneres.

Sobre Mulán manejo varias hipótesis:

  1. Los hombres no la atraen, es decir, lo suyo con el capitán no funciona; este detalle sólo lo sabremos los espectadores, pues la familia de Mulán todavía es muy heteropatriarcal y, por tanto, lerda.
  2. Aunque la naturaleza la ha dado un cuerpo de mujer, en realidad se siente hombre (pero se siente un hombre posmoderno, de esos que ya llevan a sus espaldas una reflexión folletinesca de todos los desmanes del siglo XX y sus predecesores); si le atraen o no las mujeres o los hombres es algo que no se sabrá del todo. Lo que sí sabemos es que la actriz que la interprete va a recoger el testigo de Emma Watson, es decir, interpretará el papel de comisaria de igualdad y lo hará tanto en la ficción, como dentro y fuera del rodaje. Ella es la encargada de que todo transcurra según los dogmas de lo políticamente correcto, que es lo verdaderamente importante de esta película.
  3. Supuestamente es la hipótesis que va a triunfar según filtraciones, pero no me lo creo: Mulán es una muchacha muy semejante a la original que se enamorada de un caballero que va a luchar ferozmente por el imperio chino. Huele a señuelo que tira para atrás.

Los hombres

El padre será un capullo integral, con todas las letras. Padecerá el mismo síndrome de Gastón en la nueva La Bella y la Bestia, es decir, el síndrome post-Vietnan. El hombre fue un gran guerrero en el pasado, pero sigue viviendo para la guerra, como buen macho alfa que es. Vive mediatizado por esta experiencia bélica de juventud y nunca ha dejado realmente la guerra. Ve charlies por todos lados. En cierta ocasión (cuando la luna estaba en cuarto menguante) confundió al lechero con uno de ellos y se armó una… Tuvieron lío para toda la semana. Tremendo. El tipo es de traca.

 

El señor Fa una personalidad insoportablemente bipolar: lo mismo le cae una flor entre las manos y en el acto la trenza en la cabellera de su primogénita mientras la compone un haiku, que desenvaina su espada y entra en batalla con un pajarillo que ha interrumpido el relato de una anécdota de mercado. El tío da asco y miedo. Es el máximo exponente de una sociedad machista y apestosa. Acabará mal. Ya veréis.

Las hipótesis sobre el capitán Li Shang se cruzan con las de Mulán:

  1. Al capitán no le interesan las mujeres, pero disimula muy bien así que casi no se nota. Nadie lo sabrá excepto Mulán, que será su amiga espiritual desde el momento del descubrimiento: el baño en cueros en el lago del campamento, ahí sabremos que el capitán se siente atraído por los osos más peludos de su regimiento. Vive reprimido. Es una subtrama tan fugaz y tan sibilina como la de Lefou en La Bella y la Bestia.
  2. El capitán es el cabeza de la manada y sufre una conversión al feminismo más light gracias al ejemplo de Mulán.
  3. El capitán se mantiene en una postura muy parecida al de la versión de 1998, pero la lectura que el relato hará de dicha actitud será muy diferente.
  4. Li Shang no aparece en la película. Ésta parece ser la hipótesis que va a ganar (según lo que sabemos del proceso del casting).

Por su parte, la figura del padre del capitán, el general Li (u otro personaje que cumpla las funciones del padre del mentado personaje que seguramente no estará en la nueva película), podría ser semejante a la del padre de Mulán. Los padres tendrán muy mala relación con sus hijos. Las conversaciones entre ambos serán realizadas con saltos de eje constantes, en caso de haberlas, y la perdición del general será metáfora perfecta sobre el futuro de la mentalidad que representa.

Sobre hermanos y primos no diré mucho para no extenderme. Baste decir que serán la ejemplificación perfecta del joven de toda la vida, un bruto insensible que se relaciona con las mujeres desde la pura lógica del dominio. Algunos primos irán a la guerra y perecerán. Sus muertes serán construidas simbólicamente para transmitir el mensaje crítico: piensa como él y acabarás como él.

Las bestias fantásticas

El dragón, Mushu, es andrógino. Nunca le han preguntado si es dragón o dragona. No se lo preguntaron al dodo… a él se lo van a preguntar. Todos, en su mentalidad heteropatriarcal, habían supuesto que se trataba de un dragón y así fue aceptado, por eso decidió vivir como un dragón; pero, en realidad, él puede decidir ser lo que le parezca, pues los dragones son seres capaces de definir su sexo (¿no lo sabíais?). Si él quiere ser ella, ser una dragona, como la de Shrek pero en pequeñito, puede hacerlo. Y punto.

En un momento de su viaje conocerá que los dragones pueden elegir su sexo. Al salir del cortijo facha de la familia Fa, descubrirá un mundo entero y desconocido, el mundo real. Conocerá a otras bestias fantásticas con mentalidad post-newtoniana que le revelarán la verdad.

A la hora de volver al santuario, se abren dos vías posibles:

  1. Mushu decide no retornar y decide vivir una vida auténtica (será el momento más poético de la cinta).
  2. Mushu vuelve al santuario y les cuenta la verdad sobre su naturaleza. A muchos les cuesta reconocerlo, pero la “ancestra” (que ya es virtualmente la dueña del cotarro fantasmal) le acoge y apoya a tope por medio de una serie de subvenciones y ayudas. Por otro lado, se planifican una serie de viajes de fin de semana para las ánimas del mausoleo. A través de estas visitas, la carcundia participará de la verdad verdadera que ha conocido Mushu, quien abrió los ojos a los vejestorios.

Y luego está la hipótesis de que Mushu será eliminado del relato. No la descarto para nada.

Temita final

Existe un texto de alguien que dice haber leído el guión de la nueva versión del relato de Mulán, titulado La leyenda de Mulán. Bueno, no sé, no me lo creo, la verdad. La historia que cuenta recuerda tanto a El último samurai, La gran muralla y otras cintas del montón, que no me lo trago. Quizá es verdad, pero sería muy triste que así fuera. Para empezar, porque esa película ya nos la han contado y, para seguir, porque la versión en acción real de Mulán tiene muchas posibilidades, que no son, desde luego, las que hemos anticipado más arriba. ¿Cómo es posible salvar la patria, la tierra de los padres y sus tradiciones, desde la innovación y libertad creativa de la que es capaz una joven como Mulán?

Parece que la película será una tigredragonada a lo Disney pero sin el carácter de musical de la origina. Habrá mucha pirueta y será totalmente palomitera. En otras palabras: La leyenda de Mulán será una película ideal: 1) para testar las posibilidades técnicas de una sala de proyección cinematográfica (sin niños, por supuesto); 2) y para ver en casa un sábado-tarde-tonto (sin niños, claro).

Por el momento me despido. Espero tener la oportunidad de volver a escribir sobre cine cuando se estrenen el spin-off de La Bella y la Bestia, la esperada Bella, comisaria de Igualdad y su secuela, Bella y los patriarcas de la pequeña aldea.

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