Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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Vente a Alemania, PP

En España por

Hace casi cinco años, la irrupción de Podemos -cinco escaños en el Parlamento Europeo- pilló a la “clase política” con el pie cambiado. Muchos ojos se posaron entonces en el PSOE. Que el entendimiento sería la tónica con Izquierda Unida (IU) se daba más o menos por descontado, pero ¿qué haría el partido mayoritario del centroizquierda con la nueva formación, de tinte tan rupturista respecto al orden (constitucional) establecido? Sigue leyendo

Pablo Casado: el triunfo del apparátchik

En España por

Se detecta entusiasmo ante la elección de Pablo Casado (Palencia, 1981) como nuevo presidente del Partido Popular. No deja de resultar sorprendente: el joven líder representa muchos de los males que se han señalado hasta la náusea durante la última década de desafección política. Es casi un perfecto apparátchik, ese término coloquial de la etapa soviética con el que se designaba a aquellos funcionarios de responsabilidades difusas cuyo único mérito tangible era el correspondiente carnet del Partido Comunista. Los ocho años (1999-2007) que tardó en aprobar la carrera de Derecho dan idea de su ambición académica. El dato ha pasado casi desapercibido, gracias al mayor ruido generado por sus algo dudosas titulaciones de postgrado. Se ha publicado que sólo terminó –en un llamativo sprint final- porque fue la condición que le puso su mentora, Esperanza Aguirre, para incluirlo en las listas de las elecciones autonómicas de 2007. Sigue leyendo

PP y Ciudadanos: la derecha bicéfala

En Cultura política/España por

El pasado 15 de enero, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, dijo que su partido tenía que “aglutinar todo ese voto de izquierdas en torno a la única fuerza que puede ganar a la derecha bicéfala”. Como toda expresión surgida del argumentario de una formación política, tiende a la simplificación. Pero da una idea muy gráfica –esa era, nos tememos, la intención- del nuevo escenario que la irrupción de Ciudadanos ha traído consigo. La frenética sucesión de elecciones del período 2014-2016 ha hecho difícil encontrar el reposo necesario para hacer la digestión de tanta novedad. Ya con cierta perspectiva, unos y otros van asimilando la realidad: el centro-derecha ha dejado de ser propiedad exclusiva del Partido Popular (PP). Sigue leyendo

Don Camilo, don Peppone y la sociedad virtual

En Asuntos sociales por

Si no conocen a Camilo y a Peppone, no saben lo que se pierden. En una Italia post-guerra mundial en la que el comunismo ganaba cada vez más números para ocupar el vacío de poder dejado por el fascismo, un periodista italiano, Giovanni Guareschi, imaginó a aquellos dos magníficos personajes: un reaccionario cura de pueblo, Don Camilo, y su antagonista, el alcalde comunista Don Peppone. A cada cual más bruto, más auténtico, más tierno.

Lo genial de las historias de aquella pareja era su terrible humanidad –siendo ambos como eran un par de cabestros– y el elemento cómico que suponía llevar las grandes luchas ideológicas del siglo XX al ámbito hogareño de un pueblo rural, en el cual su gravedad se tornaba irremediablemente grotesca. Al final, Don Peppone acaba siempre escondiendo en su casa al curita de las masas a las que él mismo ha instigado contra la Iglesia y Camilo –tan reaccionario como es él– no puede evitar sacar de más de un apuro a su enemigo político, jugándosela para preservar el buen nombre del alcalde entre sus cuadrillas de comunistas. Sigue leyendo

“Menos con Bildu y el PP”

En Elecciones 24M/España por

A las cuatro de la tarde del sábado 27 de octubre de 1979 ETA asesinaba a tiros en la localidad de Villarreal de Urrechu (Guipúzcoa) al fotógrafo GERMÁN GONZÁLEZ LÓPEZ, militante del PSOE.

Con el asesinato del senador socialista ENRIQUE CASAS, la banda terrorista ETA culminó su macabra campaña electoral para las autonómicas vascas el 23 de febrero del año 1984, en la que además de asesinar a un candidato del PSOE pidió el voto para HB.

El 28 de abril de 1987 fallecía MARÍA TERESA TORRANO FRANCIA, ama de casa y militante socialista que había resultado gravemente herida en el ataque con cócteles molotov que siete etarras llevaron a cabo contra la Casa del Pueblo de Portugalete (Vizcaya) el 25 de marzo.

JOSÉ LUIS BARRIOS CAPETILLO, hijo de un concejal socialista, fue asesinado la noche del viernes 16 de septiembre de 1988 de un tiro en la cabeza a manos de dos etarras a los que su padre acababa de servirles una cerveza en el restaurante familiar en Santurce. Sigue leyendo

Habitar la propia vida: el espacio, las personas, el presente

En Antropología filosófica/Pensamiento por
habitar la propia vida

El ser humano es por naturaleza un ser que habita, un ser que transforma la realidad no solo con el fin de obtener cosas útiles, sino con el afán de dejar su huella en el mundo, de dejar algo de sí mismo en la realidad. Vosotros mismos cuando habéis llegado a vuestro cuarto, aquí en el Colegio Mayor lo habéis habitado, lo habéis llenado de fotos de vuestros seres queridos y de objetos que siendo poco útiles os son muy preciados pues forman parte de vosotros, dicen algo de vosotros, de quiénes sois y de qué es lo que os importa en este mundo; desde la bufanda del Real Madrid que cuelga del corcho de la pared, hasta la claqueta que adorna el escritorio recordando las noches de Butaca C. Allá donde moramos dejamos huella, imprimimos algo de quiénes somos en la realidad, la hacemos nuestra, nos pertenece a la par que le pertenecemos a ella.

[Este texto procede de la lectio inaugural del curso 2020-2021 del Colegio Mayor UFV, que ha sido editada para su publicación aquí]

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Frankenstein: el mito de la educación como fabricación

En Asuntos sociales/Dialogical Creativity/Educación por
frankenstein educación fabricación

«Hemos “hecho” un niño y queremos “hacer de él un hombre libre”… ¡como si eso fuese fácil! Porque, si se le “hace”, no será libre, o al menos no lo será de veras; y si es libre, escapará inevitablemente a la voluntad y a las veleidades de fabricación de su educador» (Frankenstein educadorPhilippe Meirieu, Ed. Laertes, Barcelona, 2008, p. 17).

Toda educación humana implica por naturaleza eso que algunos llaman «socialización» o «normalización». Este proceso es necesario tanto para la supervivencia inmediata como para la continuidad histórica de una sociedad: se trata de introducir al recién llegado, al menos, en el «sistema de vigencias» de la sociedad a la que es convocado, presente en ese acto que llamamos «tradición». Pero es también necesario para el recién nacido, para que éste pueda «introducirse» en la realidad humana, que es siempre una realidad social e históricamente mediada. Algo de esto comentamos al hablar del sistema de vigencias, clave para comprender cualquier realidad social.

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El hit de un verano de pandemia

En Distopía/El astigmatismo de Chesterton por

Ahora que todos estamos preparando la maleta con los libros que vamos a leer este verano, se hace más necesaria que nunca una biblia entre el tubo de la pasta de dientes y las cangrejeras.

Leer Apocalipsis al calor del telediario es ponerle subtítulos a las noticias. Y con esto, más que nunca si cabe, alguien tiene que llamar a la alegría en tiempos de mascarillas.

Cuando el día va mal suelo ponerme, el éxito de KC & The Sunshine Band.

Esta versión remasterizada es un deleite para los tobillos.

Cojen rápido el compás y se arrastran por el parqué volviendo a Forrest Gump, a tu padre con Barón Dandy, a tu madre y sus Ducados.

Si hubiese que pelearse con alguien en un bar por elegir el mejor tema de la noche, esta canción bien merecería un palazo en las costillas.

Batalla tecnológica

En Distopía por
Spider-Man Homecoming traje tecnológico

Después de tanta ventaja absoluta estadounidense en el campo de la tecnología con monstruos como Apple, IBM, Facebook, Microsoft, Amazon o Alphabet, China, por medio de Huawei, podría lograr un gran triunfo en la carrera hacia el 5G y superar ampliamente las extraordinarias ganancias obtenidas por Estados Unidos con el 4G.

Sin embargo, Washington se empeña en la competencia tecnológica mediante restricciones para estrangular a Huawei. Además, la respuesta a la utilización de componentes estadounidenses por parte de las empresas chinas se hace reversible a través de la colaboración con la japonesa Rakuten Mobile, el primer operador completamente virtualizado del mundo. La alianza entre el único imperio global y el único nominal sigue vigente.

Asimismo, las sanciones empujan al Reino Unido a prohibir los equipos de Huawei en su red 5G: Londres apunta a la incapacidad de la compañía china para acceder a los chips estadounidenses. Tanto la sueca Ericsson como la finlandesa Nokia se frotan las manos y Washington respira con la satisfacción de haber ganado una partida crucial.

Otro ejemplo claro de esta competencia con sus diferentes propuestas se observa en la pugna por construir las computadoras más poderosas: el proyecto Top500, un ranking de las 500 supercomputadoras con mayor rendimiento del mundo, ha sido liderado por un ordenador estadounidense en 28 de las 51 ediciones, pero China ha empezado a acercarse a la cima y es el país que más aporta. Lo cierto es que las máquinas americanas no solo siguen siendo más potentes que las chinas, sino que la tecnología china en gran medida se nutre de la americana. Así pues, China ofrece cantidad y Estados Unidos calidad; el superordenador más potente del mundo, mientras tanto, está en Japón.

Estados Unidos siempre debe recordar que sus mecanismos y circuitos son autónomos dentro de una maquinaria abierta, se miden entre sí y electrifican a otros para alumbrarse hacia la máxima potencia. China, por su parte, ha de tener presente que las propulsiones del motor central suelen ser inicialmente imponentes hasta que terminan sobrecalentando y averiando el sistema; el generador estatal y la industriosa imitación no alcanzan para erigirse en el supremo referente galvanizador. En este sentido, la estrategia básica del Estado para evitar el falso contacto consiste en blindar los  propios intereses e irradiar influencia.

Si la energía constante en las conexiones mantiene pulsado el botón de una carrera tecnológica cada vez más competitiva y realista, esta se automatiza automatizando y activa el desarrollo de cada país en diferentes formas: Japón, entre la cúspide tecnológica y la supeditación geopolítica, es uno de los actores recurrentes de esta dinámica.

“Todavía tengo un sueño”

En Mundo por

Cada cierto tiempo asistimos a hechos que, sin ser realmente conscientes de ellos, sentimos que marcarán un antes y un después en la historia. Probablemente no lo supiera Andrés Fernández de Andrada cuando escribió la Epístola moral a Fabio, que inaugura la literatura barroca en España y consigue condensar todo el espíritu humanístico de la época. En esta carta, Andrada invita a su amigo Alonso Tello de Guzmán a que, en medio de un clima tan convulso como es la Europa de principios del siglo XVII, encuentre en la sencillez y en la tranquilidad, la verdadera felicidad, siguiendo los preceptos estoicos que sustentan la filosofía de la escuela de Sevilla, a la que Andrada pertenecía.

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El ser humano y su condición indigente: una interpretación de la Pandemia

En Distopía/Pensamiento por

Todas las crisis de la Historia –ya sean políticas, económicas, sociales o ecológicas– han tenido repercusiones inesperadas, tan difíciles de prever y lidiar como sus propios orígenes. Sin embargo, podemos decir con Ortega y Gasset que siempre han tenido algo en común: el pertenecer a uno de dos tipos. O bien han sido crisis “vespertinas”, es decir, momentos oscuros que han sido el preludio de noches todavía más largas; o por el contrario, crisis “matutinas”, que como la muerte de Jesucristo –esta comparación es mía, no del agnóstico filósofo – han permitido el desarrollo de oportunidades más fecundas para la humanidad. La crisis generada por el Covid-19 no será diferente: también sus efectos serán imprevistos, y podrán ser totalmente nocivos o generar una nueva esperanza.

Esto es así porque la Historia no está escrita, sino que la protagonizamos las personas. Por ello, para saber cómo se andará el camino futuro, si nuestra sociedad escogerá el de la luz o el de la oscuridad, lo fundamental ahora es conocer el punto de partida. Es decir, comprender cómo esos seres humanos estamos pensando y viviendo la situación. Al hacerlo, constatamos que la primera característica es que casi todas las lecturas que se difunden son políticas. Y la segunda, que son totalmente contradictorias y, lo que es más significativo, radicalmente excluyentes entre sí: unos ven en la epidemia la demostración de que no existen las fronteras, otros por el contrario que éstas son más importantes que nunca. Para un sector evidencia que el Estado debe ser más centralizado, y en el que se le opone, que los entes subestatales habrían de tener más autonomía. Existen grupos que ven claro que “lo público” debe fortalecerse más, mientras que otros consideran que la iniciativa privada nos ha salvado. Los ecologistas radicales aplauden a Pachamama defendiéndose de los “virus humanos”, y sus contrarios dicen que si la naturaleza es una madre, es tan cruel como Saturno devorando a sus hijos. En general, se valora la importancia de la familia como primera sociedad, pero no ha faltado quien señalara que es el momento de destruirla por incapaz. Finalmente, algunos vemos con admiración y esperanza la labor de la Iglesia, en tanto que una escritora la tachó de “invisible” y un cómico de inútil.

El hecho de que la mayoría de estas perspectivas sean políticas implica que sean insuficientes para analizar una circunstancia en la que, sin pedirlo, hemos sido colocados. Así es porque antes de la estructura política existe otro fundamento que la sustenta, y no es el económico. Por ello, las también abundantes reflexiones en torno al “fin del neoliberalismo” son una muestra de milenarismo político; el mismo que lleva por lo menos desde la crisis de 1873 –y por supuesto tras la de 2008– hablando de superar el capitalismo porque no aguanta más. El verdadero fundamento prepolítico es el ser humano, o por decirlo más concretamente con autores como Steven Pinker o Thomas Sowell, la concepción que las distintas ideologías y propuestas tienen de la persona. Por ello, esta crisis puede ser matutina si, con independencia de las lecturas políticas que se hagan, se reflexiona antes sobre una pregunta muy básica que los profesores no suelen hacer a sus alumnos: ¿qué es el hombre? En mi opinión, y por decirlo en una sola frase, esta epidemia demuestra algo básico que también dijo Ortega y Gasset: que el ser humano es un “ser indigente”.

No somos entes “suficientes”, dice el filósofo, sino seres escindidos entre dos cosas que no elegimos: la circunstancia y la vocación. Una realidad, la primera, que nos es impuesta; y otra, la segunda, que nos es propuesta. Y esta falta de libertad es algo fundamental en lo que hay que insistir hoy en día, en un contexto socio-cultural en el que la destrucción de los límites no ya morales, sino también biológicos, se ha convertido en aspiración última del ser humano. En este sentido, algo importante que recuerda Julián Marías cuando comenta la idea de circunstancia, es que no se refiere únicamente a los acontecimientos sociales, políticos y económicos, sino antes que nada, a nuestra realidad psicofísica y vital. Esto significa, en el caso que nos ocupa, que la circunstancia es el Coronavirus como fenómeno no buscado; pero que también lo es la propia condición humana en tanto que realidad radical. A este aspecto hay que mirar para comprobar la condición indigente del ser humano. Y para ello, algo importante es refutar otro mantra que se repite cada día: el de que la presente crisis es una catástrofe histórica sin apenas precedentes, y que los jóvenes somos unos desgraciados porque estamos siendo expulsados de una vida de bienestar a la que tenemos derecho.

Esta perspectiva es errónea:  el hecho de que los seres humanos en Occidente hayamos vivido durante las últimas décadas alejados de tres de los cuatro jinetes del Apocalipsis (de la muerte biológica no podemos escapar, aunque Yuval Noah Harari insistía hace poco en que es un “problema técnico” que tal vez podremos resolver) es una anormalidad histórica. Desde el principio de los tiempos, el hambre, la enfermedad y la guerra han sido cotidianos; y todavía lo son en muchos lugares del mundo. Según nos recuerdan libros y artículos de personas como Steven Pinker, Jordan Peterson, o Johan Norberg, todo el desarrollo científico y tecnológico que poco a poco ha logrado aplazar la muerte es una novedad en la historia de la humanidad. Por eso, la pandemia forma parte de la lógica de la realidad humana, y lo que hemos de preguntarnos no es por qué ocurre, sino dos cosas más precisas: por qué hemos vivido tanto tiempo sin que aconteciera algo parecido, y por qué ha sido posible olvidar la condición indigente de la persona. La respuesta a la primera pregunta está en el progreso, y la segunda, en el ocultamiento de la muerte.

Sobre el progreso se escribió mucho después de la II Guerra Mundial, pues esta desgracia refutó el fideísmo que autores como Comte o Marx le profesaban. Sin embargo, la que me parece, por su sencillez, la mejor definición del mismo, es la que había hecho Manuel García Morente en 1931. Según este filósofo, corremos el riesgo continuo de confundir “progreso” y “proceso”. El segundo es automático, propio de la naturaleza; mientras que el primero es fruto de la aplicación libre de la razón humana, reducido a la historia. Así, el progreso que ha vivido la humanidad –en el pensamiento desde Grecia, en la relación con Dios gracias el cristianismo, y en el bienestar material a partir de la Revolución industrial– es obra del compromiso en el mundo, y no un regalo del destino. Creer que nuestra vida moderna, en apariencia perfecta, es un dato más de la realidad humana, implica caer en la “psicología del señorito satisfecho”. Así definía Ortega a una de las modalidades del hombre-masa.

El “señorito satisfecho”, por otro lado, al estar nadando en la abundancia desde que nace, se aleja del sufrimiento. Y con ello se deshumaniza, porque el primer dato de la experiencia humana es que la vida es un Valle de Lágrimas. Por eso escribía con acierto Baltasar Gracián que, en lo que parece un reconocimiento de lo que le espera, lo primero que hace el niño al nacer es saludar a su madre con el llanto. Hoy en día las lágrimas se reservan para el emotivismo, a la vez que se esconde el sufrimiento de todas partes. De ahí que una de las características más importantes de nuestro tiempo sea lo que Philippe Ariès llamó la cultura del “ocultamiento de la muerte”.  Un Zeitgeist que está detrás de un hecho que en estos días indigna a muchas personas: la ausencia de muestras de luto, y el bombardeo de imágenes con arcoíris y aplausos que esconden el padecimiento y la muerte de miles y miles de personas.

Frente a ello, esta crisis debería ayudarnos a recordar qué nos define a los seres humanos, y cómo se ha desarrollado la Historia de la que somos protagonistas. Puede ser una crisis matutina si nos lleva a valorar todo lo que tenemos, después de reconocer lo que somos. Y más que matutina, puede ser una crisis pascual si también nos conduce a ver la esperanza que nos trae la Resurrección. Un “hecho extraordinario” –por utilizar otra expresión de García Morente– que da sentido a las tres formas que la muerte tiene hoy en día en Occidente: la muerte aplazada –de las enfermedades–, la muerte oculta –del cuerpo biológico–, y la no menos importante muerte negada –la existencial, del sufrimiento cotidiano, que también se blanquea. Los seres humanos somos indigentes y es hora de recordarlo, y los cristianos podemos hacerlo a la luz pascual de Jesucristo.

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Conocimiento: cómo bordear el absurdo y el hastío en la cuarentena

En Cuarentena/Distopía por

Todo aquel tiempo fue como un largo sueño. La ciudad estaba llena de dormidos despiertos que no escapaban realmente a su suerte sino esas pocas veces en que, por la noche, su herida, en apariencia cerrada, se abría bruscamente. Y despertados por ella con un sobresalto, tanteaban con una especie de distracción sus labios irritados, volviendo a encontrar en un relámpago su sufrimiento, súbitamente rejuvenecido, y, con él, el rostro acongojado de su amor. Por la mañana volvían a la plaga, esto es, a la rutina.” (A. Camús, La peste).

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Suenan tambores de guerra: a propósito de Azaña y el frentismo español actual

En España por
manuel azaña cataluña

Se nos ha hecho extrañamente familiar abrir (la ventana de) un periódico y encontrar análisis de la situación política nacional en clave guerracivilista. Como en el famoso epigrama de Ángel González, parece ya una perogrullada decir que la historia, como la morcilla, se hace con sangre y se repite. Ya saben, España es una herida sin cicatrizar y todo eso.

Queramos o no, basta dar una opinión sobre cualquier tema nimio para vernos emplazados en uno de los frentes de un gran conflicto que, al parecer, hará añicos el país. Los políticos, versados en las creencias del pueblo al que gobiernan, con una mano hacen desaparecer problemas acuciantes de nuestra realidad material y con la otra sacan conejos simbólicos que nos dividen en los hunos y los hotros. Al invocar la historia y hacerla pasar por el embudo de su discurso, creen, y con ellos nosotros, que la domeñan, ignorando que nuestra historia la escribirán los que nos sucedan.

Si bien la dialéctica guerracivilista se remonta, por lo menos, a los debates suscitados por la Ley de Memoria Histórica, la confrontación frentista sí que parece una novedad de esta legislatura. Paradójicamente, las dos citas de Manuel Azaña, que Pedro Sánchez mencionó en tono conciliador durante el debate de investidura, tienen más bien un tono funesto para el que conoce su contexto. La primera cita proviene del famoso discurso Paz, piedad y Perdón, pronunciado el 18 de julio de 1938 en el Ayuntamiento de Barcelona, en la antesala de la Batalla del Ebro:

“Se comprobará una vez más lo que nunca debió ser desconocido por los que lo desconocieron: Que todos somos hijos del mismo sol y tributarios del mismo río“.

La segunda procede de una sesión de las Cortes, el 27 de mayo de 1932, que se centró en el proyecto de Estatuto de autonomía de Cataluña:

Nadie tiene el derecho de monopolizar el patriotismo“.

Entre las dos citas median, por cierto, tres golpes de estado contra la joven República, entendida, como la entendía Azaña, como una democracia liberal: La Sanjurjada en 1932, la Revolución de 1934 y el último y definitivo comandado por Francisco Franco en 1936.

La maldición que nos determina a tropezar dos veces con la misma piedra puede ser exorcizada, según creemos, si conocemos los entresijos de la historia. No parece conveniente, por ejemplo, extraer citas ad hoc que contradigan el sentido general del párrafo o del texto. La cita de Sánchez sobre el patriotismo obvia, por ejemplo, que en el mismo párrafo Azaña advierte que las soluciones políticas, además de patrióticas, han de ser acertadas, y que dos soluciones patrióticas enfrentadas pueden ser igualmente erróneas. Sin embargo, eso no lo más importante si queremos conocer los hechos pasados tal como sucedieron y no como un refrito ideológico presentista. Lo fundamental, y más difícil, es que atribuir a los actores históricos, en sus textos y acciones dentro de sus circunstancias, el conocimiento de los acontecimientos posteriores, o los valores con los que hoy juzgamos el mundo, nos conducen a conclusiones históricas poco fiables, cuando no engañosas o directamente erróneas. Nadie sabe, tampoco Sánchez, cuando citó solemnemente a “don Manuel Azaña, presidente de la República”, ni los que lo censuraron, en qué frente se situaría Azaña en la paradójica “monarquía republicana” actual, tal como la describe Javier Cercas.

En la historicidad en la que están embebidos, ambos discursos son, indudablemente, ejemplos de la gran oratoria azañista, cuya hondura intelectual sería impensable en nuestro contexto de política de memes y pokemons identitarios. También son ejemplos de la desacertada visión política de su autor, pues ni en 1932 fue capaz de predecir la deriva nacionalista catalana en los siguientes años, ni en 1938 supo calibrar el grado de recrudecimiento de ambos bandos. No obstante, es en estos desaciertos, por los que la República se le fue a Azaña de las manos, en los que se vislumbran destellos de un patriotismo optimista y bienintencionado que nos invita a reflexionar y a aprender sobre los errores anteriores.

Como muestra, extraigo dos fragmentos de los discursos, sobre los que no me voy a detener para que cada lector extraiga sus propias conclusiones. En el discurso de 1932, cuando el autonomismo es una empresa nueva y, por lo tanto, no exenta de riesgos e incertidumbre, Azaña confía en que, del proceso de descentralización del poder, España saldrá fortalecida:

“[…] no se puede entender la autonomía, no se juzgarán jamás con acierto los problemas orgánicos de la autonomía, si no nos libramos de una preocupación: que las regiones autónomas –no digo Cataluña-, las regiones, después que tengan autonomía, no son el extranjero; son España, tan España como lo son hoy; quizá más, porque estarán más contentas”. Más adelante dirá que la forma más inteligente de entender la política es como “una tradición corregida por la razón”.

En el discurso de 1938, resulta asombroso, en el contexto fratricida en el que, recordemos, Azaña confiaba en la victoria militar, su tono conciliador, que no sólo no le quita carta de españolidad a los sublevados, sino que los retrata como las víctimas, junto a sus demás compatriotas, de un proceso colectivo ciego de odio y de destrucción:

“[…] la guerra actual no es una guerra contra el Gobierno, ni una guerra contra los gobiernos republicanos, ni siquiera una guerra contra un sistema político: es una guerra contra la nación española entera, incluso contra los propios fascistas, en cuanto españoles, porque será la nación entera, y ya está siendo, quien la sufra en su cuerpo y en su alma”.

En el conocido final del discurso, Azaña hablaría de la guerra como la oportunidad de dejar a un lado los ideales grandiosos y fundar un nuevo contrato social entre hombres libres de rencor.

Hasta aquí, tal vez he podido dar la idea de que le atribuyo a la historia un poder, al menos en potencia, salvífico. Nada más lejos de mi intención. Esto, no nos engañemos, no va de historia, sino de batalla de discursos, de ideología. Como Azaña en 1932 o 1938, nada sabemos del futuro que nos aguarda. Y lo que podamos adivinar, ayudados por el conocimiento del pasado, se revelará, previsiblemente, como un falso indicio de una forma u otra. Bastante ardua parece ya la tarea de sacar algo en claro del guirigay presente, como para hacer previsiones fiables sobre el futuro.

Una de las pocas certezas que tengo de este presente es, sin embargo, la necesidad de entender que, bajo la hojarasca de las políticas populistas y las dualidades míticas de izquierda y derecha, se esconde la grieta, verbalizada de manera explícita en el artículo 2 de la Constitución, entre dos concepciones diferentes del estado y de la nación, es decir, de la ciudadanía. Los pactos y alianzas del gobierno actual parecen apuntar a una nueva dinámica de frentes sobre cuyos resultados sólo podemos conjeturar, sobre todo porque ambos frentes, bajo su apariencia homogénea, esconden, a su vez, elementos disgregadores.

Por un lado, el frente de izquierdas, impulsado por una acción centrífuga, se orienta al desarrollo de una confederación asimétrica que se estructuraría en identidades regionalistas. Dicho proyecto promete el encaje de los separatistas en el estado mediante privilegios. El de derechas, por su parte, concentra sus fuerzas en el mantenimiento de la nación política española, fuertemente unida al sistema monárquico-parlamentario actual. En el primero, el estado es un administrador de las regiones, que en mayor o menor medida tienen voluntad nacionalista. En el segundo, el estado emana de la soberanía nacional, quedando las autonomías como instituciones regionales administradoras, sin menoscabo de sus identidades culturales (en este grupo las propuestas territoriales varían, desde el centralismo de Vox al autonomismo fuerte del PP gallego, por ejemplo).

Sin quererlo, volvemos a encontrarnos de bruces con un destino que ya estaba escrito desde el principio. Tal vez los padres de la Constitución, en su patriotismo optimista y bienintencionado, minusvaloraron que “el enemigo de un español es siempre otro español”. Eso también lo dijo Azaña.

El Séptimo Sello: el silencio de Dios y la existencia en Ingmar Bergman

En Cine/Democultura/Religión por

A poca distancia de Estocolmo, en la misma región de Uppland, se encuentra una pequeña iglesia perteneciente a la comuna de Täby, edificada alrededor de mediados del siglo XIII. Esta iglesia es célebre porque en el techo se hallan las pinturas de Albertus Pictor (también conocido como Albert Målare o Albrekt Pärlstickare), realizadas durante la década de 1480, y entre las cuales se encuentra una muy particular, que muestra una partida de ajedrez entre un hombre y la muerte. Se dice que esta pintura, tan cargada de simbolismo, fue la inspiración de Ingmar Bergman para una de las cintas cinematográficas clave del siglo XX: El Séptimo Sello. Sigue leyendo

Twitter o la diarrea colectiva

En Distopía por

Últimamente, cada vez que entro a Twitter, tengo sensaciones escatológicas.

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Sobre el poder en la modernidad y la posmodernidad

En Cultura política/Pensamiento por

La variedad es la vida; la uniformidad la muerte.

Benjamin Constant

Buenas nuevas: Homo Legens acaba de reeditar la obra Sobre el poder en la modernidad y la posmodernidad, de Javier Barraycoa. Se trata de un brillante trabajo de síntesis, donde su autor recorre la mayoría de las referencias notables y determinantes en la materia; logra trazar el recorrido del concepto de poder desde la modernidad y su necesario e inevitable desarrollo hasta nuestros días, poniendo siempre el punto sobre las íes. El valor de este ensayo reside, precisamente, en lograr describir trayectorias, movimientos, que nos han llevado a un panorama político y social tremendamente erosionado.

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