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ESPECIAL Crisis en Cataluña

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Cuesta encontrar en la historia artefactos ideológicos como el independentismo catalán. Un artefacto que predica la unión entre dos extremos contrarios, la independencia y el hedonismo, esto es, la exigencia moral de la libertad antigua, que permea las luchas contra Estados opresores, y el ejercicio poco ejemplar, pero placentero, de la libertad moderna, inherente a una sociedad ajena a las pasiones políticas.

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A muchos votantes les suele gustar ver a los políticos fuera de su quehacer diario y descubrir que hacen cosas “como uno más”.  Entiendo la gracia, pero si cogiese un mismo ejemplo de un personaje de la cultura como puede ser Vargas Llosa esquiando o dándose piquitos con Isabel Preysler, pues, francamente, mi primer juicio de dicho reportaje sería que estoy ante una tontuna irrelevante.

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Yo soy de esos románticos que besan las prendas de su amada cuando su olor les recuerda a ella. Se me olvida que las cosas son materia. La última fue una bufanda que se dejó, la muy friolera, en este mes de octubre que de tan cálido se ha llevado hasta las ganas de llorar. Desprendía su perfume y no pude evitar la tentación; besé un puñetero trapo.

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Qué bien nos iría a todos y a todas si los independentistas considerasen que todos y todas los animales y las animalas humanos y no humanos, humanas y no humanas somos iguales y compartimos una misma dignidad natural… Ciertamente, pensé, mientras un gato tuerto y patizambo me observaba agazapado entre las sombras, prefiero esta “¡li-be-ra-ción a-ni-mal!” que pone el foco en las bestias a esa otra liberación animal.

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No puede sonar igual cuando quien pronuncia esta frase forma parte de una agrupación política que no condena el terrorismo, que cada vez que les ponen un micrófono delante todo lo que se escucha es una mezcolanza de comunismo rancio y dialéctica tumefacta. Alguien que tiene de su lado una guerrilla que, además de cuenta de Twitter, también va equipada con mochila violenta a manifestaciones o a lo que se preste.

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No sigamos hablando de hacia dónde nos llevan los políticos, porque la vida en las calles es de los ciudadanos. Y somos nosotros quienes decidimos si llega la sangre al río, si paramos de una vez por todas a las masas obtusas. Ojalá pusiéramos pause, hiciéramos por unos momentos examen de conciencia y nos diésemos cuenta de la responsabilidad que hemos tenido en la diseminación del odio.

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Nací, como otros hombres, en un trozo de tierra que amo porque allí jugué de niño, allí me enamoré y platiqué con mis amigos en noches celestiales. Y ahora me siento perplejo. ¿Por qué deberían ser una nimiedad esos jardincitos en los que declaramos nuestro amor o esas calles de las que sacamos a nuestros muertos? ¿Por qué tendrían que ser un absurdo? 

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Algunos piensan que existe subsidiariedad por el simple hecho de que ciertos gastos se deciden a nivel regional. Pero la verdadera subsidiariedad solo se daría si las personas y familias fueran capaces de tomar las decisiones últimas respecto de asuntos como, por ejemplo, la educación de sus hijos.

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Quizás, el aprendizaje que nos quede por delante sea el de llegar a entender al fin, tras cuarenta años de convivencia en libertad, que la democracia, en primera instancia, no es una oportunidad, sino un límite sin el cual toda oportunidad corre el riesgo de derivar en desmesura, terror y tiranía. Incluidas las oportunidadessentidas como más legítimas, puras e indiscutibles.

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Los acontecimientos de los últimos días dan cuenta de que el famoso procés el tono de un movimiento revolucionario. En Cataluña se han dado cita dos fenómenos sociales que dan cuenta de una sociedad que –como muchas otras en todo el Occidente– sufre los espamos de una infantilización que se aprecia de manera dramática tanto en sus odios como en sus amores, y que en su pataleta amenaza con tirar abajo la civilización occidental.

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 En Cataluña hay mucho Pancho Sánchez, como diría Julian Assange, que sueña con una utopía catalana y no está mal soñar con utopías. Oscar Wilde ya dijo que un mapa donde no apareciera señalado la utopía no merecía ser mirado. Las utopías nos mueven hacia lugares, normas y comportamientos mejores, pero cuidado con tomar muy en serio nuestros delirios.

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Los chavales no piden más, vana encontrar algo de conocimiento, reírse, comentar sobre el partido de liga del pasado fin de semana, quizás echarle una miradita a alguna chica y largarse. Sin embargo, los niños en Cataluña se encuentran con algo muy distinto (chicos, chicas, mayores y pequeños).  Este lunes, a primera hora y delante de toda la clase, un profesor de Sant Andreu de la Barca espetó a un niño, hijo de Guardia Civil: “estarás contento con lo que hizo tu padre ayer”.

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Frente al ruido y rumorología, nuestra labor es la formación y el actuar ético. Corresponde al que opina saber utilizar categorías que se salgan de la composición de lo que es un hecho noticiable en la era del “Little rocket man”, del twitteo compulsivo sin filtro consciente. Hay que hacer una reflexión desde el plano de las ideas, conceptos y estructuras mentales que se han desarrollado hasta el 1 de Octubre.

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Los procesos segregacionistas derivados de postulados nacionalistas son por lo general, propuestas revolucionarias camufladas en falsas democracias para que las clases acomodadas y burguesas, previo adoctrinamiento y agitación de una parte de la sociedad, se hagan con el control total de las instituciones de un territorio administrativo (económicas, mediáticas, legislativas etc.) y así asegurarse un poder incontestable.

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Ya no existen vías -al menos las lógicas y presumibles para hacer siquiera un amago de actividad democrática- para que el Referéndum pueda llevarse a cabo. ¿Qué recuento se va a llevar a cabo sin disposición de medios físicos para ello? ¿Cómo van a ser estas nuevas papeletas y quién las va a financiar o imprimir si no es un organismo privado que per se, por su propia naturaleza, perdería toda legitimidad de ser una cuestión común?

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Ocurre como sucedió con ETA, que logró colar, entre otras, la expresión “impuesto revolucionario” para referirse a la extorsión y al chantaje a que sometió a empresarios, etc. (...) Pues en el caso de Cataluña los partidarios de la separación política han logrado, repito, que las palabras que más se utilicen...

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Es necesario cambiar la dialéctica de ‘ellos contra nosotros’, y regresar al básico ‘tú y yo’, al pensamiento dialógico. Cambiar las trincheras por un lugar de encuentro, no sólo entre políticos y entre Gobierno y Generalitat, sino dentro la propia sociedad. Repito, probablemente es ya demasiado tarde

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En el fondo de esta reivindicación, lo que reside es un concepto de soberanía que necesita ser analizado para que entendamos porque, mientras unos dicen que “democracia es votar” otros digan que lo que está ocurriendo en Cataluña es una aberración que conduce casi inevitablemente al fin de la democracia.

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Ante la falta de shem, de una palabra que revele algo de verdad en todo este batiburrillo, los zarandeadores del régimen independentista han apostado por otros sucedáneos, metiendo a bulto palabras como “¡Mierda! ¡Fascista!” en el golem catalán. (...) Cada día que pasa sin revisar las bases de este desafío dialéctico, se están apuntalando las murallas  del fraccionamiento social de una sociedad que ya se ha dividido en demasía.

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El manido tema catalán ha puesto sobre la mesa, en los términos de todo o nada, una elección al pie del abismo entre una Cataluña unida a España, luego diversa, plural y tolerante, y una Cataluña separada de España, luego lingüística y culturalmente homogénea, liberticida e intolerante.

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Los felices: la cita trágica con la realidad de la generación de los 90

En Pensamiento por

Si naciste al final de la década de los ochenta o al comienzo de los noventa, puede que experimentes el colapso de la civilización occidental tal y como la conocemos hoy.

Este es el augurio que hace el catedrático Jesús G. Maestro en algunas de sus exposiciones públicas, como en la serie de vídeos relativos al análisis de la obra hispanoamericana ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez. Esta, también, es la premisa del primer capítulo de la serie Colapso.

Cine y literatura, una vez más, confluyen en un mismo punto: las consecuencias que pagarán “los felices”; los hijos de la abundancia, del milenarismo, la pandemia, la extirpación del hecho religioso y de las dos crisis económicas mundiales cuando el sistema democrático moderno acabe fagotizado por sus propias dinámicas e incercias.

Realidad o idealismo: las dos perspectivas desde las que encarar el presente

A través de la exposición de su pensamiento -marcadamente influenciado por el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno- Maestro no deja lugar a dudas en su interpretación sobre la situación general que está viviendo la generación milénica, también conocida como generación Y, que, literariamente, podría encontrar a su máximo representante en Meme Buendía y que en la realidad está referenciada en cada hogar que albergue a un tipo o tipa -aquí no hay distinción que valga-, que roce o supere por poco la treintena y que haya creído a pies puntillas los mandamientos del régimen democrático actual.

Hablamos de un bloque de gente que biológicamente llega a la edad adulta desvinculada de la cultura del esfuerzo. Adolescentes tardíos, afectivamente reventados, que todavía viven con sus padres. Que no tienen ni pueden acceder a puestos de trabajo acordes a la formación que el propio sistema, a través del clientelismo universitario importado del mundo anglosajón, les ha ofertado. Que están al calor del regüeldo que deja la élite del capitalismo cognitivo –término trabajado por Gregorio Luri-. Que prefieren las gratificaciones del mundo virtual que citarse con su realidad. Que diluyen su verdadero proyecto vital en excusas que intensifican su cobardía ante los hechos. Individuos, en definitiva, atiborrados de los estímulos y falsas profecías repetidas a bombo y platillo por vende humos “estartaperos” y sopla gaitas “de influencia efímera”, que sobreviven en su día a día a base de cafés descafeinados con leche desnatada en cuyas tazas serigrafiadas se pueden encontrar frases del tipo: “¡Ánimo! Tú puedes con todo. Que nadie se entrometa en tu búsqueda de la felicidad”.

Cuando en un Estado se alcanza el pico máximo de idiotización al que hemos llegado; donde hay que desilusionar a una masa de gente que cree que del cielo lo que cae es plástico blanco y no nieve; donde las instituciones boicotean diariamente y con impunidad manifiesta su propia credibilidad mediante la dialéctica de las siglas políticas, televisivas, culturales y genitales; donde la opinión pública se alimenta en el supermercado de las ocurrencias que son los nuevos tugurios digitales, donde se expresan en pobrísimo español “pensamientos” peregrinos sobre la comunidad, la amistad, el sexo, el amor, la vida, las drogas, el trabajo, el fútbol o la educación; y donde se dispensa en las farmacias Lexatin y Seroxat con vivo entusiasmo en plena simbiosis con el sistema sanitario; es en este estado general de las cosas cuando podemos decir, con la realidad de nuestro lado, que nos vamos al carajo.

Este es el perfil de persona y panorama general que quedará para enfrentar el día de mañana. Para estos sujetos se preparan las distopías culturales que arrasan en la nueva mutación online de las fórmulas televisivas de toda la vida. Este es el ocio que se consume hoy y se ensalza como obras elementales para entender el momento que nos está tocando vivir. Zombies que asolan a las comunidades organizadas, perros robots que persiguen a las personas hasta aniquilarlas o el circo tiránico de turno que se acerca a los gulags desideologizados para escoger al azar a los héroes de los juegos del hambre. “Granizo y fuego mezclados con sangre” en papel y en formato audiovisual.

Colapso en directo

No es baladí, por tanto, los esfuerzos de algunos creadores a la hora de recordar, mediante la aplicación narrativa, las consecuencias trágicas que devienen del triunfo del idealismo en la organización política y cultural. Por eso se siguen produciendo a granel historias del salvajismo colonial de los hijos de la Reforma o de la exploración de los límites de la crueldad humana por parte de aquellos que tecnificaron la muerte en los campos de exterminio alemanes. El objetivo es claro: recordarnos a dónde nos llevan los ejercicios de ilusionismo cuando se escapan del contexto artístico y se busca aplicación en la realidad. Recordando a Jesús G. Maestro, hablamos, en definitiva, de una comunidad de psicópatas, muchas de las veces altamente cualificados por vía académica, “que buscan las pisadas de don Quijote por los caminos de La Mancha”.

Reseñable en este propósito de desmitificar a todos los hijos del idealismo es el primer capítulo de la serie francesa Colapso, en cuya presentación, los personajes comprendidos en el rango de edad presentado con anterioridad, se enfrentan absolutamente desprovistos de herramientas al final del sistema democrático en el que se amparaban.

Realizada por el colectivo Les Parasites, esta serie ha cosechado un éxito rotundo en tiempos de pandemia recogiendo con menos artificio y más sutileza la experiencia de otros productos como The Walking Dead, Black Mirror o The Handmaid´s Tale.

La serie, narrada en pequeños capítulos, viene a explicar qué ocurriría si las democracias modernas -y por ende todos sus sucedáneos- terminaran por derrumbarse en lo que los ingenuos denominarían “de la noche a la mañana”. A diferencia de otros artefactos distópicos, la presentación de dicho colapso no se da con tintes orwellianos en tiempos más o menos lejanos, al más puro estilo de Bradbury, Cuarón o Huxley, sino que tienen pie y medio apoyados en un presente narrativo con demasiados paralelismos con la realidad. No es de extrañar, por tanto, que al ver la serie nos sintamos, de alguna manera, como los romanos que asistieron a la destrucción de su propia civilización, con las hordas de bárbaros arramplando por el Foro, tal y como en las primeras páginas de su libro “La opción benedictina”, nos recuerda Rod Dreher.

La mirada crítica ante el mundo que nos espera

Los católicos que critican esta obra, publicada por Ediciones Encuentro en 2018, se han quedado con la visión ofuscada que el libro plantea hacia el final del mismo, que no es sino una pulsión de naturaleza religiosa que encuentra su sublimación en pequeñas comunidades que incurren en el feudalismo endogámico. En cualquier caso, aquellos que han “ridiculizado” la obra hacia el final de sus páginas, parecen haber obviado de sus análisis la densidad que proporciona Dreher a la hora de narrar la historia de aquellos que asistieron al final de su modo de vida y que lejos de sucumbir a la barbarie, decidieron alejarse a las montañas a fundar monasterios donde salvaguardarse y esperar, si es que así debía de ser, el apocalipsis. Una nueva forma de vida ante el colapso de otra.

Y lo que sobrevino no fue el fin del mundo, sino el comienzo de una nueva era.

El fin de la democracia posmoderna no significará el fin del Estado ni del comercio pero sí supondrá de una exigencia descomunal para quienes heredarán el mañana y tendrán que definir nuestro papel en el tapete de la nueva guerra cultural, que tendrá a la República Popular China y sus aliados como agentes decisivos a la hora de marcar el nuevo orden mundial. A esta cita con la historia podemos llegar fortalecidos o desinflados. Podemos llegar haciendo halago de nuestra memoria, defendida a fuego y sangre, o dejarnos sabotear por las actuales clases dirigentes, fascinadas por la ilusión de reinventar al hombre -empeñadas en la inclusión de los nacionalismos desvertebradores- sin atender a las amenazas reales que asolaran nuestras fronteras en las próximas décadas. El perpetuo duelo a garrotazos con el prójimo sin atender a lo que hay al otro lado de la estepa.

Sea como sea, a la hispanidad se nos exigirá afrontar con valentía los envites que puedan venir por parte de sus enemigos. Pero para ello es esencial, por un lado, la identificación de los mismos y, por otro lado, la aniquilación de la leyenda negra que nos tilda históricamente, como a ingleses o franceses, de ser un “imperio depredador”. España y sus provincias de ultramar -hasta la llegada de los borbones afrancesados- fue un imperio generador de cultura, de ciencia y de mestizaje, no excluido de episodios más o menos avergonzantes, pero que, haciendo balance, es indiscutible el valor que lega en sus casi tres siglos de dominio continental dejando para la posterioridad las más altas cotas de excelencia artística.

Es por ello que resulta absolutamente necesario que la generación de los 90, “los felices”, afilen y preparen una mirada crítica, desprovista de espejismos y fanatismos, capaz de mirar con arrojo y valentía a la realidad tal y como es: cruda y feroz cuando se despliega a través de la naturaleza pero absolutamente sobrecogedora y de una belleza palpable en la cotidianeidad de sus días.

“Hoy me gusta la vida mucho menos, pero siempre me gusta vivir”

En Literatura por

Fue Miguel de Unamuno uno de los primeros lectores españoles que se detuvieron en la figura del teólogo danés Søren Kierkegaard a principios del siglo XX en su obra Del sentimiento trágico de la vida (1912). En ella Unamuno refleja una de las ideas principales sobre la que gira la filosofía de Kierkegaard que inauguró la corriente existencialista en Europa: la lucha agónica del ser humano por conquistar su deseo de libertad. Este pensamiento se convirtió pronto en una constante en las novelas que la crítica literaria ha catalogado como noventayochistas. Ese sentimiento trágico lo podemos ver de igual forma en la obra capital de la narrativa noventayochista El árbol de la ciencia (1911) de Pío Baroja, en la prosa poética de La voluntad (1902) de Azorín y en la obra más importante de Unamuno, Niebla (1914). En esta última obra hay un sentimiento permanente de lucha del protagonista, Augusto Pérez, por afirmar su propia existencia: «tengo mi carácter, mi modo de ser y mi lógica interior». 

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Argentina: la campaña electoral más triste de la historia

En Mundo por

La rutina mata. Y no es metáfora. La continuidad absoluta en el tiempo, la repetición uniforme, acaba con individuos y sociedades. Les hacen perder las referencias y el sentido de la existencia. Por esa razón se necesitan ritos de renovación y celebraciones propiciatorias, aún en sociedades radicalmente secularizadas. Año Nuevo, fiestas religiosas y patrias, bautismos, bodas, cumpleaños, aniversarios, velatorios y sepelios. 

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Sudán: el pueblo frente al ejército

En África desde dentro por

Lo que está pasando en Sudán puede parecer novedoso, pero no lo es. Ya ha pasado en otros países dónde el pueblo, con sus manos vacías y una fuerte determinación, consiguió deshacerse de una dictadura armada y represora. Ya pasó en Túnez y Egipto en lo que se llamó la primavera árabe; luego en Burkina Faso contra el presidente Blaise Compaoré y, en última instancia, en Argelia.

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Hacia el légamo venezolano

En Mundo por

Hace tiempo que las noticias acerca de Venezuela circulan por los medios de comunicación del mundo al mismo ritmo que los millones de venezolanos dejan el país. Antes era la confluencia de crudo e injerencia la que partía de la República Bolivariana.

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La polarización política en los actuales nacionalismos: el caso de Catalunya

En Cultura política por
derecho a la autodeterminación de los pueblos

En los últimos años, el independentismo ha experimentado un meteórico ascenso en Catalunya, hasta el punto de crecer de un 16 % a un 48 % entre 2008 y 2013, manteniéndose este último porcentaje hasta hoy con ciertos altibajos. Cabe analizar las causas de tal crecimiento, habida cuenta de las posibles consecuencias decisivas que el independentismo puede acarrear para Catalunya y para el resto de España. De hecho, el auge del independentismo catalán puede ser explicado en un contexto que mezcla crisis económica, fomento de la rivalidad mimética desde la clase política y búsqueda del chivo expiatorio por parte de la sociedad. El objetivo de este artículo, por ello, es explicar la propaganda de los nacionalismos, especialmente la del independentismo catalán, mediante la teoría mimética de René Girard. Sigue leyendo

La vida y los personajes secundarios

En Asuntos sociales por

Me gustaba bajar a tomar una cerveza en el bar de Juan cuando no tenía nada que hacer. Compartir con él detalles nimios de la vida; que si hace frío; que si vienen pocos clientes; qué mal esta el Real Madrid; está rico este pincho; ponme otra cerveza; ¿tienes mechero?; qué tranquilo está el barrio… Su bar ni siquiera era bonito, no sé muy bien por qué entré un día allí, qué me llamó la atención o qué estaba buscando, pero Juan se convirtió en uno de los actores secundarios de mi vida. Sigue leyendo

Nosferatu: el cine expresionista y los horrores del siglo XX

En Democultura por

El género del terror nos ha legado historias que, llevadas a la pantalla grande, han convertido a sus monstruos en leyendas con el paso del tiempo se vuelven mitos contemporáneos. Uno de ellos, y que quizá con algo de razón ha sido interpretado como el arquetipo junguiano de La Sombra, es el mito del vampiro, al que todos concebimos en el imaginario colectivo ya sea bajo la forma romántica del Drácula de Francis Ford Coppola, o portando la indumentaria clásica de Bela Lugosi o Christopher Lee, o desde una polémica perspectiva millennial, con el aspecto de Robert Pattinson.

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Humphrey Bogart, la mirada melancólica

En Cine por

Bogie era un cínico. O más bien, llevaba una coraza de cínico. Intentaba mostrar que tenía tan poca fe en el mundo como la que tenía de sí mismo. Pero bajo ese disfraz de tipo duro, mirada férrea, cigarrillo inseparable y noches de copas, se encontraba un melancólico. Alguien que empatizaba y se preocupaba de sus amigos, su familia, su país y la gente en general.

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El apocalipsis sostenible

En Cine/Economía por

Una empresa que fabrica ascensores en Portugal está al borde de la quiebra. Tras varias semanas sin recibir pedidos, unos acreedores irrumpen por la noche en la nave y se llevan los materiales del almacén. A la mañana siguiente, el gerente del lugar desaparece y llega un equipo de recursos humanos de la oficina central. Vienen a negociar los despidos del personal contratado. Con lo que quizás no contaban era con la férrea resistencia de los empleados a abandonar sus puestos de trabajo. Sigue leyendo

Tecnocracia o democracia: el poder de elegir o elegir el poder

En Cultura política por

En democracia gobierna el que más votos ciudadanos obtiene, directamente o a través de pactos postelectorales; eso está claro. Otra cuestión es quién puede participar en la contienda y cómo se obtienen los votos; eso dicen.

En la sociedad civil esa ecuación demoelectoral es más bien diferente, con excepciones en votaciones corporativas internas: ¿quién gobierna en una familia o en una empresa?, ¿quién elige al médico, al trabajador, al entrenador?, ¿cómo se selecciona al policía, al juez, al maestro? La respuesta a cada una de estas preguntas atiende a diferentes dimensiones de elección y selección, objetivas y a veces subjetivas. Otra cuestión es si los sistemas oficiales son los adecuados, si el dinero lo puede todo, o sobre si el clientelismo influye en las decisiones. Sigue leyendo

Historia de una ciudad: Michael Sandel y la Justicia

En Filosofía/Pensamiento por

“El tiempo pasa… Nos vamos poniendo viejos…”, cantaba Mercedes la negra Sosa allá por 1982, en una de esas canciones que escuchas durante la infancia y no olvidas jamás. Ahora que soy adulto, y me he desprendido de las cosas de niño —que diría San Pablo— podría añadir que no sólo me hago viejo. También menos ingenuo. Y más escéptico. Cada dos por tres me encuentro con adultos a los que les ha ocurrido lo mismo. Pero ignoro si esta metamorfosis es universalizable.

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Se alquila ciudad (solo por Airbnb)

En Asuntos sociales/Economía/España/Pobreza e inmigración por

Hasta antes de que estallara la crisis económica en el año 2008, cuyo principal desencadenante en España fue la burbuja inmobiliaria, persistía la mentalidad de que alquilar era “tirar el dinero”. Tanto es así, que en nuestro país a día de hoy casi ocho de cada diez personas son propietarias de su domicilio habitual, concretamente un 78,8% de los españoles. Esta cifra, por encima de la media de la Unión Europea (70,1%), hace de España un país de propietarios.

De acuerdo con los datos del último Eurostat, junto a nuestro país se encuentran en la cima de la clasificación Rumanía (96,1%), Eslovaquia (90,3%), Lituania (89,9%), Croacia (89,7%) o Hungría (89,1%), países con tasas de población propietaria muy altas, pero que cuentan con una historia, en cuestiones de propiedad, bien diferente a la de España

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Yo sé que estás ahí

En Asuntos sociales por

Estos días en que se habla de películas y galardones, me gustaría recuperar un largometraje dirigido por Icíar Bollaín con varias nominaciones en la pasada edición de los Goya: El olivo (2016). Al margen de la trama o el reflejo de la crisis económica y el espacio rural, lo que más me interesa de esta cinta es una perla que regala la protagonista, Alma, al dirigirse a su abuelo enfermo que ha dejado de hablar, e incluso de comer.

“Yo sé que estás ahí. Yo lo sé”, susurra la joven de 20 años a su yayo, tras acariciarle y besarle la cabeza. Esta frase pasa desapercibida en el guion. Sin embargo, es difícil que se les haya podido deslizar a aquellos que han sentido la certeza que encierra, a esos hijos y nietos que conocen bien el Alzheimer o sus variantes. Sigue leyendo

La libre circulación de políticos

En Mundo por

Todo lector de la Grecia clásica tropieza con la fascinante figura de Alcibíades, un general ateniense que durante la guerra del Peloponeso estuvo al servicio de ambos bandos, es decir, Atenas y Esparta. Posteriormente, ya con demasiados enemigos en tierras helenas, se convirtió en consejero de los persas. Aunque recuperaría su cargo en Atenas, fue obligado nuevamente a marchar; creyó encontrar refugio en Frigia, pero allí la muerte finalmente lo alcanzó.

Hoy, de entre los restos de la Unión Soviética, surge un personaje que emula al estratego ateniense: protagonista de la guerra con Rusia, Mijeíl Saakashvili fue presidente de Georgia dos veces en virtud de haberse opuesto a su mentor, Eduard Shevardnadze. Sigue leyendo

Saint-Exupéry: “El hombre es un nudo de relaciones”

En Antropología filosófica/Literatura/Pensamiento por

Hay autores que han desaparecido a la sombra de una de sus obras; personajes ficticios que se vuelven icónicos, todos los reconocen, pero no muchos han profundizado en la genialidad del autor. Si hablamos de Saint-Exupéry, lo relacionamos en seguida con un pequeño príncipe rubio con el pelo revuelto cuyo corazón anhela encontrarse de nuevo con una delicada y coqueta rosa. Pero El Principito es la obra de madurez de un autor cuyo recorrido existencial queda reflejado progresivamente en sus escritos. Saint-Exupéry ha sido uno de esos genios, adelantados a su época, su mirada atraviesa la epidermis de la realidad en busca del anhelo de sentido que intuye existente pero no ha encontrado.

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Wandervögel: la juventud errante

En Historia por

«La juventud germana está descubriendo la sabiduría de Oriente, atacando al materialismo, alabando la espontaneidad, retornando comunalmente al campo, y vituperando la política […]. He tenido el privilegio de caminar con la juventud de otro mundo […]. Con su espíritu, el antiguo cielo y la vieja tierra —de sospecha y egoísmo y odio— quedarán atrás

De esta forma describía Stanley High el movimiento juvenil surgido en la Alemania Guillermina anterior a la Gran Guerra. En el seno de una sociedad cada vez más industrializada, la necesidad de volver a los orígenes se hizo patente en los espíritus más jóvenes y apasionados.

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La sumisión hedonista

En Asuntos sociales/Pensamiento por
la dolce vita hedonismo

En 1960, Marcello Mastroianni miraba la figura de Anita Ekberg en la fontana de Trevi, acariciando el aire que flotaba ingrávido a su alrededor, intentando no tocarla, pero tratando de capturar su aura, o, mejor dicho, la esencia de la belleza. Todos los espectadores nos volvíamos “escultores” como Mastroianni y queríamos viajar a Italia, a aquella época en la que los coches, la moda, la música… todo era absolutamente embriagador y tan fastuoso como un artilugio inventado por Leonardo Da Vinci.

En esencia se trataba de morbo, de los efluvios dionisiacos, de que la atmósfera hiciera olvidar cierto primitivismo latente. Y, es que, Fellini, era un maestro para incitarnos con lo primitivo enmascarado. Hasta el prostíbulo inhóspito de “Roma” (1972) nos parece sugerente y acogedor. Nos alimenta sensaciones de todo tipo ese idealismo mágico de “Giulietta degli spiriti” (1965) o la nostalgia de “Intervista” (1987). En todas sus películas hay drama, pero no como fundamento. Lo que se respira, en cambio, es alegría inusitada y expresiva por la vida. Desarrollar la expresividad sin merma, caudalosamente desde la cima del estado de ánimo; aunque sea de la manera más grotesca, como en el teatro de “Roma” donde se lanzan gatos al escenario desde platea o como sucede en la coralidad apoteósica de lo absurdo en “Otto e mezzo” (1963). Sigue leyendo

La Pareidolia nacionalista

En Cataluña/España por

La pareidolia consistente en el reconocimiento de patrones significativos como rostros humanos, caras o formas, en estímulos ambiguos y aleatorios como objetos inanimados, siendo una deformación psicológica de la realidad a través de la percepción visual.

Cuando una elite políticosocial se anquilosa en las instituciones que dan forma a una suerte de gobierno, se produce una calcificación de la maquinaria que rige los destinos de una sociedad, pasando de tener unos intereses universales a unos intereses sectarios y excluyentes. Éstos, empiezan sólo a producir en beneficio de una casta apoltronada en un poder que suele desarrollar sus actividades en un oscurantismo favorecedor para una corrupción endémica. Fue Tácito quien dijo que “Cuanto más corrupto es el estado, más leyes necesita”, pero no es tanto el nivel cuantitativo de sus entramado legislativo sino el cualitativo que hace referencia a la calidad de las normas que lo rige. Sigue leyendo

El Instagram de Dorian Gray (II)

En Antropología filosófica/Asuntos sociales por
millenial

Caída y redención del millennial postmoderno (Viene de un artículo anterior)

2.“Vive de máscaras” 

Aquí entra de nuevo nuestro amigo Dorian, que es, por excelencia, el hombre de la apariencia: un atractivo triunfador vitalista, galán y aventurero, árbitro de la elegancia de la sociedad londinense que parece no encontrar otro objetivo a la vida que el de disfrutarla intensamente a cada instante, despreciando toda motivación superior y todo valor y código ético. Pero esa apariencia exterior, en la que vive frenéticamente volcado, oculta un secreto interior, simbolizado en ese cuadro que tiene escondido en el desván. Un retrato que va deteriorándose y encarnando toda la fealdad y degradación que su apariencia no muestra, a medida que abandona a sus amigos, acuchilla fríamente a su mejor amigo y va traicionando a todos sus seres queridos.

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