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Auschwitz es un sitio agradable

En #RumboJMJ16/Asuntos sociales por
Tiempo de lectura: 3 minutos

Auschwitz es un sitio agradable.

Un pasto verde, acompañado de florecillas blancas y hojas grandes y frescas que transparentan la luz del sol, guía a los turistas con sus banderas el camino de lo que ahora se denomina museum.

El sonido de las pisadas por las piedras blancas, los chicos riendo recordando alguna historieta de la noche anterior mientras cruzan las vías del tren.

El color agradecido del ladrillo, no tan distinto de las zonas chic aledañas a Piccadilly Circus, que lleva algún nombre cincelado con las llaves de casa.

La pintura de blanco inmaculado de las bobinas que recogen el alambre de espino.

Los nidos de los gorriones que se tejen en el alféizar de las torres de vigilancia.

Las niñas guapas que se hacen selfies, con sus gafas de cristales polarizados, frente al crematorio.

El niño lozano, aburrido y cansado, cabeceando a los escalones de la cámara de gas.

Los agujeros de bala, al alcance del repaso de cualquier dedo entretenido.

Los barracones cerrados, con los cristales opacos, que parecen casitas de verano de alguna familia alpina.

Los voluntarios de velar por la seguridad del museum, con sus calcetitas de boy scout y sus pañuelos y parches, que recuerdan a John Francis Smith, el guardabosques del Oso Yogui.

La verdad, sin segundas intenciones, del arbeit macht frei, “el trabajo os hace libres”, tan aplicado en la República de Weimar para incentivar el empleo tras la primera guerra mundial, forjado en un hierro repasado y sin óxido a la entrada del complejo.

Las mujeres que traen la compra del mercado, tienden la ropa o se sientan a fumar un cigarro en las viviendas alrededor del campo.

Definitivamente Auschwitz es un sitio agradable.

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1 millón de judíos de toda Europa, más de 70 mil polacos, 25 mil romaníes y 15 mil prisioneros de guerra soviéticos fueron asesinados aquí, entre toda esta eclosión de vida.

La propia naturaleza, con su sol radiante de verano y su vegetación silvestre encima de la sangre, se suma a las teorías negacionistas de Ahmadineyad e Irving.

¿Cómo es posible que el hombre ejecutase tamaña barbarie, como los israelitas y sus aliados europeos y estadounidenses nos tratan de hacer ver, en un lugar tan espléndido con todo ese verde y aire limpio? ¿Acaso no tiene Hollywood decorados más impresionantes, diseminados por el Atlas marroquí, por el campo neozelandés o en los estudios de Burbank, California, que estos cuatro maderos? ¿Es que nadie serio se va a preocupar de aplicar debidamente el método cartesiano?

Esto es un paseo por casetas y ladrillos. ¿Y qué si hay carteles que me cuentan historias para no dormir? No hay ninguna imagen interesante y aun así estas pueden estar manipuladas…

¡Ay! ¡Qué decepcionante Auschwitz I, que ni siquiera nos brinda una galería escabrosa como la que tiene Dachau!

¿Qué hay aquí de lo que nos cuenta el cine? ¡Pero si aquí es todo verde!

Aquí no hay ni un toque del barro de El capitán Hart, de la Lista de Schindler, de Cristoph Waltz escapando del campo donde murió Maximiliano Kolbe…

Aquí no hay ni rastro de un niño con el pijama a rayas, ni ningún preámbulo al piano del guetto de Varsovia. Aquí todo es verde y hace calor y estoy cansado.

¡Qué decepcionante!


Un par de cuadras después, frente a una de las chimeneas del campo.

— ¡Esto es horrible! Cuanto padecimiento, cuanto sufrimiento.

–Te deja mudo.

–De lo que es capaz el ser humano sin Dios…

–Ya ves.

–Oye.

–Dime.

–¿Tú crees que alguien se ha enamorado aquí?.

–¿Cómo?.

–¿Crees que la imagen de Roberto Benigni es posible? ¿El desearle, en mitad de toda ese miseria, los buenos días a tu mujer por la megafonía del campo?¿Es posible que Viktor Frankl, en su padecimiento, en su dolor hacia los ODmans, judíos adiestrados por los nazis para apalear otros judíos, encontrase el sentido de su vida? ¿Estuvo Dios aquí durante algún momento? ¿Fue indiferente a todo ese padecimiento? ¿Lo es ahora, en un día como hoy, dándole un color y olor amable a la memoria sobre lo que aquí ha sucedido?.

Auschwitz es un sitio agradable.

 

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(@RMoralesJimenez) Aventurero en chanclas. Periodista por empeño. Felizmente casado, felizmente padre. Director de Democresía. Cuando me pongo meloso o bruto, escribo por Espinosa Martínez.

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