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De refugiados a aporofobia: esto cuenta la palabra del año

En Asuntos sociales/Pobreza e inmigración por
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La Fundación del Español Urgente (Fundéu) selecciona anualmente desde 2013 una ‘palabra del año’ entre todos los términos de la lengua española. No es una palabra nueva, o no tiene que serlo, sino que debe ser una que suscite un interés lingüístico “por su origen, formación o uso” y, enfatiza la organización, “haber tenido un papel protagonista en el año de su elección”. En este caso, la palabra que más ha cumplido estos requisitos ha sido aporofobia.

Esta práctica de selección, que otras grandes casas de letras como Oxford también practican, en realidad podría decirse que es una suerte de síntesis del año. Un momento en el que los que gestionan el lenguaje y su uso encuentran un altavoz para señalar a través de los medios de comunicación alguna cuestión que les preocupa o que, simplemente, les apetece remarcar.

Si se repara en las palabras elegidas como las más relevantes en los últimos años se entienden muchas cosas de lo que está pasando. Refugiado fue la palabra elegida en el año 2015, un momento en el que las migraciones forzadas superaron a las de la Segunda Guerra Mundial. La Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) explica en sus informes que a finales de ese año, 65,3 millones de personas vivían fuera de sus países a causa de la persecución, la violencia, los conflictos armados y la violación de los Derechos Humanos.

Esta palabra fue escogida por varias razones pero principalmente lo fue dado que “por desgracia”, según señaló la Fundéu, “en todo el mundo, pero en particular en Europa, la crisis de los refugiados, su tragedia” fue la noticia de ese año. Y  ya vaticinaron que era “muy probable” que lo siguiera siendo mientras las causas que repercutían en la huida de millones de personas de Siria, Irak, Libia y otros países, no cesasen.

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2016 y los refugiados pudieron haber seguido siendo palabra del año perfectamente pero una expresión que es tan antigua como lo es la política irrumpió. Populismo vivió ese año, según observó la Fundéu, “un proceso de ampliación y cambio de significado, cargándose de connotaciones a menudo negativas”. La palabra que originalmente hacía referencia a lo próximo a lo “popular”, a la “tendencia política que pretende atraerse a las clases populares” (RAE 2014).

No hace falta profundizar mucho en la carga peyorativa que ha adquirido esta palabra, hemos vivido su evolución tanto en el registro político como en el de la sociedad, pasando a convertirse en un calificativo más que una palabra definitoria. El año del Brexit, del ascenso de Trump y de grupos políticos acotados en este (casi ya) sesgo político, aupó a la palabra a esta relevancia.

¿Qué ha sucedido, a día de hoy, con las personas a las que identificaba la palabra del año 2015? El flujo migratorio de personas que huyen forzosamente de su país no ha decrecido prácticamente. Los compromisos de acogida de refugiados por parte de los países occidentales han sido, de manera lamentable, incumplidos sistemáticamente.

¿Y con el populismo, en este 2017? No sólo se mantiene sino que los refugiados han sido una gran baza para todos los grupos que son identificados con esta palabra. El ascenso de grupos en contra de estas migraciones forzadas, enraizados en un profundo racismo, ha sido notable en varios países. Es decir, no se está acogiendo pero, lo que es peor, aflora un sentimiento en contra de la acogida. También en contra del colectivo afectado, rechazo que se ve nutrido por grupos políticos que se han ido sirviendo de la insolidaridad y de artimañas políticas que han hecho ascender el odio.

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Odio. Esa es la clave de la palabra de este 2017: aporofobia. Este neologismo, acuñado por la filósofa española Adela Cortina, se refiere al “miedo, rechazo o aversión a los pobres”. Recién incluida en el diccionario de la RAE, este término es desde septiembre también una circunstancia agravante en el Código Penal.

Aporofobia no es xenofobia, pero sí subyace bastante en ella. No es casualidad que la suma de refugiados y populismo como términos fundamentales haya tenido como consecuencia el brotar de este nuevo término con tanta importancia. La propia Cortina señala en su libro ‘Aporofobia, el rechazo al pobre’ que “no repugnan los orientales capaces de comprar equipos de fútbol” mientras que “las puertas se cierran ante los refugiados políticos, ante los inmigrantes pobres, que no tienen que perder más que sus cadenas”. Es decir, se aceptan migrantes siempre y cuando vengan con dinero.

Sorprende que en un país como España o en el mundo actual en general, en el que afloran otros términos para esconder la palabra pobreza vivida por sus ciudadanos, el sentimiento de la aporofobia sea real. Nos encontramos palabras nuevas, modernas, biensonantes, como sinkies (single income, no kids) para referirse a parejas jóvenes y sin hijos cuyo sumatorio de los salarios apenas es equivalente a un ingreso decente. Otras más manidas pero no menos preocupantes como ninis o mileurista para no pronunciar pobres, están en nuestro vocabulario día sí y día también.

Así acabamos el 2017, en un mundo con refugiados sin atender, un populismo que no sucumbe sino que crece y una sociedad enferma de aporofobia, que no es otra cosa que nuevos pobres teniendo miedo o asco a los pobres tradicionales. Supongo que es el único consuelo, paupérrimo consuelo, para olvidarse de su pena.

Periodista en CESAL. Estoy aprendiendo siempre. Me apasionan la política, las causas sociales y la literatura. Soy un poco laísta cuando puedo y acentúo los 'sólo' cuando significan solamente. Formo parte del equipo de Democresía.

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