Revista de actualidad, cultura y pensamiento

UserImg Search result

nacionalismo

75 result(s) found.

China global: comunismo, capitalismo y nacionalismo

En Economía/Mundo por

Estudia el pasado si quieres pronosticar el futuro

Kung Fu Tzu (Confucio)

Globalización china

Fueron los primeros en padecerla y los primeros en controlarla. En China nació la pandemia del Coronavirus, que superó rápida y eficazmente con supuestamente pocas victimas (en comparación con otros grandes países) y con secretos oficiales que supuestamente nunca existieron; e incluso se daban el lujo de enviar ayuda sanitaria a naciones necesitadas, a ganar dinero con las mascarillas y respiradores tan deseados, y reírse públicamente de los afectados y divididos EEUU de Donald Trump.

La República popular de China quería, y quiere, ser la primera potencia global y esta pandemia global era otra oportunidad. Porque durante el siglo XXI ha lanzado un gran proyecto económico, político, tecnológico y propagandístico para conseguirlo. El tercer país más grande del mundo por territorio, y el segundo por población, quiere sustituir a los EEUU como líder internacional, demostrando que una nación aún definida como comunista puede ser fortaleza capitalista (desde su peculiar versión) y referente nacionalista a nivel geopolítico (frente al hegemónico eje euroatlántico y sus miembros liberal-progresistas)

La Globalización parece que le ha venido como anillo al dedo. Al contrario de sus “hermanos soviéticos”, la China comunista sobrevivió a la caída del Muro del Berlín (como su vecina Vietnam), pero no como país colectivista subdesarrollado (de Cuba a Corea del Norte) sino como peculiar artefacto comunista-capitalista-nacionalista, capaz de adaptarse a un entorno aparentemente hostil no solo para subsistir, sino para vencer, e incluso convencer, ante la simple necesidad de usar y tirar (de bienes a relaciones, de valores a lealtades) en la que parece haberse convertido el mundo globalizado.

Existen tres claves interrelacionadas que harían obsoletos los manuales clásicos de ciencia política: comunismo, capitalismo y nacionalismo. Pero, ¿puede ser un Estado que apela al socialismo de partido único tener un sistema productivo más o menos capitalista?, ¿pueden capitalismo y comunismo encontrar puntos de encuentro sin desafiar a la lógica?, ¿y un régimen de supuesta naturaleza proletaria e internacionalista puede ser orgullosamente nacionalista o realmente no es ni verdadero comunismo ni auténtico capitalismo, sino solo un nacionalismo autoritario de élite restringida que se aprovecha del pasado y del presente para mantenerse?.

Posiblemente la respuesta a estas preguntas sea que no interesa una respuesta: pese a las diferencias ideológicas o a los distintos derechos humanos defendidos, da igual lo que sea o pueda ser quién nos fabrica nuestros artilugios, quién nos vende nuestras necesidades o quien nos enriquece con sus costos. Ahora y casi siempre.

Comunismo

“La vía china al socialismo”. Este es el lema de un régimen doctrinal, simbólica e institucionalmente comunista desde su fundación, que en el art. 1 de la Constitución se autodefinía, ni más ni menos con los ojos de hoy, de la siguiente manera: “la  República Popular China (RPCh) es un Estado socialista bajo la dictadura democrática popular, dirigido por la clase obrera y basado en la alianza obrero-campesina”.

El 1 de octubre de 1949, el líder comunista Mao Zedong proclamó el nacimiento de la RPCh. Tras la mítica “Larga Marcha” y la victoria de su Ejercito popular de Salvación en la Guerra civil china (1927-1949) frente al Kuomintang (o Partido Nacionalista Chino), se implantó una variante del comunismo estalinista en boga en las tierras del legendario Imperio (Zhōnghuá dìguó).

Hasta 1976 el país estuvo bajo el férreo control del “fundador” Mao y sus sueños de una total, revolucionaria y utópica transformación colectivista de la China rural, tradicional y atrasada. Llamado como el “gran timonel”, Mao aplicó una ingeniería político-social sin ningún tipo de escrúpulo moral, entre la colectivización a gran escala y la depuración sistemática de todo real o posible disidente, como se demostró en sus grandes campañas represivas: la primera estrategia “para suprimir contrarrevolucionarios”, el posterior programa “Tres Anti y Cinco Anti”, el sistemático “Movimiento antiderechista”, el tremendo “Gran Salto Adelante”, y la final y dramática “Revolución Cultural”.

Ante las evidentes dificultades económicas del sistema y la represión masiva insostenible, su sucesor Deng Xiaoping (1978-1989) encabezó un gobierno limitadamente aperturista (especialmente en lo económico, como veremos) que mostró sus contradicciones tras la persecución de las revueltas estudiantiles de Tiananmen. Por ello Jiang Zemin (1989-2002), Hu Jintao (2002-2012) y Xi Jinping (desde 2012) buscaron mantener la supervivencia del sistema acrecentando el contenido capitalista (bajo especial control del Estado) y nacionalista (sobre la mayoritaria etnia Han) del mismo. Desde el crecimiento económico como legitimación popular, la propaganda pública masiva como adoctrinamiento, la cooptación de elites empresariales en el seno del PCCh, la influencia geopolítica en el pretendido mundo multipolar, y una represión más selectiva apoyada en los comités vecinales y la censura oficial (especialmente desde 1996 con el llamado “Gran cortafuegos” de internet).

Capitalismo

La gran fábrica del mundo. Bajos salarios, escasas condiciones laborales, pocos controles medioambientales, disciplina productiva férrea, imitación a gran escala o uso intensivo de recursos naturales; condiciones que hacían de China el productor bueno, bonito y barato que inundaba de productos nuestras estanterías.

Todo comenzó en 1979, con un programa radical de reformas económicas ante la crisis casi terminal a la que abocó el sueño de Mao. Programa inscrito dentro del plan del periodo llamado como “Boluan Fanzheng” (o “eliminar el caos y volver a la normalidad”), impulsado por la facción reformista del PCCh, con el objetivo de superar los errores brutales de la “revolución cultural” de Mao y dar bienestar a la ciudadanía empobrecida a cambio de renovada lealtad. De la mano de Deng Xiaoping se aprobó el nuevo programa definido bajo el ideal de “socialismo con características chinas”, buscando transitar progresivamente de la estricta planificación colectivista (que hundía todos los indicadores) a una peculiar economía socialista de mercado (que garantizase primero el suministro básico, y después cierta expansión). Las hambrunas masivas y los problemas de financiación de esa época permitieron a esta nueva generación impulsar la inevitable aunque restringida transformación: inicialmente mediante la descolectivización urgente de la agricultura, la búsqueda de inversores extranjeros y el primer permiso para abrir pequeñas empresas privadas; y años más tarde con la privatización un notable porcentaje de la industria estatal, la eliminación del control de precios, y la exigida apertura de las políticas proteccionistas. Un proceso siempre dirigido por el PCCh que, entre avances y retrocesos (como tras la represión de Tiananmen, o bajo la etapa más estatista de la administración “Hu-Wen” de Jintao y Jiabao), entre 1978 y 2010 llevó a un crecimiento histórico de la economía china con una media del 9,5% anual, y al país desde 2014 al primer puesto como potencia industrial y exportadora y al segundo puesto de la lista mundial de PIB nominal. Un proverbio chino podría ser claro al respecto: “cuando el dinero habla, la verdad calla”.

Pero ésta fábrica comenzó a tener tiendas. Ya no solo fabricaban para las empresas occidentales a bajo costo, sino que sus negocios eran parte de nuestra vida, desde el ya muy habitual restaurante chino de menú económico y estándar, al bazar chino de horarios imposibles y amplísima oferta o al polígono de almacenes chinos donde se puede comprar de casi todo; e incluso sus marcas empezaban a ser referentes de nuestra elección por sus precios supuestamente baratos: móviles de Xioami o Huawei, electrónica de Lenovo o Anker, electrodomésticos de Haier o Hisense, videojuegos de Cheetah o Elex, y comercio en las aplicaciones de AliBaba. Y fábrica que se usaba también, al estar bajo supervisión o bajo capital estatal, como herramienta de influencia geopolítica mundial, especialmente bajo la presidencia de Xi Jinping; a ello respondían las impresionantes inversiones en África en búsqueda de recursos naturales (como las “tierras raras”), o el sueño de la “Nueva ruta de la Seda” para interconectar, más económica y rápidamente, Europa y Asía.

Nacionalismo

Comunismo y capitalismo necesitan de una Nación a la que dominar y representar, y a la que poner a trabajar y a consumir. Una Nación que debía ser la continuación de una civilización milenaria, que tenía que ser uniforme internamente (en su lengua y sus símbolos), que debía ser diferenciada de vecinos y adversarios, y que tenía que proteger su “espacio vital”.

En primer lugar mediante una identidad uniforme, construida y difundida a través de la lengua común y oficial, como el “mandarín” (frente al chino yue o cantonés, y a dialectos variados y minoritarios), y con una etnia mayoritaria, como los “han” (con la que “repoblar” tierras uigures o tibetanas, y asimilar a los manchúes, miao o zhuang). Y en segundo lugar, dominando el llamado “espacio vital chino”, que comprendía la integridad territorial de un vasto país y sus zonas tradicionales de influencia. Controlando por ello, y directamente, las lejanas y diferenciadas regiones, como la montañosa zona del Tibet o Xīzàng (de originaria etnia budista) y la fronteriza provincia del Turquestán o Xīnjiāng (de originaria población uigur y musulmana); regiones sin autonomía propia y sometidas a un profundo proceso de aculturación (demográfica, lingüística y religiosa). Integrando paulatinamente a las supercapitalistas ciudades-estado de Macao y Hong-Kong, antiguas colonias europeas recuperadas como “regiones administrativas especiales” (bajo el lema “un país, dos sistemas”); tomando el control del llamado Mar de China meridional, creando islas artificiales para ampliar y delimitar su zona de control (pese a las quejas de Brunei, Filipinas, Malasia, Singapur o Vietnam); e intentando aislar a la independiente República china de Taiwán (isla de Formosa) de reconocimiento internacional al reclamar que de iure es parte integral de la China continental (separada, de facto, tras el triunfo de la revolución comunista y el exilio a la isla del gobierno nacionalista en 1949).

China sabe vender y sabe venderse. Nacionalismo difundido dentro y fuera de sus fronteras como no expansivo y muy equilibrado entre la tradición y la modernidad, en un ejercicio que puede parecer imposible, o cuando menos curioso, para la mentalidad liberal-progresista occidental. Una fusión sin paragón, y con interpretaciones diversas, que aspira a conectar la herencia territorial imperial con la dominación actual comunista, cierta espiritualidad milenaria con la pretendida ética socialista patria, los valores familiares de siempre con un capitalismo superproductivo e hiperconsumista, la soberanía de las naciones con la represión de las autonomías internas, los derechos de propiedad individual con la tutela pública final (como recoge el primer Código civil unificado de 2020).

Y en esta venta son unos maestros: un país friendly en tiempos de conflicto, que no molesta y que no quiere molestar. Para que no le molesten; no participa en guerras externas (por ahora) y no quiere cambiar los valores morales ni las realidades culturales de sus clientes (por ahora), es un socio económico confiable (sin muchas preguntas) y un proveedor masivo (con menos preguntas), y defiende su modelo político-social (lógicamente) sin cuestionar el de otros (como es lógico). Su propaganda crea, así, esa imagen necesaria con la que legitimarse internamente y justificarse externamente. Y para ello despliega ,medios y recursos propagandísticos que se han convertido, por tanto, en instrumento esencial de la política del régimen (como la de cualquiera, pero en registros evidentemente diferentes) y que debían estar a la altura de la empresa de la “Gran China”. Los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008 fueron ese escenario mundial adecuado para enseñar a propios y extraños esa imagen actual: el poder y la modernidad de la nueva China. Una inversión faraónica, una puesta en escena brillante, y una victoria final y necesaria en el medallero deportivo (por primera vez en la Historia), para la que se fabricaron campeones con ingentes horas y gastos. Y propaganda oficial y masiva que, entre ayuda a países africanos y obras majestuosas (como la increíble presa de las Tres Gargantas del rio Yangtse, el larguísimo Gran Puente de Danyang-Kunshan, la nueva y casi fantasma ciudad de Kangbashi en la lejana Mongolia interior, o el impresionante Aeropuerto Internacional Beijing Daxing), culminó con la publicidad de su éxito frente a la misma crisis del Coronavirus.

Como enseñó el sabio chino Kung Fu Tzu (Confucio), “por tres métodos podemos adquirir la sabiduría: primero por la reflexión, la más noble; segundo, por la imaginación, la más sencilla; y tercero por la experiencia, la más amarga”.

MELOPEA con Borja Sémper: “Se avecina una nueva crisis territorial. El nacionalismo vasco necesita gasolina”

En Entrevistas por

Borja Sémper es un político inusual, que casi malacostumbra a la sociedad para con el grado de interacción que ofrece la gran mayoría de sus compañeros de profesión. Hablar con Sémper es hablar con claridad. Hace un esfuerzo por morderse la lengua, escapa de convencionalismos y se explica con la efusividad del que siente que en sus argumentos hace coincidir razón, emoción y experiencia. Quizá por todo esto sea uno de los rostros del ‘PP de extramuros’ más mediático y conocido. Quizá por eso fue el protagonista de la IX Melopea Democresiana, y por eso el coloquio se convirtió en un auténtica mesa redonda.

Sigue leyendo

Nacionalismos, democracia e identidad: un acercamiento a la Melopea de Luis Gonzalo

En Pensamiento por

El jueves 23 de mayo el sociólogo y ensayista Luis Gonzalo Díez abordará algunas de las principales conjeturas de la actualidad política española, como el sentimiento nacional, la idea de democracia y otros asuntos identitarios.

Sigue leyendo

La polarización política en los actuales nacionalismos: el caso de Catalunya

En Cultura política por
derecho a la autodeterminación de los pueblos

En los últimos años, el independentismo ha experimentado un meteórico ascenso en Catalunya, hasta el punto de crecer de un 16 % a un 48 % entre 2008 y 2013, manteniéndose este último porcentaje hasta hoy con ciertos altibajos. Cabe analizar las causas de tal crecimiento, habida cuenta de las posibles consecuencias decisivas que el independentismo puede acarrear para Catalunya y para el resto de España. De hecho, el auge del independentismo catalán puede ser explicado en un contexto que mezcla crisis económica, fomento de la rivalidad mimética desde la clase política y búsqueda del chivo expiatorio por parte de la sociedad. El objetivo de este artículo, por ello, es explicar la propaganda de los nacionalismos, especialmente la del independentismo catalán, mediante la teoría mimética de René Girard. Sigue leyendo

El liberalismo herido: reivindicación de la libertad frente a la nostalgia del autoritarismo

En Cultura política por

Tres detonaciones oscurecen el horizonte del siglo XXI: los atentados del 11 de septiembre de 2001, la crisis financiera mundial de 2008 y la pandemia de la Covid19. Seguridad, prosperidad y salud se tambalean. Entra en escena el miedo, la desesperanza ante al futuro y la desconfianza hacia el otro. La incertidumbre altera la arquitectura de las sociedades democráticas que habían derrotado al fascismo y al nazismo en 1945 y al comunismo en 1989. Entran en escena populismos de signo variado: igualitarios y transversales, libertarios y autoritarios. Se instala la sospecha de la ciudadanía frente a las instituciones. En plena pandemia se produce el asalto al Capitolio, lugar simbólico donde descansa la soberanía del país más poderoso del mundo. ¿Involución? ¿Crisis civilizatoria? ¿Neofascismo?

El profesor español José María Lasalle asegura que nos encontramos ante un “momento refundacional de la humanidad”. En su libro El liberalismo herido, publicado por Arpa, el autor realiza un profundo análisis sobre lo que está en juego, partiendo de una idea fuerza: el liberalismo está siendo eclipsando por el neoliberalismo. El libro es una continuación de otras dos obras: Contra el populismo (2017) y Ciberleviatán (2019). Sigue leyendo

En defensa del Parlamentarismo: de los espacios de copertenencia a la representación indirecta

En Cultura política por
Parlamentarismo Cortes de Cádiz Salvador Viniegra

Desde hace algunos años se recurre mucho a la comparación de los acontecimientos de nuestro siglo con los del periodo de Entreguerras del anterior. En términos generales, el populismo de derechas se ha identificado con el fascismo y el de izquierdas con el comunismo, y dentro de nuestras fronteras, se buscan parecidos de políticos conservadores con Franco, se analiza la “podemización” del PSOE a la luz de la “bolchevización” de este partido en los años treinta, o se rastrea la conexión entre Puigdemont y Torra con Macià y Companys. Todo ello en función de la ideología del analista, a veces con acierto y otras con propaganda, y no solamente en la política: gran parte del mundo ha redescubierto la mal llamada “Gripe Española” de 1917 a raíz del Coronavirus, y algunas marcas han resucitado en sus anuncios comerciales el espíritu de los Felices Años Veinte para transmitir optimismo en la venta de sus productos.

Estos análisis son muchas veces derivación del anacronismo, una tentación que siempre acecha al observador del mundo. Pero como escribía Jacques Maritain, “todo error encierra una verdad”. Es decir, todo lo malo o equivocado suele tener un atisbo de bien, indicándonos una tendencia del ser humano que, por la razón que fuere, no se ha desarrollado correctamente. En el caso del pensar anacrónico, nos anuncia que la persona es un animal histórico, y detectarlo a tiempo nos invita a buscar similitudes con el pretérito que hagan de la historia Magistra vitae en lugar de arma política. Con esta intención me gustaría reflexionar sobre un aspecto que me parece de los más característicos de la política actual, y que se presenta al comenzar los años veinte del siglo XXI con unas notas similares –aunque por supuesto, para nada idénticas– a las que eran evidentes en los del XX: la crisis del parlamentarismo. Y lo haré esencialmente de la mano de alguien que lo analizó por aquel entonces, y cuyas reflexiones siempre intento traer a colación por lo perspicaces que fueron: José Ortega y Gasset.

Sigue leyendo

Los felices: la cita trágica con la realidad de la generación de los 90

En Pensamiento por

Si naciste al final de la década de los ochenta o al comienzo de los noventa, puede que experimentes el colapso de la civilización occidental tal y como la conocemos hoy.

Este es el augurio que hace el catedrático Jesús G. Maestro en algunas de sus exposiciones públicas, como en la serie de vídeos relativos al análisis de la obra hispanoamericana ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez. Esta, también, es la premisa del primer capítulo de la serie Colapso.

Cine y literatura, una vez más, confluyen en un mismo punto: las consecuencias que pagarán “los felices”; los hijos de la abundancia, del milenarismo, la pandemia, la extirpación del hecho religioso y de las dos crisis económicas mundiales cuando el sistema democrático moderno acabe fagotizado por sus propias dinámicas e incercias.

Realidad o idealismo: las dos perspectivas desde las que encarar el presente

A través de la exposición de su pensamiento -marcadamente influenciado por el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno- Maestro no deja lugar a dudas en su interpretación sobre la situación general que está viviendo la generación milénica, también conocida como generación Y, que, literariamente, podría encontrar a su máximo representante en Meme Buendía y que en la realidad está referenciada en cada hogar que albergue a un tipo o tipa -aquí no hay distinción que valga-, que roce o supere por poco la treintena y que haya creído a pies puntillas los mandamientos del régimen democrático actual.

Hablamos de un bloque de gente que biológicamente llega a la edad adulta desvinculada de la cultura del esfuerzo. Adolescentes tardíos, afectivamente reventados, que todavía viven con sus padres. Que no tienen ni pueden acceder a puestos de trabajo acordes a la formación que el propio sistema, a través del clientelismo universitario importado del mundo anglosajón, les ha ofertado. Que están al calor del regüeldo que deja la élite del capitalismo cognitivo –término trabajado por Gregorio Luri-. Que prefieren las gratificaciones del mundo virtual que citarse con su realidad. Que diluyen su verdadero proyecto vital en excusas que intensifican su cobardía ante los hechos. Individuos, en definitiva, atiborrados de los estímulos y falsas profecías repetidas a bombo y platillo por vende humos “estartaperos” y sopla gaitas “de influencia efímera”, que sobreviven en su día a día a base de cafés descafeinados con leche desnatada en cuyas tazas serigrafiadas se pueden encontrar frases del tipo: “¡Ánimo! Tú puedes con todo. Que nadie se entrometa en tu búsqueda de la felicidad”.

Cuando en un Estado se alcanza el pico máximo de idiotización al que hemos llegado; donde hay que desilusionar a una masa de gente que cree que del cielo lo que cae es plástico blanco y no nieve; donde las instituciones boicotean diariamente y con impunidad manifiesta su propia credibilidad mediante la dialéctica de las siglas políticas, televisivas, culturales y genitales; donde la opinión pública se alimenta en el supermercado de las ocurrencias que son los nuevos tugurios digitales, donde se expresan en pobrísimo español “pensamientos” peregrinos sobre la comunidad, la amistad, el sexo, el amor, la vida, las drogas, el trabajo, el fútbol o la educación; y donde se dispensa en las farmacias Lexatin y Seroxat con vivo entusiasmo en plena simbiosis con el sistema sanitario; es en este estado general de las cosas cuando podemos decir, con la realidad de nuestro lado, que nos vamos al carajo.

Este es el perfil de persona y panorama general que quedará para enfrentar el día de mañana. Para estos sujetos se preparan las distopías culturales que arrasan en la nueva mutación online de las fórmulas televisivas de toda la vida. Este es el ocio que se consume hoy y se ensalza como obras elementales para entender el momento que nos está tocando vivir. Zombies que asolan a las comunidades organizadas, perros robots que persiguen a las personas hasta aniquilarlas o el circo tiránico de turno que se acerca a los gulags desideologizados para escoger al azar a los héroes de los juegos del hambre. “Granizo y fuego mezclados con sangre” en papel y en formato audiovisual.

Colapso en directo

No es baladí, por tanto, los esfuerzos de algunos creadores a la hora de recordar, mediante la aplicación narrativa, las consecuencias trágicas que devienen del triunfo del idealismo en la organización política y cultural. Por eso se siguen produciendo a granel historias del salvajismo colonial de los hijos de la Reforma o de la exploración de los límites de la crueldad humana por parte de aquellos que tecnificaron la muerte en los campos de exterminio alemanes. El objetivo es claro: recordarnos a dónde nos llevan los ejercicios de ilusionismo cuando se escapan del contexto artístico y se busca aplicación en la realidad. Recordando a Jesús G. Maestro, hablamos, en definitiva, de una comunidad de psicópatas, muchas de las veces altamente cualificados por vía académica, “que buscan las pisadas de don Quijote por los caminos de La Mancha”.

Reseñable en este propósito de desmitificar a todos los hijos del idealismo es el primer capítulo de la serie francesa Colapso, en cuya presentación, los personajes comprendidos en el rango de edad presentado con anterioridad, se enfrentan absolutamente desprovistos de herramientas al final del sistema democrático en el que se amparaban.

Realizada por el colectivo Les Parasites, esta serie ha cosechado un éxito rotundo en tiempos de pandemia recogiendo con menos artificio y más sutileza la experiencia de otros productos como The Walking Dead, Black Mirror o The Handmaid´s Tale.

La serie, narrada en pequeños capítulos, viene a explicar qué ocurriría si las democracias modernas -y por ende todos sus sucedáneos- terminaran por derrumbarse en lo que los ingenuos denominarían “de la noche a la mañana”. A diferencia de otros artefactos distópicos, la presentación de dicho colapso no se da con tintes orwellianos en tiempos más o menos lejanos, al más puro estilo de Bradbury, Cuarón o Huxley, sino que tienen pie y medio apoyados en un presente narrativo con demasiados paralelismos con la realidad. No es de extrañar, por tanto, que al ver la serie nos sintamos, de alguna manera, como los romanos que asistieron a la destrucción de su propia civilización, con las hordas de bárbaros arramplando por el Foro, tal y como en las primeras páginas de su libro “La opción benedictina”, nos recuerda Rod Dreher.

La mirada crítica ante el mundo que nos espera

Los católicos que critican esta obra, publicada por Ediciones Encuentro en 2018, se han quedado con la visión ofuscada que el libro plantea hacia el final del mismo, que no es sino una pulsión de naturaleza religiosa que encuentra su sublimación en pequeñas comunidades que incurren en el feudalismo endogámico. En cualquier caso, aquellos que han “ridiculizado” la obra hacia el final de sus páginas, parecen haber obviado de sus análisis la densidad que proporciona Dreher a la hora de narrar la historia de aquellos que asistieron al final de su modo de vida y que lejos de sucumbir a la barbarie, decidieron alejarse a las montañas a fundar monasterios donde salvaguardarse y esperar, si es que así debía de ser, el apocalipsis. Una nueva forma de vida ante el colapso de otra.

Y lo que sobrevino no fue el fin del mundo, sino el comienzo de una nueva era.

El fin de la democracia posmoderna no significará el fin del Estado ni del comercio pero sí supondrá de una exigencia descomunal para quienes heredarán el mañana y tendrán que definir nuestro papel en el tapete de la nueva guerra cultural, que tendrá a la República Popular China y sus aliados como agentes decisivos a la hora de marcar el nuevo orden mundial. A esta cita con la historia podemos llegar fortalecidos o desinflados. Podemos llegar haciendo halago de nuestra memoria, defendida a fuego y sangre, o dejarnos sabotear por las actuales clases dirigentes, fascinadas por la ilusión de reinventar al hombre -empeñadas en la inclusión de los nacionalismos desvertebradores- sin atender a las amenazas reales que asolaran nuestras fronteras en las próximas décadas. El perpetuo duelo a garrotazos con el prójimo sin atender a lo que hay al otro lado de la estepa.

Sea como sea, a la hispanidad se nos exigirá afrontar con valentía los envites que puedan venir por parte de sus enemigos. Pero para ello es esencial, por un lado, la identificación de los mismos y, por otro lado, la aniquilación de la leyenda negra que nos tilda históricamente, como a ingleses o franceses, de ser un “imperio depredador”. España y sus provincias de ultramar -hasta la llegada de los borbones afrancesados- fue un imperio generador de cultura, de ciencia y de mestizaje, no excluido de episodios más o menos avergonzantes, pero que, haciendo balance, es indiscutible el valor que lega en sus casi tres siglos de dominio continental dejando para la posterioridad las más altas cotas de excelencia artística.

Es por ello que resulta absolutamente necesario que la generación de los 90, “los felices”, afilen y preparen una mirada crítica, desprovista de espejismos y fanatismos, capaz de mirar con arrojo y valentía a la realidad tal y como es: cruda y feroz cuando se despliega a través de la naturaleza pero absolutamente sobrecogedora y de una belleza palpable en la cotidianeidad de sus días.

La perspectiva religiosa frente a la perspectiva ideológica: una reflexión en torno a Fratelli tutti.

En Pensamiento/Religión por

La última encíclica del papa Francisco, Fratelli tutti, ha generado reacciones de todo tipo. En la línea de lo que viene siendo habitual en el mundo político desde los inicios de su pontificado, entre posiciones de izquierdas se le ha dado la bienvenida, mientras que el liberalismo de derechas –no así el conservadurismo u otras tendencias de esta familia– se ha apresurado a condenarla. Tanto unos como otros han puesto el centro de atención en la crítica que el Sumo Pontífice ha vertido sobre el llamado “neoliberalismo” y la globalización económica, coincidiendo en la afirmación de que Francisco es un papa alineado con el populismo o, al menos, el socialismo. Pero una lectura detallada de la Encíclica indica que esta interpretación es equivocada. En este artículo no ofreceré ningún análisis de la misma, porque considero que siempre que deseamos saciarnos de conocimiento lo mejor es acudir a las fuentes, y el Papa expresa mucho mejor que yo lo que quiere decirnos. Solamente reflexionaré sobre una cuestión que explica los equívocos que ha generado: la perspectiva desde la que debe ser analizada, que es religiosa y no ideológica.

Sigue leyendo

Un diccionario para comprender nuestro tiempo

En Pensamiento por

La editorial Confluencias, que tiene uno de los catálogos más sabrosos del panorama independiente actual, ha publicado “Diccionario de adioses”, de Gabriel Albiac. Se trata de una nueva edición de la obra que comprende los grandes temas del autor desde Espinoza hasta el Holocausto. Por sus páginas transitan la Modernidad y su crisis impregnadas de la tristeza que suele caracterizar las obras de Albiac. Si Confluencias ya había acogido en su tienda a “Alá en París”, la colección de piezas escritas por la misma mano después del atentado terroristas yihadista contra Charlie Hebdo, no ha de sorprendernos que “Diccionario de adioses” enriquezca los fondos de esta editorial. Ambos libros comparten la mirada dura, lúcida e implacable sobre el fracaso del proyecto moderno y sobre sus ruinas, en las que ahora habitamos.

En efecto, “Diccionario de adioses” es un libro utilísimo para el universitario porque permite leer los grandes temas de la historia, la filosofía, el arte, la cultura popular -y, ¡ay!, la política- desde una perspectiva distinta a la que nos exige la corrección política.

Así, en la voz “Idénticos (los): nacionalismos, fascismos, populismos”, Albiac se remonta a la Tubinga de 1795 para recordarnos su proximidad a la “mitología de la razón” que cristaliza en la idea de Volkgeist y que evoca en palabras de Fichte: “Sois vosotros, (alemanes) quienes poseéis, más nítidamente que el resto de los pueblos modernos, el germen de la perfectibilidad humana y a quienes corresponde encabezar el desarrollo de la humanidad… Si vosotros decaéis, la humanidad entera decaerá con vosotros, sin esperanza de restauración futura”. Su definición del nazismo “la forma administrativamente centralizada -esto es, socialista”- del nacionalismo” abre puertas y ventanas para que corra el aire del pensamiento en torno a la estrecha relación que existió entre ambas ideologías en sus orígenes (recuérdese la década de 1920 en la historia del nazismo) y su retorno en nuestros días de la mano de ciertos populismos. Desde aquí podemos llegar al panarabismo y la ideología del Foro de São Paulo.

Me resulta especialmente seductor el apartado que dedica a la “judeofobia” (así se titula y no “antisemitismo”) y que abre con una célebre cita de Emil Fackenheim. Albiac recuerda la obligación -tal vez decir “imperativo moral” sería más sonoro- que gravita sobre todo ser humano y que Zola formula ante el caso Dreyfuss: “mi deber es hablar, no quiero ser cómplice”. Frente al horror del Holocausto y del camino que condujo a los campos, a los guetos, a las fosas comunes y los hornos crematorios, se alza la pregunta bíblica por el destino de tu hermano. Callar puede ser una forma de complicidad e incluso de autoría. El texto de Albiac es inmisericorde. Pasa del antisemitismo en la Europa de la Modernidad al terrorismo en Oriente Próximo. No perdona ni a Arafat ni a sus simpatizantes. “Jugamos con serpientes”. “No, no existe cuestión judía. Sí, cuestión antisemita. Como una de las lacras más perennes y más enigmáticas de la conciencia europea”.

El libro se cierra con otro texto sobre Berlín, la ciudad que yo tanto quiero y en la que todos los que nacimos el siglo pasado hemos vivido, aunque jamás hayamos puesto los pies en ella. En efecto, “Berlín era una amalgama de cine y libros. Pantallas de la Guerra Fría, novelas de Le Carré: leyenda. Dorada o negra. Dorada y negra: es lo mismo. El Próspero de La Tempestad se hubiera sentido en casa: Berlín era la materia de nuestros sueños. Mejor, de nuestras pesadillas”. Evoca la caída del Muro: “Berlín fue lo imposible: la libertad. Para aquellos que nunca la conocieron. Poca cosa. Todo”.

Es un libro magnífico para reflexionar y un texto estupendo para discutir entre humanistas. No rehúye ni la mirada severa sobre la filosofía ni la crítica feroz de la autocomplacencia de los intelectuales. El camino al horror del siglo pasado está jalonado de libros, de artículos, de periódicos y de panfletos y de ideas incendiarias.

Este libro es una buena carta de navegación para adentrarse en la Modernidad y encontrar el camino entre los restos de la devastación.

La filosofía de Byung-Chul Han, una aproximación

En Antropología filosófica/Pensamiento por
filosofía de byung-chul han

La filosofía quizá no está de moda, pero el filósofo surcoreano Byung-Chul Han sí. Y es que existen pocos pensadores vivos tan mediáticos, como este coreano educado y afincado en Alemania. Su éxito radica en que ha sido capaz de explicar, con una claridad que se agradece, la situación existencial del hombre del siglo XXI. Byung-Chul Han es ante todo un radiólogo de las sociedades occidentales, un pensador atípico, un romántico con alma oriental. Sus ensayos breves, con un tono divulgativo que huye del academicismo, así como su lenguaje claro y repetitivo, le convierten en un autor accesible y popular. 

Sigue leyendo

Póker del Joker: la protesta se cronifica en la política contemporánea

En España/Mundo por

Los medios hablan de una ola de protestas que sacude el mundo, pero es difícil afirmar que haya conexión entre ellas; para hablar de algo generalizado habría que adentrarse en cada manifestación y especificar las causas que la amplifican. Como sea, es cierto que en cuatro continentes se han producido movilizaciones, y algunas, como las feministas y ecologistas, son claramente transnacionales.

En Europa, los chalecos amarillos marchan por Francia y la huelga vuelve a ser una medida de presión importante. Entretanto, la corrupción congrega en las plazas a checos y rumanos, el nacionalismo callejea desde España hasta Reino Unido, y tanto las “sardinas” como los “leghisti” desbordan Italia.

Es en Latinoamérica donde las manifestaciones se han hecho más frecuentes: luego de la gran conflictividad social que se ha ido arrastrando por las calles de Venezuela, Honduras, Nicaragua, Puerto Rico o Haití, el descontento ha ido bajando, territorialmente y también en cuanto la urgencia de los reclamos, por Ecuador, Chile, Bolivia y Colombia. La insuficiencia democrática de algunos se entrecruza con el estancamiento económico de otros y se solidifica en desigualdades bastante comunes que se vuelcan en las ciudades.

Sigue leyendo

Unidas Podemos y la altura de miras

En España por

La principal lógica de un sistema electoral con segunda vuelta es evitar una repetición de elecciones. O mejor dicho, evitar perder el tiempo de los políticos, de hacerselo perder a los ciudadanos evidenciando la bajeza de miras de los representantes públicos, y de reducir los costes de reorganizar toda la infrastructura electoral desde cero.

Sigue leyendo

Por un patriotismo de lo cotidiano

En España por

Al ejercer nuestra libertad experimentamos a menudo cierto temblor. Hay en ella algo fascinante y trágico a la vez. Nos da miedo – como decía Erich Fromm – y a la vez la anhelamos. Como hombres modernos que somos, hijos de nuestro tiempo, reconocemos que sin ella corremos el riesgo de deshumanizarnos, y de que solo con ella podemos articular nuestra vida religiosa, política y social. La libertad, por presentarla en positivo, es “don”, como supo ver Miguel de Cervantes. En la llamada “civilización europea” (Guizot), la lucha por la libertad política es desde Grecia hasta la actualidad nuestra seña de identidad, el gran estandarte europeo, si bien, constantemente amenazado por enemigos y supuestos benefactores. La libertad se asemeja así a una doncella en constante peligro de profanación.

Sigue leyendo

España ante el diván

En España por

En estos momentos es necesario en España un partido, o un movimiento, o que los partidos se centren en la cuestión social y en la cuestión medioambiental, así como en el avance del municipalismo (sin abandonar la conciencia de que el mundo se ha globalizado). Esto es poner a la persona en el centro, y no al dinero, a las leyes, a los valores.

Sigue leyendo

MELOPEA con Luis Gonzalo Díez: “La identidad cultural contra un enemigo es muy útil, pero luego se puede convertir en un régimen dictatorial”

En Entrevistas por

“Abro la ventana de Herder para oxigenar los discursos estereotipados de la actualidad”. Luis Gonzalo fue el protagonista de la VIII Melopea Democresiana, que tenía como fin ahondar en la idea del nacionalismo, precisamente huyendo de discursos manidos.

Sigue leyendo

Pablo Iglesias y el espíritu de los tiempos

En España por
Pablo Iglesias

Todo discurso -sea deliberativo, forense o demostrativo- busca producir un movimiento de la inteligencia y eventualmente de la voluntad de los oyentes: que el público piense, quiera o haga lo que se les propone.

Sigue leyendo

Cómo salvar a la democracia del miedo

En Cultura política por

El miedo es el hilo conductor de nuestra historia, desde la época de los grandes conflictos en Europa, las “guerras civiles de religión”, los conflictos de clases y la llamada guerra civil europea el siglo pasado, hasta nosotros y el renacimiento del nacionalismo, el llamado soberanismo y el racismo, denominados “supremacismo blanco”. Las situaciones que hemos creado, empezando por el Estado, son hijas del miedo, no de la confianza.

Sigue leyendo

Todo o nada: la inmoralidad de la pureza

En Cultura política por

Hay un selecto grupo de personas que, en nombre de la pureza, y defendiendo grandes ideales, renuncia a cualquier contacto con la realidad política, prefieren destruir lo que hay antes que aceptar medirse con las imperfecciones de lo posible. Ya sea porque consideran impura la realidad, o porque la condenan sin remedio, el caso es que descartan cualquier intervención sobre las cosas, tal y como están. Siguiendo esta actitud fuerzan a la realidad a obedecer a ley del “todo o nada”.

Sigue leyendo

Vox, un partido inevitable

En España por
VOX Abascal Ortega Smith

De VOX, el nuevo partido de la derecha española, se puede decir que es inevitable. Poco más.

Sigue leyendo

Mirada Grossman, vía Grossman

En Literatura por

Días de furia. La transmisión en directo, a través de Facebook, de la matanza (casi 50 muertos) perpetrada en Nueva Zelanda por Brenton Tarrant, añade un plus de repugnante espectáculo al acto de terror. El terrorismo siempre fue un acto de propaganda. Ahora, el odio a los musulmanes puede convertirse en un diabólico vídeo, con aspecto de juego, en un mundo en el que cada vez es más difícil distinguir la realidad de lo virtual. Matanza islamofóbica cuando se cumplen ocho años de una guerra en Siria en la que el yihadismo del Daesh ha llevado a cabo genocidios sistemáticos. El mismo nihilismo con diversas máscaras. Voluntad de destrucción del otro y de uno mismo.

Sigue leyendo
Ir al inicio