Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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La Navidad, algo para cada uno

En Religión por

Mi padre detesta los regalos de Navidad. Le parece una costumbre insípida y puramente comercial. Está convencido de que siempre se acaba por entregar objetos innecesarios, pero, por no faltar al detalle, cada diciembre me pregunta si me gustaría recibir algo en concreto y me recuerda tajantemente que él no. Sigue leyendo

Navidad: reflexiones de una festividad ancestral

En Religión por

En occidente existen diversas tradiciones que son características de los últimos meses del año y que llegan incluso a traspasar fronteras.  Desde el Halloween anglosajón, pasando por el Día de Todos los Santos, el Día de Muertos en México, o el Thanksgiving Day en Estados Unidos, hasta las festividades propias del mes de diciembre, que nos son comunes en esta parte del hemisferio.

Es acercándonos al final del año cuando, inevitablemente, los medios de comunicación, los establecimientos comerciales y la familia, nos recuerdan que se acerca la Navidad, festividad que pareciera que se prepara con mayor antelación cada año. Ya no es extraño comenzar a ver árboles, luces o decoraciones navideñas en venta desde antes de que pase Halloween. Sigue leyendo

Resiliencia socialista por Navidad

En Andalucía/España por

No es nada fácil sentarse en un banquillo. Bien sea por una trifulca con el casero o bien sea por haber formado parte de la “presunta” mayor causa de corrupción de tu país. Sigue leyendo

Nueve películas que deberías haber visto en navidades

En Cine/Religión por

Una lista de películas que deberían haber sido vistas en Navidad. Bien. Empecemos mal. Obviaré el criterio de la temática navideña para elegir los filmes. Me guiaré por el siguiente mantra: películas que pueden acompañarnos en lo que queda de estas fiestas.

Para ello, he escogido algunas ideas que puede suscitar el misterio de la Natividad y he acudido a películas en las que ese aspecto tenga cierta importancia. Desde diversos puntos de vista podemos afirmar que el acontecimiento de la Navidad es: histórico, surrealista, tierno, sobrecogedor, inesperado, alegre, sanador, salvífico y revelador. Seguro que me dejo algo. Ya me perdonaréis. Sigue leyendo

Cinco grandes libros para las navidades

En Democultura/Literatura por

Siempre he dicho que recomendar libros en general, es una gran injusticia. Creo que recomendar un libro es, en gran medida, una labor de sastre. Hay que tomar las medidas adecuadas de la persona a la que se lo vas a recomendar: conocer sus gustos en estilo, saber lo que ya ha leído, qué es lo que busca (entretenimiento, formación, enriquecimiento personal, dominio de una época o de un autor, acercarse a los clásicos, etc.).

A continuación presentaré cinco grandes obras sobre la Navidad. Las recomiendo por ser muy navideñas, no sólo en el tema, sino también en el tono, en el ambiente y en el significado simbólico. Véase como una percha de pantalones de diversas tallas en unos grandes almacenes: a falta de sastre, el mismo modelo de pantalón -el mismo corte- en tallas distintas.

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Feliz Navidad, en la luz o en la niebla

En Asuntos sociales/Religión por

“NIÑOS: ¿Qué tiene tu divino corazón en fiesta?

YO: Un doblar de campanas perdidas en la niebla“.

Lorca, “Balada de la placeta“.

El mundo es tiniebla. Una densa espesura de nada y vacuidad. Vanidad, sentencia Qohelet, el mundo todo es vanidad.

En la noche oscura de san Juan, la del alma que escenifica la sombra de fuera, nada se ve. Quizá no falte la luz al ojo, y sea el objeto que le mostrare la nada. Ante ella, la misma luz que la educe es absorbida y contraída hasta el no-ser, como uno de esos agujeros negros de los astrofísicos: negros como la noche del alma. Quizá no sea sombra, sino vacío. Sigue leyendo

Feliz Navidad, Carmena

En Asuntos sociales/España/Religión por

(La Navidad…) «es cristiana y la belleza de esa fiesta es que ha desbordado su contenido y sus valores y ha hecho que sea una fiesta internacional» (1 de diciembre de 2016).

Esta frase no es de la última carta pastoral del obispo de Madrid, ni del último discurso del Papa Francisco en el último ángelus. Es una cita de la alcaldesa de Madrid, la Excma. Sra. Manuela Carmena.

A veces asombra la intuición que tienen los de fuera para explicar lo que hay por dentro. El cristianismo nunca ha tenido el menor reparo en compartir su fe. Se quiera o no, su vocación es católica, término cuya etimología griega apunta a la universalidad (“kata”- sobre; “olos”- todo). Sigue leyendo

Una Navidad ganada a los nazis

En Literatura/Religión por

La noche del 24 de diciembre de 1940, en el campo de prisioneros de Tréveries, el filósofo Jean-Paul Sartre se estrenaba como dramaturgo delante de 2000 presos con Barioná, el hijo del trueno.

El ateo beligerante y reconocido como uno de los “padres del existencialismo” elaboró durante 6 semanas el texto con el que Voz de Papel calificó, tal y como reza la portada de su segunda edición, a Sartre como “un ateo que presenta mejor que nadie el Misterio de la Navidad”.

Para dar con esta singularidad, hubo detrás un elaborado trabajo de investigación por parte del Dr. José Ángel Agejas, para recuperar una obra denostada y condenada al ostracismo por los estudiosos de Sartre y cuya edición fue vetada incialmente por el propio Sartre por temor, según John Ireland, a que “si autorizaba su representación, la fuerza de esta obra oscurecería el resto de su producción teatral”. Sigue leyendo

Black Mirror: Especial de Navidad

En Democultura/Series por

 

 

Iré al grano. Acabo de ver el especial de Navidad de ‘Black Mirror’, esa afamada (afamadísima) serie británica que con tan solo siete capítulos en tres años ha conseguido escandalizar, deslumbrar y levantar pasiones en todo el mundo a partes iguales.

Quizá su éxito se deba solamente al morbo que genera lo rocambolescamente cruel que resultan las distopías presentadas por Charlie Broker en cada uno de los episodios. Personalmente prefiero creer que no, aunque tengo mis dudas. De ser así, las abultadas cifras de audiencia y el reconocimiento social y cultural obtenidos por la serie no vendrían sino a confirmar lo que proponía el terrorista del primer capítulo: que somos una raza despreciable.

La otra hipótesis, la improbable, es que el creador de ‘Black Mirror’ haya conseguido crear lo que en literatura se definiría como un clásico, es decir, una obra que habla de la condición humana, de lo universal.

Pese a los muchos ingenios y artimañas tecnológicas que emplea Broker para presentarnos cada una de las situaciones que plantea en la serie, resulta obvio que, se haya dicho lo que se haya dicho, ‘Black Mirror’ no es una distopía tecnológica, es una distopía a secas.

La diferencia de matices está en que el mal que presenta no proviene de los dispositivos que imagina sino de lo más viejo que existe en este mundo: la corrupción humana. En este caso, dicho mal viene en algunos de los capítulos disfrazado de un puritanismo justiciero que lo hace, si cabe, aún más terrorífico. Es lo que ocurre en ‘White Christmas’, el capítulo estrenado estas Navidades después de casi un año de parón de la serie.

Dicen que cuando el sabio señala la luna, el tonto mira el dedo. Lo mismo ocurre cuando hacemos una lectura de la serie en clave “el problema es la tecnología”, como ya hicieron los amish en su momento (aunque tengo entendido que todavía existen algunos). La tecnología es poder, tanto la de ayer como la de hoy, y el proceso de empoderamiento del hombre es algo que viene produciéndose, por poner una fecha, desde que el primero de nosotros consiguió encender una hoguera en una cueva.

Por eso, cabe sospechar que para que se produzca el mal hasta los extremos que presenta la serie no es estrictamente necesario que se produzca un salto cualitativo a nivel tecnológico sino que termine de producirse otro proceso que viene desarrollándose de forma paralela (sin que exista relación de causa-efecto) al desarrollo de la tecnología: el abandono de la moral.

Claro está que comprender la moral como diez preceptos en una tabla de piedra no nos solucionará (al menos no del todo) el problema de qué hacer con el poder que hemos alcanzado. Más bien cabría encararla como un modo de tratar la realidad y a los otros teniéndolos en cuenta en su integridad.

Como se imaginarán, dicha tarea es casi nada. Quizá por ello hay tan pocos santos. Para este trabajo ‘Black Mirror’ no da la solución. Es labor de cada uno o, aún mejor, de cada sociedad y cada civilización recorrer el camino que sea necesario para recuperar (o alcanzar) el mejor modo de hacer uso de su poder para la felicidad del hombre, es decir, para el bien de toda la realidad.

1714, 1914, 2014… ¡Feliz Navidad!

En Asuntos sociales/Cataluña/España por
Imagen de la Tregua de Navidad de 1914, durante la I Guerra Mundial

Se nos termina 2014. Se acerca la Navidad de un año que ha sido díficil, muy difícil, y en el que la convivencia entre los españoles ha sufrido varapalos importantes. Cabe esperar que muchas sobremesas de Nochebuena sean algo más tensas, quizá incluso tristes, de lo habitual.

Este ha sido un año, además, marcado por las referencias bélicas, entre las que destacan, por encima de todo, el centenario del comienzo de la I Guerra Mundial y, debido al interés político de algunos, el final de la Guerra de sucesión (1714) con el sitio a la ciudad Barcelona.

Aprovechando la cercanía de las fiestas y las conmemoraciones, quería presentarles un suceso, relativamente poco conocido, que tuvo lugar la Navidad de 1914 en el frente occidental de la I Guerra Mundial. En un lugar donde combatían alemanes, escoceses y franceses, cerca de la localidad belga de Ypress, en medio de los mutuos bombardeos, de la suciedad de las trincheras y de los cadáveres congelados, algunos centenares de hombres mugrientos celebraron la Navidad de un modo extraordinario, que ha sido magníficamente adaptado al cine por el director francés Christian Carion.

La tregua de Navidad

Tras casi cinco meses de enfrentamiento y desgaste en las trincheras, la víspera de Navidad se produjo un hecho maravilloso, algo de una humanidad pasmosa. Los propios combatientes acordaron una tregua a espaldas de sus mandos para celebrar la fiesta y acabaron celebrando juntos una Navidad que ha pasado a la historia. Les dejo que vean un momento de la película:


La tregua dio lugar a algunas imágenes inéditas en la historia bélica. Algunos ejemplos son la celebración de una misa del Gallo en pleno frente, la noche del 24 de diciembre, y a la que acudieron los tres ejércitos. O la celebración de partidos de fútbol entre las “selecciones” de los mismos ejércitos que horas antes trataban de matarse. También se produjeron escenas de confraternización y mutuo conocimiento que todavía hoy asombran a quienes las contemplan.

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Una oportunidad de encontrarnos

Muchos de aquellos hombres no serían ya cristianos más que por tradición, con toda seguridad. Tampoco lo es, a un nivel más evidente, la sociedad en la que el nacionalismo pseudo-religioso y las ideologías clasistas tratan de enfrentarnos. Sin embargo, la contemplación del misterio de la Navidad –Dios que se entrega a los hombres como un niño de pecho– les unió aquella noche de forma fraternal.

Para muchos hogares, Navidad no es más que una celebración de la familia y esa sola festividad justifica sentarse a la mesa, por lo menos una vez al año, con parientes, hermanos, primos, tíos, padres, a los que en muchas ocasiones no se estaría dispuesto a soportar en otra circunstancia.

Cada año ocurre que somos capaces de abrazar a algunos que son casi como desconocidos para nosotros en comparación con nuestras relaciones más cercanas, pero a quienes nos sentimos unidos por un vínculo insalvable, un vínculo familiar.

Eso no quita que haya diferencias, ¡vaya si las hay!. Uno puede imaginarse las discusiones que tendrían también aquellos hombres sucios, cansados y cubiertos de manchas de sangre que salieron de sus trincheras aquella noche del 24, pelados de frío, para celebrar la Navidad con el enemigo.

Y, sin embargo, ellos sí fueron capaces de entender aquella noche en qué consiste ser hombre, y de reconocer en el otro a alguien a quien se parecían más que a quienes trataban de enfrentarles. ¿Somos capaces nosotros?

Ojalá que esta Navidad sea ocasión de encontrarnos con los nuestros, sean de donde sean, tanto si es para disfrutar del entrañable clima familiar como para poner de manifiesto las diferencias políticas (o futbolísticas) en las discusiones de sobremesa. La convivencia real con los nuestros es lo único que puede salvarnos de las guerras de puro y salón (ahora también de Twitter), las que son solo ideológicas, las inventadas.

Si además son ustedes católicos o cristianos de alguna denominación, entonces, todavía más, únanse para celebrar que en palabras del Barioná de Jean Paul Sartre:

«Me desborda la alegría como una copa rebosante. Soy libre, tengo mi destino en mis manos. (…) Tenemos que ser dichosos –le dice a su mujer–: te quiero y Cristo ha nacido».

‘Barioná o el hijo del trueno’. Jean Paul Sartre

¡Qué tengan una feliz Navidad!

Qué es obra de arte

En Democultura/Pensamiento por

La pregunta por la naturaleza de la obra de arte y su sentido constituye el núcleo de una incógnita que tiene que ver tanto con la deriva actual del arte como con la intuición de una pérdida: la pérdida de la mirada estética, de un tipo de relación con lo artístico, que permitía que el arte constituyera de algún modo una experiencia completa de verdad, de belleza y de bien.

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Iglesia y política en la era Francisco [Parte I]: la ruptura entre discurso y praxis

En Religión por
Papa Francisco I

A pesar de que -como señalara acertadamente Hannah Arendt– desde su misma aparición el Cristianismo supusiera un desafío al poder constituido, se erigiera en una identidad disruptiva de la esfera pública en general y de la política en particular, la Iglesia siempre hizo, hace y hará política. Política interna y externa.

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Marie Kondo o por qué una camiseta sí puede traer la felicidad

En Democultura/Series por

Desde que Netflix estrenó la serie de Marie Kondo, la gurú japonesa que ha puesto patas arriba los hogares de muchos con su método para ordenar y a otros tantos les ha regalado unas buenas risas, he escuchado a amigos y conocidos que ridiculizan hasta extremos desorbitados esta propuesta. Un método que por sencillo puede parecer ridículo, pero creo que no hay nada más necesario que nos recuerden una y otra vez lo evidente. Y con evidente no me refiero al hecho de que cuando ordenamos un espacio ya sabemos que nos ayuda a ordenar la mente, a organizarnos mejor, a hablar menos de lo que me queda por hacer y más entre nosotros o a evitar tirarle a algún ser querido un cenicero a la cabeza por pura desesperación. Con evidente me refiero a que Marie Kondo utiliza el único método que a mi juicio es verdadero: preguntarnos si lo que tenemos delante corresponde más o menos con nuestro anhelo de felicidad.

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La ternura de la sencillez

En Religión por

“La natividad” (1597), Federico Fiori Barocci

Recuerdo desde niña ver esta imagen en la Biblia ilustrada que mi madre colocaba en el recibidor de mi casa. Siempre estaba abierta por esta página durante los días de Navidad y recuerdo observarla durante horas, sabiendo que, dentro de su sencillez visual, había algo mágico en ella que captaba mi atención. Es la imagen de Natividad que viene a mi cabeza cuando pienso en esta época y su recuerdo no solo me devuelve a la niñez, sino que hace permanente en mí la sensación que tenía al observarla: la ternura que emana de o la sencillez de esta escena. Sigue leyendo

Solo quien ama canta

En Antropología filosófica por

Buscando mis amores,

iré por esos montes y riberas;

ni cogeré las flores,

ni temeré las fieras,

y pasaré  los fuertes y fronteras.

San Juan de la Cruz

En Solo quien ama canta encontramos una serie de deliciosos textos de Joseph Pieper sobre las andaduras terrenales del hombre en torno al trabajo, el ocio y las artes en general y la música y la escultura en particular. ¿Para qué trabajamos?, se pregunta Pieper, y responde siguiendo a Aristóteles: para poder tener ocio. El trabajo ha absorbido el tiempo y el esfuerzo de los hombres, en un régimen de «estado totalitario de trabajo» y el Arte parece asomarse como la hierba entre los adoquines de una acera en tiempos estériles, donde nos preguntamos para qué sirven los poetas, como reza el canto de Hölderlin.

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Kiko Matamoros: “Vivimos en una disparatada y pueblerina feria de la corrección”

En Asuntos sociales/Entrevistas por

En una escena de La ley de la calle de Francis Ford Coppola, uno de los personajes dice, refiriéndose al ‘chico de la moto’ que ha vuelto a la ciudad tras un tiempo de retiro, que “parece un rey en el exilio”. Nos encontramos con Kiko Matamoros delante de un bar de Pozuelo. Se mantiene erguido y con la mirada como apuntando a un horizonte remoto que no existe, mientras da profundas caladas a un cigarro. Es como un rey en el exilio, alguien que ha encontrado la tranquilidad fuera de sus dominios. Sigue leyendo

Saint-Exupéry: “El hombre es un nudo de relaciones”

En Antropología filosófica/Literatura/Pensamiento por

Hay autores que han desaparecido a la sombra de una de sus obras; personajes ficticios que se vuelven icónicos, todos los reconocen, pero no muchos han profundizado en la genialidad del autor. Si hablamos de Saint-Exupéry, lo relacionamos en seguida con un pequeño príncipe rubio con el pelo revuelto cuyo corazón anhela encontrarse de nuevo con una delicada y coqueta rosa. Pero El Principito es la obra de madurez de un autor cuyo recorrido existencial queda reflejado progresivamente en sus escritos. Saint-Exupéry ha sido uno de esos genios, adelantados a su época, su mirada atraviesa la epidermis de la realidad en busca del anhelo de sentido que intuye existente pero no ha encontrado.

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Tabarnia es tomarse muy en serio el humor

En Cataluña/España por

Es notable que el humor desde Cataluña sobre la realidad de Cataluña en España haya tardado tanto en llegar. Es llamativo que en todos estos años de deriva secesionista, desde las entrañas de la comunidad autónoma, no hubiese salido ninguna propuesta “seria” de tomarse a broma todo lo que está ocurriendo.

Decía Camilo José Cela que “el humor es la gran coraza con la que uno se defiende en este valle de lágrimas”. Parece que los de Tabarnia le han dado tangibilidad a la cita.

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USS Callister: distopías digitales a la carta

En Democultura/Series por

Ya está aquí la cuarta temporada de Black Mirror, la aclamada serie británica empeñada en plantearnos inquietantes reflexiones sobre el ser humano y la tecnología. El primer episodio, del que trataremos de extraer algunas ideas que consideramos interesantes, se titula “USS Callister”.

[A partir de aquí, comienzan los temidos spoilers] Sigue leyendo

Por qué soy muy de Murakami

En Democultura/Literatura por

 

Nueva York, barrio de Harlem. Gotas de lluvia martillean el cristal. La habitación es cálida, pero hace frío fuera. Es de noche y solo la luz mortecina de unas pocas farolas ilumina la calle. Sobre la mesilla de noche, una novela: Tokio Blues, de Haruki Murakami.

Quizá se tratase del libro adecuado en el momento justo, pero su historia me cautivó, atrapó mis sentidos. Me convertí en prisionero de Japón durante los días que estuve degustando cada pasaje, cada plato de nigiri o coca cola que ingiere el protagonista. Estuve enamorado de las mismas mujeres y apesadumbrado por los mismos fantasmas que Toru Watanabe. Yo también hice el amor con Naoko y sentí nostalgia por un tiempo que nunca había existido.

Portada del libro “Tokio Blues”.

Sí, señores. Soy murakamiano hasta la médula y ya es hora de que alguien lo diga. Parece que la etiqueta de “eterno candidato al premio Nobel” ha borrado la estela de un escritor al que admiro por su forma y contenido. Hacía tiempo que un escritor no me había atrapado de la manera en que lo hizo ese ex barman de Kioto en aquella noche de neón en la gran manzana.

La literatura es algo muy personal, nunca buscaría convencer a alguien que ya probó la píldora del nipón de que debe probarla de nuevo, pero sí busco subrayar y dar brillo a una figura bastante denostada últimamente. Quizá por esa manía hipster de aborrecer cuanto se vuelve mainstream o best seller, como pasa con Murakami en nuestro país.

La escritura del autor de Tokio Blues tiene un tremendo poder sensorial, consigue que sientas la comida y la bebida en el paladar, que escuches los ritmos de los Beatles en tus tímpanos y que te acuestes con alguien sin mover un solo dedo. Su capacidad de volcar sobre el papel un sinfín de sensaciones conduce al lector a través de un vaivén en el que, finalmente, la historia es lo de menos.

Tokio Blues es su novela más redonda, de las que he leído. Luego vino Baila, baila, baila, una novela donde durante páginas y páginas no sucede absolutamente nada. Pero él tiene esa magia. No te interesa lo que le pueda suceder al protagonista que se aloja en el Hotel Delfín, te apasiona su mundo interior, sus sueños, rémoras y cotidianeidad.

La nostalgia juega un rol fundamental en sus libros, es casi como otro personaje, algo que quienes solemos torcer la mirada hacia el pasado encontramos especialmente suculento. Como sucede en Los años de peregrinación del chico sin color, donde Tazaki vive obsesionado con la ruptura de su pandilla de amigos cuando era adolescente.

Las recopilaciones de relatos Hombres sin mujeres y Detrás del terremoto son claros ejemplos de que Murakami es capaz de otorgar una atmósfera onírica a la historia sin necesidad de muchas páginas. Y es que, precisamente, uno de los baluartes de este autor es que cada libro suyo es una experiencia, un viaje del que uno regresa cambiado y reflexivo.

Sin excesivo barroquismo, el japonés es capaz de elegir la palabra adecuada para que con cada capítulo, leer se parezca a esa experiencia psicotrópica que solía ser la lectura en la niñez y la adolescencia. Sigue la máxima que defendiera Francisco Umbral en Mortal y rosa:

El arte descriptivo, minucioso, es pueril y pesado. El arte expresivo, expresionista, aísla rasgos y gana, no solo en economía, sino en eficacia, porque arte es reducir las cosas a uno solo de sus rasgos, enriquecer el universo empobreciéndole, quitarle precisión para otorgarle sugerencia”.

Y así lo creo yo. Murakami es un maestro de la sugerencia, capaz de emocionarte e incluso traer recuerdos a tu memoria mediante el relato de introvertidos personajes amantes del jazz que viven su historia en primera persona, como cada uno de nosotros. Tokio Blues comienza con un hombre que recuerda su pasado mientras escucha Norwiegian Wood de los Beatles en un avión. Baila, baila, baila con el protagonista tumbado en la cama al lado de una chica, mientras llueve en la calle y fuma un cigarro. ¿Os suena? Somos lo que leemos.

Dos herejías sobre la belleza: Soloviev al rescate

En Pensamiento por

Existe una herejía alarmante muy extendida en Occidente. La densidad especulativa de Disney la ha acuñado en el confuso aforismo “la belleza está en el corazón”. Tratándose del cuento de una doncella que se enamora de una criatura caracterizada como “bestia”, supondré que se trata de la posibilidad de amar a alguien independientemente de su fealdad aparente, cuando en su interior reside el bien.

Todo esto me resulta muy confuso. En primer lugar, está la ambigüedad de un “corazón” en el que debe residir un cierto bien que no sabemos muy bien en qué consiste. No menos preocupante parece ese verbo “estar”. La belleza no “está”, no se sitúa. Se corre el terrible riesgo de etiquetar arbitrariamente la posición de la belleza o, más terrible aún, se corre el riesgo de disolver la belleza en un cierto carácter moral.

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