Revista de actualidad, cultura y pensamiento

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¡Tu comunidad te necesita!

En Cultura política por

Me permitirán que por una vez me refiera en estas páginas a asuntos propios de mi país, cosa que no hacía, creo, desde los lejanos tiempos del Milady’s Boudoir. En realidad se trata de un tema que va más allá de las fronteras, ahora a punto de erigirse de nuevo, de una nación como el Reino Unido, y afecta a todas las sociedades europeas, y también, de manera muy significativa, a la española.

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Fundación de la comunidad: Saint-Exupéry en el exilio

En Antropología filosófica por

Uno de los grandes regalos que he recibido por haberme metido en esta aventura que es Democresía es el haber visto como a su alrededor se ha ido congregando un pequeño corrillo de personas que, bien como lectores, bien como colaboradores, han ido enriqueciéndola y enriqueciéndome con sus aportaciones. En algunos casos, también con su amistad. Cuento esto al hilo de lo que se suponía que debía tratar en este artículo, pero también porque la ocasión de escribirlo es el haber recibido de una de esas personas el libro del que sale buena parte de lo que a continuación les contaré, Carta a un rehén, de Antoine de Sant-Exupéry. Sigue leyendo

Encuentra tu tribu (porque solo crecemos en comunidad)

En Dialogical Creativity por

«Encuentra tu tribu» es un consejo que ha popularizado Ken Robinson en el ámbito educativo (Cf. El Elemento), pero es también un mantra típico para el desarrollo de equipos creativos. Parece un descubrimiento actual, importado del continente africano («Hace falta toda una tribu para educar a un solo niño») y, sin embargo, es una idea clásica en Occidente, sólo eclipsada por el individualismo de los últimos siglos. ¿Por qué necesitamos encontrar nuestra tribu? ¿Para qué la queremos? ¿Es realmente importante para nosotros tener una tribu? Sigue leyendo

Amistades II: la necesidad de construir una comunidad

En El astigmatismo de Chesterton por

De pequeño marzo era un mes malo.

Demasiado frío para correr en el patio, demasiado embarrada la tierra como para llevar el vaquero al suelo y hurgar con un palo en los poros de la roca. Siempre, el joven homo sapiens sapiens, en búsqueda activa de arcilla con la que pringarse las manos.

Las peonzas no rodaban, los gogos se manchaban y arañaban, los tazos se perdían en los charcos y las Magic, los cromos de la Liga y los Pokemon de cartón perdían color y la textura propia de sobre nuevo recién abierto. Obviamente, este problema era cosa ajena a los que tenían el mazo plastificado. Benditas madres. Sigue leyendo

La comunidad ideal

En Dialogical Creativity/Pensamiento por

Sentido de pertenencia, búsqueda de un hogar, encontrar nuestra tribu, poder decir ¡Tú también! y descubrir que así la vida se ensancha. La idea de «comunidad» evoca ese lugar en el que nos nutrimos como personas y en el  que damos también lo mejor de nosotros. En ámbitos filosóficos, empresariales, familiares, políticos y, por supuesto, en el mundo del coaching, se empieza a expresar un anhelo de comunión: debemos recuperar el sentido de comunidad. Ahora bien: quizá no sabemos lo que decimos cuando hablamos de comunidad, puesto que en los últimos siglos Occidente ha puesto el acento en la autonomía del individuo y hemos configurado nuestro mundo como si cada uno se bastara por sí mismo, hasta el punto de considerar la interdependencia como una debilidad.
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En defensa del Parlamentarismo: de los espacios de copertenencia a la representación indirecta

En Cultura política por
Parlamentarismo Cortes de Cádiz Salvador Viniegra

Desde hace algunos años se recurre mucho a la comparación de los acontecimientos de nuestro siglo con los del periodo de Entreguerras del anterior. En términos generales, el populismo de derechas se ha identificado con el fascismo y el de izquierdas con el comunismo, y dentro de nuestras fronteras, se buscan parecidos de políticos conservadores con Franco, se analiza la “podemización” del PSOE a la luz de la “bolchevización” de este partido en los años treinta, o se rastrea la conexión entre Puigdemont y Torra con Macià y Companys. Todo ello en función de la ideología del analista, a veces con acierto y otras con propaganda, y no solamente en la política: gran parte del mundo ha redescubierto la mal llamada “Gripe Española” de 1917 a raíz del Coronavirus, y algunas marcas han resucitado en sus anuncios comerciales el espíritu de los Felices Años Veinte para transmitir optimismo en la venta de sus productos.

Estos análisis son muchas veces derivación del anacronismo, una tentación que siempre acecha al observador del mundo. Pero como escribía Jacques Maritain, “todo error encierra una verdad”. Es decir, todo lo malo o equivocado suele tener un atisbo de bien, indicándonos una tendencia del ser humano que, por la razón que fuere, no se ha desarrollado correctamente. En el caso del pensar anacrónico, nos anuncia que la persona es un animal histórico, y detectarlo a tiempo nos invita a buscar similitudes con el pretérito que hagan de la historia Magistra vitae en lugar de arma política. Con esta intención me gustaría reflexionar sobre un aspecto que me parece de los más característicos de la política actual, y que se presenta al comenzar los años veinte del siglo XXI con unas notas similares –aunque por supuesto, para nada idénticas– a las que eran evidentes en los del XX: la crisis del parlamentarismo. Y lo haré esencialmente de la mano de alguien que lo analizó por aquel entonces, y cuyas reflexiones siempre intento traer a colación por lo perspicaces que fueron: José Ortega y Gasset.

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Ignatius Reilly Jr.: “La guerra cultural se acabará cuando se extingan los progres”

En Asuntos sociales por
carrito perro

Nota del editor: Reaparecen en estas líneas dos viejos conocidos democresianos en un diálogo que acaso nunca haya tenido lugar pero que, por su interés, nos dignamos a reproducir. Se trata de una entrevista que el abominable Gregorio Samsa, responsable de algunas polémicas, como la que encendió al mismísimo Jorge Bustos, mantiene con otro personaje despreciable que figura entre nuestros colaboradores: don Ignatius Reilly Jr. Tras algún tiempo sin dejarse ver por estas páginas, nos afligen con una intervención conjunta que ofrecemos al lector para que haga con ella lo que juzgue conveniente.

***

Ignatius, hace ya algún tiempo abandonaste la primera línea de fuego en esta batalla cultural, y somos muchos los que nos preguntamos: ¿por qué lo dejaste? 

Hice números.

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Los felices: la cita trágica con la realidad de la generación de los 90

En Pensamiento por

Si naciste al final de la década de los ochenta o al comienzo de los noventa, puede que experimentes el colapso de la civilización occidental tal y como la conocemos hoy.

Este es el augurio que hace el catedrático Jesús G. Maestro en algunas de sus exposiciones públicas, como en la serie de vídeos relativos al análisis de la obra hispanoamericana ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez. Esta, también, es la premisa del primer capítulo de la serie Colapso.

Cine y literatura, una vez más, confluyen en un mismo punto: las consecuencias que pagarán “los felices”; los hijos de la abundancia, del milenarismo, la pandemia, la extirpación del hecho religioso y de las dos crisis económicas mundiales cuando el sistema democrático moderno acabe fagotizado por sus propias dinámicas e incercias.

Realidad o idealismo: las dos perspectivas desde las que encarar el presente

A través de la exposición de su pensamiento -marcadamente influenciado por el Materialismo Filosófico de Gustavo Bueno- Maestro no deja lugar a dudas en su interpretación sobre la situación general que está viviendo la generación milénica, también conocida como generación Y, que, literariamente, podría encontrar a su máximo representante en Meme Buendía y que en la realidad está referenciada en cada hogar que albergue a un tipo o tipa -aquí no hay distinción que valga-, que roce o supere por poco la treintena y que haya creído a pies puntillas los mandamientos del régimen democrático actual.

Hablamos de un bloque de gente que biológicamente llega a la edad adulta desvinculada de la cultura del esfuerzo. Adolescentes tardíos, afectivamente reventados, que todavía viven con sus padres. Que no tienen ni pueden acceder a puestos de trabajo acordes a la formación que el propio sistema, a través del clientelismo universitario importado del mundo anglosajón, les ha ofertado. Que están al calor del regüeldo que deja la élite del capitalismo cognitivo –término trabajado por Gregorio Luri-. Que prefieren las gratificaciones del mundo virtual que citarse con su realidad. Que diluyen su verdadero proyecto vital en excusas que intensifican su cobardía ante los hechos. Individuos, en definitiva, atiborrados de los estímulos y falsas profecías repetidas a bombo y platillo por vende humos “estartaperos” y sopla gaitas “de influencia efímera”, que sobreviven en su día a día a base de cafés descafeinados con leche desnatada en cuyas tazas serigrafiadas se pueden encontrar frases del tipo: “¡Ánimo! Tú puedes con todo. Que nadie se entrometa en tu búsqueda de la felicidad”.

Cuando en un Estado se alcanza el pico máximo de idiotización al que hemos llegado; donde hay que desilusionar a una masa de gente que cree que del cielo lo que cae es plástico blanco y no nieve; donde las instituciones boicotean diariamente y con impunidad manifiesta su propia credibilidad mediante la dialéctica de las siglas políticas, televisivas, culturales y genitales; donde la opinión pública se alimenta en el supermercado de las ocurrencias que son los nuevos tugurios digitales, donde se expresan en pobrísimo español “pensamientos” peregrinos sobre la comunidad, la amistad, el sexo, el amor, la vida, las drogas, el trabajo, el fútbol o la educación; y donde se dispensa en las farmacias Lexatin y Seroxat con vivo entusiasmo en plena simbiosis con el sistema sanitario; es en este estado general de las cosas cuando podemos decir, con la realidad de nuestro lado, que nos vamos al carajo.

Este es el perfil de persona y panorama general que quedará para enfrentar el día de mañana. Para estos sujetos se preparan las distopías culturales que arrasan en la nueva mutación online de las fórmulas televisivas de toda la vida. Este es el ocio que se consume hoy y se ensalza como obras elementales para entender el momento que nos está tocando vivir. Zombies que asolan a las comunidades organizadas, perros robots que persiguen a las personas hasta aniquilarlas o el circo tiránico de turno que se acerca a los gulags desideologizados para escoger al azar a los héroes de los juegos del hambre. “Granizo y fuego mezclados con sangre” en papel y en formato audiovisual.

Colapso en directo

No es baladí, por tanto, los esfuerzos de algunos creadores a la hora de recordar, mediante la aplicación narrativa, las consecuencias trágicas que devienen del triunfo del idealismo en la organización política y cultural. Por eso se siguen produciendo a granel historias del salvajismo colonial de los hijos de la Reforma o de la exploración de los límites de la crueldad humana por parte de aquellos que tecnificaron la muerte en los campos de exterminio alemanes. El objetivo es claro: recordarnos a dónde nos llevan los ejercicios de ilusionismo cuando se escapan del contexto artístico y se busca aplicación en la realidad. Recordando a Jesús G. Maestro, hablamos, en definitiva, de una comunidad de psicópatas, muchas de las veces altamente cualificados por vía académica, “que buscan las pisadas de don Quijote por los caminos de La Mancha”.

Reseñable en este propósito de desmitificar a todos los hijos del idealismo es el primer capítulo de la serie francesa Colapso, en cuya presentación, los personajes comprendidos en el rango de edad presentado con anterioridad, se enfrentan absolutamente desprovistos de herramientas al final del sistema democrático en el que se amparaban.

Realizada por el colectivo Les Parasites, esta serie ha cosechado un éxito rotundo en tiempos de pandemia recogiendo con menos artificio y más sutileza la experiencia de otros productos como The Walking Dead, Black Mirror o The Handmaid´s Tale.

La serie, narrada en pequeños capítulos, viene a explicar qué ocurriría si las democracias modernas -y por ende todos sus sucedáneos- terminaran por derrumbarse en lo que los ingenuos denominarían “de la noche a la mañana”. A diferencia de otros artefactos distópicos, la presentación de dicho colapso no se da con tintes orwellianos en tiempos más o menos lejanos, al más puro estilo de Bradbury, Cuarón o Huxley, sino que tienen pie y medio apoyados en un presente narrativo con demasiados paralelismos con la realidad. No es de extrañar, por tanto, que al ver la serie nos sintamos, de alguna manera, como los romanos que asistieron a la destrucción de su propia civilización, con las hordas de bárbaros arramplando por el Foro, tal y como en las primeras páginas de su libro “La opción benedictina”, nos recuerda Rod Dreher.

La mirada crítica ante el mundo que nos espera

Los católicos que critican esta obra, publicada por Ediciones Encuentro en 2018, se han quedado con la visión ofuscada que el libro plantea hacia el final del mismo, que no es sino una pulsión de naturaleza religiosa que encuentra su sublimación en pequeñas comunidades que incurren en el feudalismo endogámico. En cualquier caso, aquellos que han “ridiculizado” la obra hacia el final de sus páginas, parecen haber obviado de sus análisis la densidad que proporciona Dreher a la hora de narrar la historia de aquellos que asistieron al final de su modo de vida y que lejos de sucumbir a la barbarie, decidieron alejarse a las montañas a fundar monasterios donde salvaguardarse y esperar, si es que así debía de ser, el apocalipsis. Una nueva forma de vida ante el colapso de otra.

Y lo que sobrevino no fue el fin del mundo, sino el comienzo de una nueva era.

El fin de la democracia posmoderna no significará el fin del Estado ni del comercio pero sí supondrá de una exigencia descomunal para quienes heredarán el mañana y tendrán que definir nuestro papel en el tapete de la nueva guerra cultural, que tendrá a la República Popular China y sus aliados como agentes decisivos a la hora de marcar el nuevo orden mundial. A esta cita con la historia podemos llegar fortalecidos o desinflados. Podemos llegar haciendo halago de nuestra memoria, defendida a fuego y sangre, o dejarnos sabotear por las actuales clases dirigentes, fascinadas por la ilusión de reinventar al hombre -empeñadas en la inclusión de los nacionalismos desvertebradores- sin atender a las amenazas reales que asolaran nuestras fronteras en las próximas décadas. El perpetuo duelo a garrotazos con el prójimo sin atender a lo que hay al otro lado de la estepa.

Sea como sea, a la hispanidad se nos exigirá afrontar con valentía los envites que puedan venir por parte de sus enemigos. Pero para ello es esencial, por un lado, la identificación de los mismos y, por otro lado, la aniquilación de la leyenda negra que nos tilda históricamente, como a ingleses o franceses, de ser un “imperio depredador”. España y sus provincias de ultramar -hasta la llegada de los borbones afrancesados- fue un imperio generador de cultura, de ciencia y de mestizaje, no excluido de episodios más o menos avergonzantes, pero que, haciendo balance, es indiscutible el valor que lega en sus casi tres siglos de dominio continental dejando para la posterioridad las más altas cotas de excelencia artística.

Es por ello que resulta absolutamente necesario que la generación de los 90, “los felices”, afilen y preparen una mirada crítica, desprovista de espejismos y fanatismos, capaz de mirar con arrojo y valentía a la realidad tal y como es: cruda y feroz cuando se despliega a través de la naturaleza pero absolutamente sobrecogedora y de una belleza palpable en la cotidianeidad de sus días.

¿Dónde están los cristianos? Estar en el mundo sin ser del mundo

En Asuntos sociales/Religión por

Durante los últimos meses se ha iniciado un interesante diálogo en medios de comunicación acerca de la presencia cristiana en la sociedad. ¿Dónde están los cristianos?, se preguntaba Diego S. Garrocho en el diario El Mundo. El artículo recibió numerosas réplicas, entre ellas las del filósofo Miguel Ángel Quintana en El Subjetivo, José María Torralba en El Español, Miguel Brugarolas en El Independiente y otras muchas publicaciones. La llamada de atención de Garrocho ponía de relieve la aparente incomparecencia de actores específicamente cristianos en la llamada «batalla cultural». Aquellos que, se supone, representan la fe sobre la que se construyeron Europa y la civilización occidental, ¿qué tienen que decir hoy? ¿Dónde están escondidos? Es más: ¿por qué están escondidos?

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Habitar la propia vida: el espacio, las personas, el presente

En Antropología filosófica/Pensamiento por
habitar la propia vida

El ser humano es por naturaleza un ser que habita, un ser que transforma la realidad no solo con el fin de obtener cosas útiles, sino con el afán de dejar su huella en el mundo, de dejar algo de sí mismo en la realidad. Vosotros mismos cuando habéis llegado a vuestro cuarto, aquí en el Colegio Mayor lo habéis habitado, lo habéis llenado de fotos de vuestros seres queridos y de objetos que siendo poco útiles os son muy preciados pues forman parte de vosotros, dicen algo de vosotros, de quiénes sois y de qué es lo que os importa en este mundo; desde la bufanda del Real Madrid que cuelga del corcho de la pared, hasta la claqueta que adorna el escritorio recordando las noches de Butaca C. Allá donde moramos dejamos huella, imprimimos algo de quiénes somos en la realidad, la hacemos nuestra, nos pertenece a la par que le pertenecemos a ella.

[Este texto procede de la lectio inaugural del curso 2020-2021 del Colegio Mayor UFV, que ha sido editada para su publicación aquí]

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Resistir la civilización

En Asuntos sociales/Religión por
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Los hombres no tan valiosos habrán experimentado alguna vez este estrangulamiento mío, este estrechamiento íntimo, tan distinto al de quien apenas ha olido aún las delicias de la perfección humana, pero sí se ha convencido de la podredumbre que lo rodea.

Somos unos románticos, enajenados en visiones futuribles de una comunidad dichosa, caminante hacia la belleza que puede salvarla, e integradora en su seno maternal de los débiles y los fuertes.

Somos unos idealistas que esperamos lo que creemos que no ha de llegar, y ese deseo de álgidas bondades es el que nos constriñe una y otra vez a la umbría realidad, cuando nos enfrentamos contra el imponente Saturno que nos resiste, para después, vencidos en la noche de la ciudad posmoderna, devorar nuestra entraña.

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La perspectiva religiosa frente a la perspectiva ideológica: una reflexión en torno a Fratelli tutti.

En Pensamiento/Religión por

La última encíclica del papa Francisco, Fratelli tutti, ha generado reacciones de todo tipo. En la línea de lo que viene siendo habitual en el mundo político desde los inicios de su pontificado, entre posiciones de izquierdas se le ha dado la bienvenida, mientras que el liberalismo de derechas –no así el conservadurismo u otras tendencias de esta familia– se ha apresurado a condenarla. Tanto unos como otros han puesto el centro de atención en la crítica que el Sumo Pontífice ha vertido sobre el llamado “neoliberalismo” y la globalización económica, coincidiendo en la afirmación de que Francisco es un papa alineado con el populismo o, al menos, el socialismo. Pero una lectura detallada de la Encíclica indica que esta interpretación es equivocada. En este artículo no ofreceré ningún análisis de la misma, porque considero que siempre que deseamos saciarnos de conocimiento lo mejor es acudir a las fuentes, y el Papa expresa mucho mejor que yo lo que quiere decirnos. Solamente reflexionaré sobre una cuestión que explica los equívocos que ha generado: la perspectiva desde la que debe ser analizada, que es religiosa y no ideológica.

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La reforma educativa en España ante la cara oculta del poder

En Asuntos sociales/Cuarentena/Educación por
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¿Habéis oído hablar de la cara oculta del poder? El profesor de Stanford, Terry Moe, explica que el poder puede ser explícito mediante leyes y decisiones emanadas de los órganos a los que el sistema esa facultad. No obstante, también hay una segunda cara oculta, no necesariamente presente en las instituciones formales, pero con una fuerza en el ecosistema político que es capaz de bloquear decisiones formales.

El autor ejemplifica esta cara oculta en las prácticas racistas y la segregación racial en grandes partes del sur de Estados Unidos. Me explico. En estos estados, a pesar de unas leyes que aseguraban la igualdad, y a pesar de la famosa sentencia de la Corte Suprema Brown vs. Board of Education U.S. 483 (1954) que prohibía la segregación en las escuelas, el racismo fáctico fue parte del espacio público durante años. Terry Moe señala que la privación del derecho a voto de gran parte de la población negra y el segregacionismo en las escuelas continuó debido a la pervivencia de un statu quo racista que se expresaba mediante la ocupación de poderes intermedios por parte de personas con una cultura racista y perteneciente, en muchos casos, a entidades racistas. Estos frenos a cambios institucionalizados es lo que el autor llamaría la cara oculta del poder.

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La filosofía de Byung-Chul Han, una aproximación

En Antropología filosófica/Pensamiento por
filosofía de byung-chul han

La filosofía quizá no está de moda, pero el filósofo surcoreano Byung-Chul Han sí. Y es que existen pocos pensadores vivos tan mediáticos, como este coreano educado y afincado en Alemania. Su éxito radica en que ha sido capaz de explicar, con una claridad que se agradece, la situación existencial del hombre del siglo XXI. Byung-Chul Han es ante todo un radiólogo de las sociedades occidentales, un pensador atípico, un romántico con alma oriental. Sus ensayos breves, con un tono divulgativo que huye del academicismo, así como su lenguaje claro y repetitivo, le convierten en un autor accesible y popular. 

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Ciencia, política y política pública en tiempos de pandemia

En Ciencia y tecnología/Cuarentena/Cultura política por

La ciencia está adquiriendo un papel cada vez más central en la gestión de crisis como la sanitaria que estamos viviendo, pero también en las que están llamando a la puerta, como la climática, entre otras. Este hecho tiene un efecto ideológico colateral; se tienda a pensar que a una mayor involucración de la ciencia en la gestión de la crisis existen mayores posibilidades de que ésta sea exitosa, al punto que no pocos piensan que, si en su gestión la opinión científica desplazara a la política, probablemente todo sería mejor. No obstante, el resultado que se obtiene de mirar este hecho con más detención es el inverso del supuesto; es el de la politización de la ciencia.

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Algunas pinceladas sobre Carl Schmitt y El concepto de lo político

En Cultura política/Pensamiento por

Carl Schmitt (Plettenberg, Alemania, 1888-1985) es conocido fundamentalmente por dos rasgos que contribuyen a agigantar su caricatura: primero, el hecho de que su obra principal (El concepto de lo político, 1927) propusiera que no había nada más político que distinguir a los hombres entre amigos y enemigos; segundo, la circunstancia de que fue uno de los grandes apoyos intelectuales del Tercer Reich (por lo menos en un inicio). Juntos, estos dos datos parecen proyectar la silueta de un pensador sanguinario, capaz de colaborar sin despeinarse con crímenes tan grandes como las que se cometieron en la Alemania de los años 30 y 40.

No obstante, para cualquiera que conozca algo acerca de él más allá de estas dos sentencias, Carl Schmitt es uno de los filósofos políticos más originales y audaces de los últimos siglos. Para discutir con él no basta con una reductio ad hitlerum que, aunque pudiera resultar sencilla, dejaría intactos buena parte de sus argumentos que siguen vivos en nuestra reflexión política. Por eso, sin intención de justificar los rasgos de su biografía que resulten injustificables, lo traemos aquí como una figura tremendamente influyente en el pensamiento político contemporáneo: así lo reconocieron desde Walter Benjamin o Laclau, muy populares en la izquierda marxista, hasta Leo Strauss, a quien los exaltados acusan de ser el padre del neoconservadurismo. A partir de Schmitt, casi todos los grandes pensadores políticos han tenido que contar con él, bien sea como interlocutor a batir o como cooperador necesario.

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La caída de Skywalker: errores y aciertos de una franquicia cinematográfica

En Cine por

Hace medio año se estrenó El Ascenso de Skywalker, la última entrega de la saga de La Guerra de las Galaxias, una serie de películas tan popular que no es necesario presentarla. Con ella son ya nueve las cintas que integran la colección, amén de numerosas series, novelas y videojuegos que expanden su universo. Sin embargo, lo más interesante de esta última película no ha sido el cúlmen de una historia que se ha alargado por décadas, sino el haber constatado la desafección que gran parte de la comunidad de fans siente hacia lo que una vez fue el objeto de su admiración. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

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¿Qué está pasando en EE.UU?

En Mundo por

Desde hace dos semanas, Estados Unidos está viviendo las mayores movilizaciones contra el racismo que han existido en las últimas décadas. No únicamente entre la población afroamericana, sino también entre los blancos, y más allá de las fronteras norteamericanas, incluso en otros países se han escuchado ecos del grito contra la injusticia. Pero al mismo tiempo, una gran oleada de violencia ha recorrido el país, sumergiendo en las llamas a las ciudades más importantes de la nación. Aunque por suerte esta faceta es hoy más débil de lo que parecía al principio, sigue estando presente. Por eso conviene reconocer que, si la muerte de George Floyd a manos de un policía ha hecho prender el enfado en muchos norteamericanos, también ha motivado la explosión del odio en una gran cantidad de ellos.

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Catalanicidad fecundante

En España por

Una de las peores cosas de esta década de procés es cómo ha contaminado la ética y la estética de la protesta política. Hagan la prueba de sustituir mentalmente por esteladas las banderas españolas de las manifestaciones de algunos barrios madrileños. El paralelismo viene de lejos. (O de todo lo lejos que cabe en este paréntesis que ha detenido el tiempo).

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En el arca del General Hospital de Southampton

En Diario compartido por

Cuando entré en el General Hospital de Southampton, lo primero que hice fue perderme. Llegaba desde una ciudad de provincias española, con varios títulos universitarios de dudosa utilidad y un inglés de jelou y jau arr you. Desde entonces han pasado más de cuatro años, cuando todavía se decía: «¡Salid, formaos mientras dure la crisis y volved con experiencia!» Confiando en aquella promesa  tan difusa, y dispuesto a trabajar en lo que fuera, comencé limpiando los suelos y recogiendo las basuras de este hospital. Así, cada día en una planta distinta, no tuve más remedio que  aprenderme cada rincón de esta mole como la palma de mi mano. Tanto, que cuando me convertí en auxiliar de enfermería -aquí no se requiere ninguna formación específica- pude recitar de memoria cada una de sus unidades. Aunque, por muy grande que sea, lo que más impresionaba era su ritmo, como una ciudad dentro de la propia ciudad. Ahora, desde que ha estallado la crisis del Coronavirus, todo es muy distinto.

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